el respeto a la autoridad se evaporó en horas

Violencia, escupitajos y lágrimas: la Guardia Civil exhibe el desprecio vivido el 1-O

Tres testigos transmiten su perplejidad por el absoluto desprecio que experimentaron. No por la acción, por el uniforme. El odio por ser guardias civiles

Foto: La fiscal Consuelo Madrigal (i) y el fiscal Javier Moreno (d), durante la vigésima jornada del juicio del 'procés'. (EFE)
La fiscal Consuelo Madrigal (i) y el fiscal Javier Moreno (d), durante la vigésima jornada del juicio del 'procés'. (EFE)

Desconcierto, desprecio, odio, lágrimas. Un total de 24 guardias civiles han pasado durante tres jornadas ante el tribunal del 'procés'. Los 24 eligieron distintas formas de revivir lo sucedido durante el 1 de octubre de 2017. Pero en la tercera jornada, cuando ya parecía que no podía pasar nada nuevo después de 21 testimonios, pasó. Tres de los agentes llamados a testificar rompieron las previsiones. El segundo de la tarde logró que se hiciera el silencio absoluto en la sala. Se le quebró la voz cuando recordaba lo que había vivido en uno de los centros de votación. La agente que le siguió resumió ese sentimiento común en una frase: "Fue como si se hubiera perdido la vergüenza... El respeto a la autoridad se había evaporado en horas".

Uno tras otro, los tres fueron mostrando las aristas del poliedro que es el 'procés', lleno de facetas. La cara que hemos visto en esta sexta semana traía la etiqueta de la violencia. Los tres guardias no solo hablaron de la oposición de la masa que se encontraron en los colegios, también lograron comunicar la perplejidad que les produjo el absoluto desprecio hacia la Guardia Civil que experimentaron en sus personas. No por su intervención, por su uniforme. El odio por ser guardias civiles.

Distintas unidades y distintas localidades, pero un sentir unitario. Para entender con claridad lo que trataban de transmitir, es fundamental escuchar la declaración que se adjunta en esta crónica. El clima en la sala cambió. El sargento primero comenzó diciendo que tenían un cometido en aquella jornada. Solo estaba allí para hacer cumplir una orden judicial. A las 11 de la mañana le mandaron a un punto caliente, un ambulatorio habilitado como centro de votación en San Andrés de la Barca.

Su tono, sus silencios, su voz rota. Todo contribuyó. "Nos empezaron a insultar, como que éramos asesinos, hijos de puta, 'fora forzas de ocupació', entre otros insultos, a mí lo que más me dolió es que las miradas... Además, me escupieron varias veces". Silencio. "Al salir, volvieron a insultarnos, todo tipo de insultos, nos amenazaron, nos llamaron asesinos y nos volvieron a escupir". Silencio. "Sufrimos todo tipo de agresiones, agresiones verbales, amenazas, intentos de agredirnos... A mí, personalmente, no me agredieron".

"Yo lo único que sufrí es un daño moral, yo no sé si me insultaron porque yo fui a cumplir una orden judicial, yo no lo sé, o es porque era guardia civil. A mí lo que sí me ha quedado es cómo me miraban, yo no sé si era por desprecio o por odio, yo no sé si...". El sargento tiene que parar. Carraspea. Continúa: "... por mi condición de guardia civil, pero a mí nunca, por hacer mi trabajo, me habían escupido". Le tiembla la voz. "Hasta el día de hoy, no entiendo por qué aquellas personas que eran personas del pueblo se habían comportado, por decir una palabra que a lo mejor no es la adecuada, como delincuentes".

El silencio ya estaba instalado. Vino a romperlo unos minutos más tarde el siguiente testigo, un teniente. La palabra 'odio' también se usó en su declaración pero, en esta ocasión, la faceta de ese poliedro común se acercó como si se hubiera empleado un 'zoom' para que la sala viera la repercusión en otros que no llevaban defensas, cascos ni escudos y no cargaron en ningún colegio. Las familias.

"Metafóricamente, puedo decir que se masticaba el odio, no sé cómo habían contenido ese odio tanto tiempo", dijo. "Allí no había pacifismo por ningún lado" y eso "te afecta, afecta a tu familia". Indicó que en el instituto de su hijo, "organizaron en el patio una protesta por la violencia policial el 1-O". Trató de expresar su, otra vez, desconcierto. "El colegio está para estudiar". Y remató. "Mi hijo está orgulloso de la profesión de su padre, quiere seguir el mismo camino, no puedo consentir que le hagan salir a protestar por lo que hizo su padre el 1-O".

Intentos de rebajar de las defensas

Las defensas aguantaron el chorreo y fueron afilando su estrategia que, en el fondo, es la misma que han empleado casi desde el inicio. Ante los testimonios, tomaron dos vías que se pueden bautizar como el 'es falso, que se enseñen los vídeos' y el 'la Guardia Civil y la Policía eran los malos'. Son dos caminos, pero ambos llevan al mismo sitio, el intento de sentar en el banquillo al Estado y levantar a los que se enfrentan a la acusación de rebelión.

Jordi Pina dramatizó en la repregunta tanto, tanto, tanto que acabó riéndose de sí mismo. "¿Cuantas agresiones recibió? ¿Los ciudadanos intentaron asirle y arrebatarle las papeletas? ¿Alguno de ellos estaba provisto de armas de fuego, armas blancas, palos, cascos, pasamontañas, que se hicieran barricadas previas, que se incendiaran contenedores...?". "Muy rico y muy descriptivo...", le señaló Manuel Marchena.

Lo cierto es que la tarde lo fue. Fue muy descriptiva. Trajo la violencia al juicio. El miedo y la furia. "Agentes veteranos me han dicho que el conflicto vasco se parecía mucho a esto por el odio de la gente". Silencio.

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