juicio del 'procés'

Twitter ya estuvo allí: de las lagunas en los interrogatorios a arma contra Marchena

La red social se ha convertido en un apoyo para la estrategia de las defensas y las acusaciones, pero también en una forma de contrarrestar las lagunas que dejan algunos testigos

Foto: El magistrado Manuel Marchena, a su llegada al Tribunal Supremo. (EFE)
El magistrado Manuel Marchena, a su llegada al Tribunal Supremo. (EFE)

Si Marchena no deja poner un vídeo en el juicio, ahí está Twitter para compartirlo. Esa es la conclusión a la que han llegado organizaciones como Òmnium Cultural después de que el presidente del tribunal haya anunciado (varias veces) que las grabaciones del 1-O no se mostrarán hasta que finalicen las testificales. Esta red social y WhatsApp se han convertido en la herramienta perfecta para sortear la medida, consiguiendo así que las imágenes se hagan un hueco en los periódicos. Da igual que el magistrado impida proyectar el vídeo en la sala. Minutos después, se publica en redes y se envía a los periodistas, una estrategia que da lugar a sugerentes titulares: 'El vídeo que Marchena se ha negado a mostrar y que contradice al guardia civil', 'El vídeo de cargas del 1-O que Marchena ha prohibido visionar'...

El presidente del tribunal lo dejó claro el pasado 7 de marzo ante las protestas de Jordi Pina: "Todos los vídeos que reflejan los incidentes que allí sucedieron van a ser vistos. Todos, absolutamente todos". El magistrado explicó que las grabaciones se reproducirán una vez finalicen las comparecencias de los testigos, lanzando además una frase que ha repetido en varias ocasiones ante las quejas de las defensas: "Esfuércese en el esclarecimiento de los hechos, pero para que la sala los conozca, no para convencer al testigo de si está equivocado o no. Quiero que quede bien claro". La advertencia, sin embargo, cayó en saco roto.

Los abogados de los acusados han seguido solicitando la proyección de vídeos, sobre todo ante declaraciones de guardias civiles que describen episodios violentos, tratando de desmontar sus testificales mostrando grabaciones de esas jornadas que ni siquiera corresponden a la escena descrita. Ante la negativa del tribunal, la queja se ha reflejado también en escritos presentados por las defensas ante el Tribunal Supremo, como el que firma el abogado de Junqueras y Romeva: "Se advierte un criterio divergente en lo relativo a la exhibición de documental videográfica, sin que el distinto tratamiento de la prueba tenga encaje en precepto legal alguno ni relación con normas de ordenación del debate que las defensas puedan asumir". Aunque todo apunta a que Marchena no va a cambiar de criterio, esto no impide ganar la batalla en los medios.

Pero Twitter va más allá de ser una herramienta útil para las defensas. Las acusaciones también han recurrido a esta red social en las 20 sesiones de juicio celebradas, sobre todo en los interrogatorios a los acusados. Los políticos que se sientan ahora en el banquillo no dudaron en movilizar a sus seguidores a través de sus cuentas, tuits que ahora se reproducen en el Tribunal Supremo. El fiscal Moreno, por ejemplo, puso sobre la mesa varios mensajes que el líder de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart, publicó en esta red social en los días previos al referéndum y durante el propio día de votación. En la misma línea, la fiscal Consuelo Madrigal recurrió también a la misma fórmula para preguntar a la presidenta del Parlament, Carme Foscadell, sobre su presencia en la concentración frente a la Conselleria de Economía el 20-S. Se hable de lo que se hable, Twitter ya estuvo allí.

Twitter se ha convertido además en una forma de contrarrestar las lagunas de los testigos. En la sesión de este martes, uno de los aspectos más discutidos fue la declaración de un guardia civil que participó en el registro del Departamento de Asuntos Exteriores el 20 de septiembre de 2017: mientras la tensión aumentaba entre los manifestantes, el agente aseguró que pudo ver cómo Forcadell "sacaba la mano para agitar a la masa desde el coche oficial". Su abogada, Olga Arderiu, insinuó entonces que el testigo había incurrido en falso testimonio, alegando entre otros aspectos que Forcadell no pasó por Exteriores ese día. Pero Twitter sí que estuvo allí, y así se refleja en un mensaje publicado a las 11 de la mañana del 20 de septiembre desde la cuenta de un periodista: "La presidenta del Parlament, Carme Forcadell, pasa por delante de la sede d'Exteriors en su coche oficial y saluda a los manifestantes". Más de un año después de su publicación, el mensaje comenzó a replicarse una y otra vez en cuestión de minutos.

Una situación similar se vivió a comienzos de marzo, cuando se habló de la concrentración frente a la Conselleria de Economía del 20-S, discusión recurrente en el juicio del 'procés'. Las defensas sostienen el carácter pacífico y folclórico de la misma, pero la Fiscalía subraya cómo la situación llegó a tal punto que la secretaria judicial tuvo que salir por una azotea para evitar a los manifestantes. En medio de la polémica, un tuit de TV3 publicado a la una de la madrugada se volvió viral: "La Guardia Civil continúa en el Departamento de Economía y los concentrados bloquean la salida".

Twitter ha aflorado en el juicio del 'procés' gracias al caldo de cultivo perfecto: unos investigados que son activos en redes, unas acusaciones que ponen el foco en las protestas y unos testigos que dejan lagunas en sus declaraciones. La validez jurídica de estos mensajes resulta cuestionable, pero la batalla entre ambas partes va más allá del Supremo. A la hora de apuntalar los relatos, recurrir a aquello que uno u otro publicó hace más de un año se convierte en un argumento de peso. Y más cuando se puede vender como 'El vídeo que Marchena se ha negado a mostrar'.

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