en el palau de la generalitat

El último desafío de Torra: cambia el lazo amarillo por uno blanco con una franja roja

Torra ha aplicado de esta manera la resolución de la Junta Electoral Central después de que el Síndic de Greuges le recomendara cumplir con la orden de ese organismo de retirar el lazo amarillo

Foto: Cambio de pancarta en el Palau. (EFE)
Cambio de pancarta en el Palau. (EFE)

"Ceci n'est pas une pipe", dijo en su día René Magritte como título para ilustrar el dibujo, precisamente, de una pipa. Del mismo modo, Quim Torra ha desafiado a la Junta Electoral Central y ha colgado otro lazo para hacer ver que cumple con el mandato de la Junta. Pero solo cambia el color. Antes había la pancarta con un lazo y ahora hay una pancarta con un lazo. Antes el lazo era amarillo y ahora es de color blanco y lo atraviesa una franja roja. Según la Generalitat, este lazo blanco es “un símbolo de democracia y libertad”. Pero la grafía es igual que en las pancartas de Òmnium Cultural a favor de los presos y la frase que acompaña al lazo reza, inequívoca: “Libertad presos políticos y exiliados”, en catalán y más pequeño en inglés. Pero “Ceci n'est pas une pipe”.

[Galería: así ha tapado Torra el lazo amarillo, paso a paso]

Torra dice que sigue el mandato del Síndic de Greuges, pero no lo parece. No lo parece para nada. De hecho, no está acatando nada. El simbolismo político sigue siendo claro.

El último desafío de Torra: cambia el lazo amarillo por uno blanco con una franja roja

Ahora la pelota se encuentra en manos de la Junta Electoral Central, un órgano administrativo que en realidad solo puede instar al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña para que retire los lazos. Si al final se actúa, serían los Mossos d’Esquadra los encargados de retirar las pancartas del desafío.

Quim Torra sigue alineando el Palau de la Generalitat solo con la mitad de los catalanes que vota independentista. Dicen que cambian, pero no ha cambiado nada.

El presidente de la Generalitat se arriesga a una inhabilitación por desobediencia, igual que le pasó a la alcaldesa de Berga, Montse Venturós, por hechos parecidos. Solo que Venturós es de la CUP y Torra es el 'president' de Cataluña y, aunque no le guste, un autoridad del Estado español en la comunidad.

Todo esto ocurre en Barcelona mientras en Madrid el Tribunal Supremo juzga, entre otros delitos, por desobediencia a los líderes del independentismo.

El desgaste institucional de la Generalitat será tremendo. El 'conseller' de Políticas Digitales y Administración Pública, Jordi Puigneró, evita hacer ninguna recomendación a los funcionarios sobre qué hacer con los lazos amarillos en los edificios públicos. Como todo el mundo, como Torra, pelotas fuera y rehuir las responsabilidades.

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