En 2018 se batió un récord

El regalo de Mohamed VI a Felipe VI: cae en picado la inmigración irregular a España

La brusca disminución de la emigración tras la visita real a Rabat demuestra que Marruecos puede, cuando quiere, controlar eficazmente sus costas

Foto: Felipe VI conversa con Mohamed VI en Marruecos. (EP)
Felipe VI conversa con Mohamed VI en Marruecos. (EP)

En 2018 se batió un récord. Por mar y por tierra llegaron a España 64.298 inmigrantes irregulares, un 131% más que en 2017 que ya era el peor año de la década. 2019 arrancó con cifras aún más inquietantes. Pese a ser invierno, nada menos que 5.615 "sin papeles" pusieron pie en España en los primeros 45 días del año, un aumento del 100% con relación al mismo periodo de 2018. Frontex, la agencia europea encargada del control de fronteras, hacía vaticinios pesimistas para España en 2019.

A mediados de febrero se produjo, sin embargo, un milagro inesperado. La inmigración cayó bruscamente en picado, según los balances que publica el Ministerio del Interior dos veces al mes. En la segunda quincena de febrero solo llegaron 151 inmigrantes por mar y 212 por tierra, la cuarta parte de los que lo hicieron en la primera mitad del mes. En los diez primeros días de marzo fueron en total 392 los que lograron entrar. A este paso el mes cerrará con un balance de mil sin papeles, menos de los que rescataba Salvamento Marítimo en los días más ajetreados de julio u octubre de 2018.

¿A qué se debe el bajón? En el Gobierno de España solo encuentran una explicación. El 13 y 14 de febrero los Reyes de España efectuaron a Marruecos, tras múltiples aplazamientos, la que ha sido la más corta visita de Estado (27 horas de duración). Aun así surtió efecto porque el rey Mohamed VI fue sensible a la petición de Felipe VI, expresada en términos exquisitos, de que Rabat colaborara más en la lucha contra la emigración irregular hacia España. En vísperas de la visita real la inmigración ya se redujo, pero cuando concluyó se desmoronó. Si Rabat abortaba en el verano de 2018 aproximadamente el 40% de las salidas por mar a España, según estimaciones de las fuerzas de seguridad españolas, ahora ese porcentaje rebasa el 90%.

Con anterioridad, otros españoles habían formulado al soberano alauí la misma solicitud, pero no se mostró tan receptivo. Lo hicieron, el 30 de julio, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y el exministro Miguel Ángel Moratinos, "dos grandes amigos de Marruecos", según les describe la prensa marroquí, que fueron recibidos en Tánger en el marco de las celebraciones de la Fiesta del Trono. La reiteró también el presidente Pedro Sánchez cuando el 19 de noviembre Mohamed VI le concedió audiencia casi cinco meses después de ser investido.

La drástica disminución del flujo migratorio confirma, a ojos de las autoridades españolas, que Marruecos puede, cuando se empeña en ello, controlar sus costas. Y eso que apenas le ha llegado aún esa ayuda de la Unión Europea, evaluada en unos 140 millones de euros, cuya aprobación anunció el propio Pedro Sánchez a finales de octubre desde la tribuna del Congreso de los Diputados.

En Ministerio del Interior español sabe desde hace años de la capacidad de Rabat para abrir y cerrar el "grifo" de la emigración, aunque ninguno de sus altos cargos osa hablar de ella en público. Esa aptitud marroquí quedó especialmente puesta de manifiesto el 12 de agosto de 2014 cuando cerca de 1.200 subsaharianos llegaron de sopetón a las costas de Andalucía. Algunos contaban al poner pie en tierra que sabían que en Marruecos se les había abierto una ventana de oportunidad aunque desconocían el motivo. Se trató, en realidad, de unas represalias marroquíes porque cinco días antes la Guardia Civil dio el alto en aguas de Ceuta, por error, a la lancha de recreo en la que viajaba Mohamed VI. El titular de Interior, Jorge Fernández Díaz, se disculpó entonces profusamente, pero no bastó con eso.

Antes que reforzar el control de sus costas, Rabat ya inició los trabajos para que el recorrido hacia las vallas que rodean Ceuta y Melilla resulte aún más arduo para los subsaharianos que trataran de saltarlas. "Su objetivo es seguir avanzando en la fortaleza de su terreno", escribía hace una semana Carmen Echarri, directora del diario 'El Faro de Ceuta'. "Empezó en Berrocal, levantando un campamento similar al de Benzú", añade. "Continuó colocando más concertinas y sigue convirtiendo en un búnker su asentamiento de Beliones (…)".

En el Gobierno se preguntan cuánto durará esa buena disposición de Mohamed VI hacia su vecino español. Confían en que, como mínimo, se prolongue hasta después de las dos convocatorias electorales de esta primavera para que los adversarios del PSOE no puedan sacar provecho en campaña de un repunte de la inmigración procedente de Marruecos. Saben, eso sí, que el paréntesis migratorio no es eterno.

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