el mayor ataca y se defiende durante cuatro horas de interrogatorio

Trapero remata al Govern: avisó de la violencia y contra la deriva independentista

Asegura que su cuerpo nunca traicionó la ley y carga en los hombros del Govern la decisión de activar la calle para proteger las urnas

Foto: La declaración de Josep Lluís Trapero, jefe de los Mossos d'Esquadra durante el 1-O. (EFE)
La declaración de Josep Lluís Trapero, jefe de los Mossos d'Esquadra durante el 1-O. (EFE)

La declaración de Trapero este jueves en el Tribunal Supremo fue como un 'thriller' bien dirigido. Tuvo momentos de suspense, de tensión y otros apoteósicos. La secuencia duró más de cuatro horas, pero mantuvo la emoción durante todo el tiempo. El mayor más famoso vino dispuesto a ajustar cuentas con el Govern que le ha conducido a un procesamiento penal por rebelión y al que, dijo, quiso detener. Y las ajustó. Lo hizo pese a la soberbia línea de defensa de Xavier Melero y al error de cálculo de Fiscalía y Vox, que a punto estuvieron de frustrar lo que se convirtió en un colofón final casi cinematográfico. "Les dijimos que no se equivocasen, que no quebraríamos nunca la Constitución", lanzó. "Les instamos al cumplimiento de la legalidad", remachó. "El emplazamiento al cumplimiento de la legalidad iba mas allá que el tema del referéndum". "No acompañábamos el proyecto independentista". Pum.

El máximo responsable de los Mossos era testigo, pero se le trató como acusado desde que puso un pie ante el tribunal. Primero Vox y luego la Fiscalía, armaron un interrogatorio que colocaba al mayor en un banquillo en el que no está. No se le juzga aquí, será la Audiencia Nacional la que lo haga en los próximos meses. Un error de ambas acusaciones a punto estuvo de dar al traste con el que sin duda es uno de los testimonios fundamentales en este procedimiento, que ya ha superado su primera mitad. Los hombres de TraperoManel Castellví y Emili Quevedo— fueron solo una avanzadilla. Él se encargó de rematar.

Trapero remata al Govern: avisó de la violencia y contra la deriva independentista

La trama giró en torno a LA PREGUNTA, así, en mayúsculas. Las acusaciones querían saber, de su boca y no de la de terceros, qué había sucedido en esa reunión del 28 de septiembre en la que, según las versiones ofrecidas, los Mossos se plantaron. El Ministerio Público no había solicitado escuchar al policía, por lo que quedaba atado a las cuestiones que quisiera plantear quien sí lo había reclamado. Esa parte era Vox. Los de Abascal se saltaron la parte del interrogatorio relativa a ese encuentro fundamental. Y aunque lo intentó —incluso dos veces y tirando de triquiñuelas de fiscal avezado— Javier Zaragoza no pudo hacerlo.

En uno de los momentos álgidos de la secuencia, Trapero casi lo dijo. Llegó a mencionar a Puigdemont antes de ser interrumpido porque no podía responder a la pregunta maldita. Apuntaba pero no remataba aún. No fue hasta los últimos cinco minutos cuando lo dejó todo claro y cristalino, por la intervención del presidente del tribunal, que hizo uso, por primera vez en el juicio, de la potestad de formular, también él, preguntas. Y había una pregunta. Una sola. LA PREGUNTA, con mayúsculas. "¿Qué preocupación motiva que usted provoque o que convoque o que exprese el deseo de que esa reunión se produzca? ¿Qué mensaje quiere usted transmitir a esos responsables políticos y qué respuesta obtiene?", lanzó Marchena.

El mayor empleó un tono casi íntimo para responderla. Frases cortas y contundentes. Tras explicar que la pidieron porque "no estaban bien", porque veían que seguía "ese posicionamiento del Gobierno de la Generalitat" y porque, aun con las órdenes de la jueza, "eso no se está parando", comenzó el granizo:

—Les trasladamos una preocupación por el orden público y la seguridad ciudadana. Iba a haber muy probablemente dos millones de personas en la calle y lo que he dicho, 15.000 policías o 12.000 actuando, y que eso, necesariamente, iba a ocasionar, desde nuestro punto de vista, conflictos graves de orden público y de seguridad ciudadana.

—Les emplazamos a un cumplimiento de la legalidad, de las órdenes judiciales, les dijimos que evidentemente las íbamos a cumplir, que no se equivocasen con nosotros.

—Les dijimos que el cuerpo de Mossos, evidentemente, no iba a quebrar nunca con la legalidad y la Constitución.

—Que no acompañábamos el proyecto independentista.

—Que estábamos molestos con las declaraciones de algunos de los responsables políticos. Especialmente unas de Forn, pero también de Turull.

Tras la sucesión de mazazos, incluso lanzó un "creo que no me he dejado nada". Sus palabras no solo perjudican a Junqueras y a Forn, también a la expresidenta del Parlament. Sobre Forcadell dijo expresamente que quiso que estuviera presente en la reunión porque "tenía importancia" para ellos que se viera que su preocupación iba más allá del 1-O y abarcaba todo el plan independentista. De golpe y porrazo y en una frase, la señaló como partícipe de una estrategia general.

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Además, hacia el final, ató más aún el aviso dado a los responsables políticos sobre la violencia con una última exposición en la que dijo que en algunas zonas, donde se ubicaban algunos colegios, que cifró en unos cuarenta, "podía haber además personas o grupos que tuviesen una actitud diferente de lo que se esperaba, en general, en la mayor parte de esos colegios donde se desarrollaba el referéndum ilegal". O sea, actitud violenta. "Hagan el trabajo que tengan que hacer". Esa fue la respuesta del 'president' Puigdemont, dijo.

Como ya sucedió con los mandos bajo su dirección, el testimonio de Trapero acredita una intencionalidad del Govern de seguir adelante pesara a quien pesara y una consciencia clara en la cúpula de que continuar por esa vía era lanzar a la gente a la calle, a la violencia. No así la instrumentalización de los Mossos, que no recibieron órdenes para bajar los brazos. Trapero no fue al Supremo solo a atacar, fue también a defenderse. A él y a su cuerpo. Y extendió en su relato las responsabilidades de los errores del 1-O a todas las fuerzas policiales. El fallo o la ineficacia fue de todos y ellos respondieron, destacó.

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Aún hubo más cosas, Trapero quiso resaltar ese compromiso firme con el cumplimiento de la legalidad, el mismo que, según sus próximos, le ha llevado a decidirse a declarar sin trampa ni cartón y obligado a decir verdad, con una revelación bomba que provocó nuevos temblores en la sala de prensa desde la que los periodistas siguen el juicio. A dos días de la declaración unilateral de independencia, los Mossos cerraron un plan para detener a Puigdemont y los 'exconsellers' si activaban el botón rojo. El círculo de su versión se cerró con el detalle. Ya se lo dijo a la cara al 'expresident': no iba a permitir la deriva independentista.

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