Las niñas se suman a la avalancha de menores que llegan solos a España
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más de 12.000 'menas' en toda España

Las niñas se suman a la avalancha de menores que llegan solos a España

“Hoy mismo, esta misma noche, se han escapado 10”, revela una de las trabajadoras sociales que atienden a estos muchachos y muchachas

Foto: Las niñas se suman a la avalancha de menores que llegan solos a España
Las niñas se suman a la avalancha de menores que llegan solos a España

En la instantánea, se ve un grupo de chicos que no llegan a los 15 años rodeando una moto de gran cilindrada. La foto, un selfi alargando el brazo, está enmarcada en un lujoso centro comercial de Madrid. Se trata de una pandilla de menores extranjeros no acompañados ('menas') internados en el centro de Arturo Soria. No son una excepción. Cada día hay más. Ya son más de 12.000 en toda España. Provienen en su mayoría del Magreb y el África subsahariana. Y, como novedad, hace algunos meses se empezó a detectar a niñas solas.

Hasta la fecha, el foco estaba puesto en las comunidades de Cataluña, País Vasco o Andalucía. Las dos primeras, además de por la tendencia natural de querer ir adonde ya se conoce a alguien, por sus muy ventajosas condiciones para estos menores. La tercera, por ser la que está más próxima a su continente de procedencia. Pero en Madrid ya empieza a ser un fenómeno para tomárselo en serio. Tanto, que la comisión especial creada para el efecto se volvió a reunir el pasado jueves para que la Administración competente, el Gobierno regional, explicase su plan de choque ante una situación a punto de desbordarse.

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“Hoy mismo, esta misma noche, se han escapado 10”, revela una de las trabajadoras sociales que atienden a estos muchachos y muchachas. “Entre los que los atendemos hay renuncias permanentes, bajas continuas por depresión. Hasta la fecha, ha sido imposible hacer nuestro trabajo”, prosigue esta especialista. Un extremo que confirma con sorna un veterano agente policial: “¡Se comen a los educadores con patatas!”.

Pero es un fenómeno complejo. Los menores tienen circunstancias y edades muy distintas. Además, su problemática depende de diferentes administraciones. Saúl, un agente de extranjería, que es a quien le corresponde el trabajo con estos chicos en un primer momento, explica los pasos: “Se les hace una reseña, se les intenta identificar y se les manda a un centro de menores. Allí, rápidamente, se intenta contactar con su familia a través del consulado de su país y buscarles un vuelo de regreso a casa si se ha encontrado a algún adulto responsable del menor”.

La realidad es que "no se puede identificar a ninguno, y según llegan lo primero que dicen es que no tienen a ningún adulto en el mundo"

La realidad es que “no se puede identificar a ninguno, y según llegan lo primero que dicen es que no tienen a ningún adulto en el mundo, si acaso un familiar en Francia o Bélgica, o un primo en Barcelona”, revela el agente. Los centros en los que se los interna, salvo a los que tienen medidas judiciales especiales, son de régimen abierto. “En la práctica, eso significa que para largarse no tienen ni que saltar la valla”.

Mientras en Barcelona se han detectado pandillas de 'menas' que viven en la calle, en Madrid es aún un fenómeno residual. “No tienen necesidad, hacen lo que quieren y aquí les damos ropa y comida”, explica la trabajadora. “Cuando no quieren cumplir el horario porque se quieren ir de fiesta, pues pasan toda la noche por ahí y vuelven al día siguiente”.

“Se quedan por ahí en alguna plaza o algún callejón y montan una pequeña mara”, desvela un agente municipal. En los bajos de la zona de oficinas de Azca hay dos colchones apoyados a una pared llena de pintadas. Los rumores, corroborados tanto por agentes como por los trabajadores de los centros, hablan de que a un grupo de 'menas' le gusta andar por esa zona, pero este diario no pudo certificar que, efectivamente, quienes usan esos colchones sean estos niños.

Se quedan por ahí en alguna plaza o algún callejón y montan una pequeña mara

“Todo está saturado y muchos de estos chavales dan mucha guerra, son chavales complicados de 14 o 15 años, que ya de por sí es una edad difícil, y no es raro que haya agresiones”, comenta el policía. Una visión que comparte la trabajadora que está cotidianamente con ellos: “Algunos son chavales enganchados a esnifar disolvente que han estado tan desesperados como para llegar a España en los bajos de un camión, la verdad es que tienen el cerebro machacado”. Y la clasificación de los menores es muy complicada. Los recursos existentes en ocasiones mezclan niños con necesidades muy diferentes. “No es raro que tengan serias alteraciones de conducta”, sentencia la trabajadora. El centro específico para quienes muestran mayores problemas es el de Pinar, un centro veterano de la comunidad para menores tutelados con algún diagnóstico. Allí hay 26 de estos 'menas'.

“Los hay que se escapan y se van a Francia o Bélgica, no es raro que el paso por España sea una mera escala. Allí tienen familiares”, dice la trabajadora de uno de estos centros. Tampoco es raro que según empiece el buen tiempo se escapen, pero luego regresen: “Se van unos días a las fiestas de los pueblos de alrededor y cuando se acaba la juerga, vuelven”, desvela.

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En la reciente reunión, los cargos políticos explicaron que se van a abrir nuevas plazas para 'menas' (por ejemplo, en Vista Alegre, donde se crearán 12 nuevas) y que se va a destinar una partida presupuestaria nueva solo para ellos. Según el Gobierno regional, la Administración central no destina más que unos miles de euros a este problema en Madrid “porque dicen que aquí no hay menores no acompañados”.

Uno de los principales problemas es que son chicos que vienen con la idea de trabajar, lo de estudiar ni se les pasa por la cabeza

Uno de los principales problemas es que son chicos que vienen con la idea de trabajar, lo de estudiar ni se les pasa por la cabeza, y es muy difícil explicarles que no pueden hacerlo con 12 o 13 años”, explica la trabajadora social. Así que se les ofrece junto a algunas fundaciones y ONG planes de estudio de formación laboral. “Muchos cogen cocina, eso les gusta mucho y les llama mucho la atención”, comenta.

“Es verdad que sí hay un efecto llamada, y es normal, los chicos no quieren que sus amigos y familiares en su país de origen piensen que han fracasado, así que se hacen fotos con cochazos de lujo y cosas así para fanfarronear, nadie cuenta las desgracias”, desgrana esta mujer, que de todos modos advierte de que justo ahora es el momento en el que se para un poco la llegada “por el ramadán”, pero que al final de la primavera volverá más acuciante que nunca el problema. Incluidas las niñas, que ya tienen su propio espacio en el centro de referencia en Madrid para estos chicos, el de Hortaleza. Un problema nuevo, y por el momento muy minoritario.

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