fin de la XII legislatura

El beso de Villegas, lágrimas, adiós de Tardà y Hernando... Sus señorías sí tienen corazón

El adiós de la XII legislatura fue de los más emotivos que se recuerdan en la Cámara. La otra cara de la política, la que nunca se ve. Han pasado demasiadas cosas en poco tiempo

Foto: La presidenta del Congreso, Ana Pastor, se despide de Marcelo Expósito (Unidos Podemos). Detrás, Alicia Sánchez Camacho (PP) y Nacho Prendes (Cs).
La presidenta del Congreso, Ana Pastor, se despide de Marcelo Expósito (Unidos Podemos). Detrás, Alicia Sánchez Camacho (PP) y Nacho Prendes (Cs).

El Congreso de los Diputados despidió este jueves la XII legislatura y fue como el último día de colegio después de un año intenso. Algún adiós agridulce, abrazos, lágrimas en muchos casos, una emoción difícil de gestionar ante la sensación de que habían pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo. Lo que las cámaras no enseñan. Saludos con rivales políticos y con los propios, la tranquilidad de enterrar el hacha de guerra aunque sea por un breve plazo de tiempo. Y más despedidas. Sus señorías sabían que algunos volverán a encontrarse en solo unos meses, pero también que otros no lo harán. Bien porque cambian de colegio —en la política autonómica y municipal— o sencillamente porque no repetirán en las listas.

La presidenta del Congreso, Ana Pastor, protagonizó una vez más (ya son muchas) uno de los mejores momentos de estos tres años en sus últimas palabras. Tuvo un agradecimiento para todos los implicados en el funcionamiento parlamentario: diputados, funcionarios de la Cámara, periodistas... "He procurado ser la presidenta de todos", insistió. La primera anécdota que contó le procuró una alabanza general de todos los grupos. Se refirió a uno de los cuadros de su despacho, de 1908, del pintor Asterio Mañanós, que refleja una sesión del Congreso en el que las únicas mujeres que aparecen están sentadas en la tribuna de invitados. "Hoy somos muchas las que afortunadamente nos sentamos en los escaños y, personalmente, me enorgullece ser una de ellas". La Cámara rompió a dar palmas.

El beso de Villegas, lágrimas, adiós de Tardà y Hernando... Sus señorías sí tienen corazón

Pastor continuó: "Hemos vivido momentos complicados y estoy segura de que todos hemos hecho un esfuerzo". No fueron pocos. En la cabeza de muchos retumbaba la moción de censura que terminó el pasado junio con Rajoy abandonando el hemiciclo y Pedro Sánchez a las puertas de la Moncloa. En los escaños socialistas se intuían otros muchos recuerdos. Una crisis interna sin precedentes dentro del partido, la abstención en 2016 para que Rajoy fuera presidente. Demasiadas cosas en muy poco tiempo. Pastor quiso homenajear a un diputado del PP, Francisco Molinero, "que estuvo a punto de perder la vida". Los aplausos volvieron a retumbar.

Pero el momento cumbre llegó, como no podía ser de otra manera, al final. La presidenta del Congreso mencionó el 40 aniversario de la Constitución haciendo suyas las palabras de uno de los padres constituyentes: "Se puede pensar sin temor a equivocarnos, a equivocarme, que valió la pena por ustedes, por España y por los españoles", dijo ya con la voz entrecortada, visiblemente emocionada. Y llegó una larguísima ovación con todo el hemiciclo en pie, desde la bancada popular hasta la socialista, pasando por los grupos independentistas.

Los miembros de la Mesa se fundieron en abrazos. Marcelo Expósito (Unidos Podemos) con Pastor, y después abrazó a la popular Rosa Romero y al vicepresidente de Ciudadanos, Ignacio Prendes. Al darse la vuelta esperaba la vicepresidenta segunda de la Mesa, la socialista Micaela Navarro, que después de estar con Pastor no pudo evitar romper a llorar, igual que Gloria Elizo. También lo hizo Patricia Reyes, secretaria del órgano de gobierno de la Cámara y diputada naranja, que más tarde compartía momentos de nostalgia con su compañera Marta Rivera de la Cruz. Subió a la tribuna la diputada del PSOE Soraya Rodríguez para despedirse de Pastor y dio la impresión de que también lo hizo del Congreso.

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Ya en el célebre patio de la Cámara continuaban las despedidas. Históricos del PSOE como José Enrique Serrano y el exportavoz parlamentario del mismo grupo Antonio Hernando —que llegó a ser la mano derecha de Pedro Sánchez— intercambiaban palabras y memorias con exministros de Rajoy como Fátima Báñez. Lo suyo sí era un adiós, porque ni Serrano ni Hernando repetirán previsiblemente. A su lado, un grupo de parlamentarios del PP comentaban todo lo que habían vivido. Se escuchó en muchas ocasiones: "Bueno, pues hasta aquí".

Los diputados de Unidos Podemos también se despedían. Los afines a Errejón aprovecharon para hacerse una foto juntos. Pablo Iglesias fue el único líder que no estuvo en esta sesión por su baja de paternidad. Irene Montero fue la encargada de encabezar el grupo. La otra portavoz, Ione Belarra, no dudó en despedirse de sus compañeras de la comisión de Igualdad y también brindó abrazos a Patricia Reyes, de Ciudadanos. Una comisión que en esta legislatura consiguió impulsar el Pacto Nacional contra la Violencia de Género, aunque este contó con la abstención de los morados por considerarlo "insuficiente". Fue el día para recordar lo bueno. Para respirar después de momentos duros, de pensar en lo que pudo ser y finalmente no fue. De lo que no tendría que haber pasado, de lo que estuvo tan cerca y al final se desmoronó. La emoción se respiraba en cada esquina.

Foto de familia del grupo parlamentario de Cs mientras otros diputados bajan de sus escaños. (EFE)
Foto de familia del grupo parlamentario de Cs mientras otros diputados bajan de sus escaños. (EFE)

Aún dentro del hemiciclo, el exportavoz parlamentario del PP Rafa Hernando continuaba dándose apretones de mano con Joan Tardà (que no repetirá) y el diputado del PDeCAT Jordi Xuclà. Incluso Carles Campuzano y Ferran Bel (PDeCAT) se acercaron a los escaños de los diputados naranjas Marta Martín y Toni Roldán, para despedirse con sus inseparables lazos amarillos puestos. La realidad de la Cámara era también esa, aunque muchos no lo supieran. El grupo naranja aprovechó para hacerse una foto de familia, asesores incluidos, en el hemiciclo. Hubo un cálido saludo entre Rivera y el portavoz de Unión del Pueblo Navarro, Iñigo Alli.

Aunque el momento más emotivo para los naranjas vino después. Cuando el aún diputado Paco Igea, que se presenta a unas disputadas primarias para la candidatura a la presidencia de Castilla y León, se cruzó con el secretario general de su partido, José Manuel Villegas. El mismo que se encargó del fichaje de la expopular Silvia Clemente —presidenta de las Cortes castellano leonesas hasta hace apenas unos días—y que rivalizará con Igea. El enfrentamiento en las filas naranjas es evidente, de ahí la tensión que se respira en el grupo parlamentario en estos días, que ha sido una piña toda la legislatura. Villegas e Igea se encontraron y el abrazo y beso que se cruzaron fue lo más espontáneo del día. Otro reflejo más de la otra cara de la política. La que nunca se ve. La que se acabó este jueves, al menos para la XII legislatura.

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