primera semana de la vista

La España turca vs la España sueca: los dos relatos que chocan en el juicio del 'procés'

El juicio del 'procés' ha dejado la imagen de la confrontación de dos relatos irreconciliables. A un lado del estrado, las defensas; al otro, la Fiscalía

Foto: Foto de la sala del juicio. (EFE)
Foto de la sala del juicio. (EFE)

La noche y el día. El juicio del 'procés' ha dejado grandes momentos en su primera semana, tantos que es complicado quedarse con uno. Ha mantenido, sin embargo, un nexo común que ha unido las tres jornadas y amenaza con marcar toda la vista: un relato irreconciliable sobre España. A un lado, la España turca; y al otro, la sueca según se gire la cabeza hacia el estrado de las defensas o el de las acusaciones.

Los abogados de los procesados por rebelión comenzaron el martes con una exposición de las supuestas vulneraciones de derechos a las que se ha sometido a sus clientes que pintaba una país sin garantías y dejaba a un par de los poderes del Estado a la misma altura de los de la Turquía de Erdogan. El procedimiento "atenta contra la disidencia política", fue por ejemplo, uno de los mensajes lanzados. Disidentes encarcelados, una imagen que recuerda a las 77.000 personas en prisión desde el intento del golpe de Ankara.

"Esta es una causa general y prospectiva contra el independentismo", "hay quien está dispuesto a sacrificar derechos fundamentales por la indivisibilidad de la nación española", "se han restringido todos los derechos de la Constitución en este proceso", fueron algunas de las frases que utilizaron los letrados en la primera jornada del juicio, en un mensaje dirigido al Tribunal Europeo de Estrasburgo donde tienen puesta la mirada. Otro de los argumentos del primer día de juicio, donde sólo se escuchó a las defensas, fue la falta de imparcialidad en la instrucción y las dudas sobre si ésta se extiende también al tribunal de siete magistrados. De hecho, antes del inicio los procesados recusaron en bloque a todo el tribunal.

La España turca vs la España sueca: los dos relatos que chocan en el juicio del 'procés'

Ese relato siguió, con un salto de una jornada, de la mano de Oriol Junqueras y su declaración. En respuesta solo a las preguntas de su abogado empezó diciendo que el juicio al que se le somete junto a otros 11 acusados es político, que se le juzga por sus convicciones democráticas y que está convencido de que se le acusa por sus ideas y no por lo que hizo.

En los pocos momentos en los que aparcó el núcleo duro de un discurso más de líder de ERC que de procesado en el banquillo, insistió en esa misma idea que sugiere que en España se encarcela a gente que no comete delitos: "Desde mi punto de vista nada de lo que hemos hecho lo es". Se refirió a la prisión provisional como el peaje que paga por su militancia y mencionó que vincula sus conferencias políticas en el exterior como gasto de la estrategia para la separación, como hace la Fiscalia, es prueba de que se persiguen las ideas.

En defensa de la democracia española

La contraimagen, la España sueca vino de la mano de la Fiscalía y del propio tribunal. Los siete magistrados frenaron en seco los argumentos para la nulidad, aunque no detallaron su argumentación, que quedará para la futura sentencia. Se rechazó la parte más sustancial de las peticiones que buscaban la nulidad del procedimiento y el juicio continuó adelante.

La voz de España sobre el Estado de Derecho la pusieron Javier Zaragoza y Fidel Cadena, con sus contrainformes contra las cuestiones previas en las que se rechazó la argumentación. Lo dejó muy claro Zaragoza que comenzó achacando esos supuestos que reiteraban las defensas al "victimismo", el panfleto y el libelo. "Algunos escritos de las defensas más que cumplir con esta función son libelos acusatorios, basados en un relato alternativo que pretenden crear una visión distorsionada de la realidad", dijo.

Se pretende convertir en víctimas de persecución política a quienes han ido contra el orden constitucional y sentar en el banquillo al Estado, que ha reinstaurado el Estado de derecho", continuó. "Se decía que este iba a ser un juicio a la democracia en cuanto a su capacidad de tolerar la discrepancia política, y eso no es cierto, es un juicio en defensa de la democracia española”. Y remató: "Es la respuesta legal del Estado de derecho frente a una agresión que no puede quedar impune".

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