guía de campaña del pp: que rivera se retrate

Casado deja el voto del miedo para 'seducir' en vez de ir contra el votante de CS o Vox

El presidente del Partido Popular diseña una campaña "en positivo", con propuestas y posiciones claras dirigidas a sus exvotantes ahora con Ciudadanos o atraídos por Abascal

Foto: Pablo Casado durante la rueda de prensa tras la convocatoria de elecciones. (Reuters)
Pablo Casado durante la rueda de prensa tras la convocatoria de elecciones. (Reuters)

El Partido Popular que encabeza Pablo Casado hará una campaña electoral muy diferente a las dos últimas de Mariano Rajoy. Los resultados de las elecciones autonómicas en Andalucía mandan. Nada de meterse con los votantes que se pasaron a Ciudadanos o los que puedan tener la tentación de inclinarse por Vox, y tampoco entrar al choque con Albert Rivera o Santiago Abascal (mejor ni citarle). "Los mensajes tienen que ser en positivo, hay que seducir al exvotante con propuestas y posiciones claras, el PP es un partido integrador y moderado", es la consigna de la sede de Génova para el largo ciclo electoral que se avecina.

Casado encabezará esa campaña destinada a reenganchar a sus siglas a los votantes que se le fueron en los comicios generales de 2015 y 2016 a CS o los ahora atraídos por "la derecha-derecha" de Vox, un fenómeno de trasvase de apoyos que ya se hizo realidad en Andalucía en diciembre pasado.

"A nuestro antiguo electorado no se le puede regañar o decirle que se equivocó porque no le gusta, hay que volver a enamorarlo", insisten los responsables de los principales mensajes de una campaña destinada a presentar al PP como "una fuerza segura, capaz de pactar con todo el espectro del centro derecha" con el fin de construir una alternativa de gobierno frente a la izquierda apoyada por los independentistas.

Es una oferta que no pueden hacer sus competidores directos riveristas empeñados en distinguir entre "este PSOE" o "el PSOE sanchista" del Partido Socialista "auténtico" con el que sí estarían abiertos a negociar si cae su jefe actual. Es el mismo plan tanteado por Rivera en 2015 cuando pretendía exigir la cabeza de Rajoy al PP a cambio de su apoyo para formar gobierno, lo que se llamó la "operación Soraya" o "menina" que dijo Pablo Iglesias. Si el modelo de acceso al poder es el ensayado en Andalucía, los populares volverían a ser el centro o núcleo fundamental de esa coalición.

Los ataques personales de Casado a Rivera serán escasos y de tono menor, "pellizcos" como dicen en fuentes del PP. La cuestión de fondo para frenar la competencia de Ciudadanos consistirá en preguntar constantemente si esta vez está dispuesto a pactar después de las elecciones con Sánchez, como ya intentó en 2015 en la investidura fallida del dirigente socialista. No obstante, en medios de Génova reconocen que esta vez les interesa que CS se acerque a los resultados que les pronostican las encuestas (el doble de los votos que luego sacan), pero siempre que crezca a costa de votantes del PSOE.

Santiago Abascal y Pablo Casado conversan tras finalizar la concentración el pasado domingo. (EFE)
Santiago Abascal y Pablo Casado conversan tras finalizar la concentración el pasado domingo. (EFE)

Con respecto a Vox, el guion de campaña del PP insistirá en citar lo menos posible a los de Abascal. Los populares asumen que serán Sánchez, Podemos y sus medios más próximos los que se volcarán en que Vox esté lo más presente posible para dividir el voto del centroderecha. Si ese electorado se divide en tres bloques similares saldría beneficiada la hegemonía electoral de una izquierda que esta vez se presenta con Podemos en plena descomposición después de quedar a solo un punto del PSOE en los comicios de 2016.

Rajoy le sacó mucho partido al miedo de los electores más moderados a que ganara Podemos o Iglesias fuera decisivo en una especie de "frente popular" con los socialistas. Su sucesor no podrá explorar esa baza.

Frente a los socialistas favorecidos por el declive de Iglesias, Casado se centrará en la denuncia de las negociaciones de Sánchez con Quim Torra y en exigirle que aclare si está dispuesto a continuar después de los comicios en el punto que dejó las conversaciones antes de quedarse sin presupuestos: en el pacto sobre la figura del relator y el eufemismo sobre el "derecho de autodeterminación" aceptable por ambas partes.

Pablo Casado, durante la clausura de la Convención Nacional del Partido Popular. (EFE)
Pablo Casado, durante la clausura de la Convención Nacional del Partido Popular. (EFE)

Los ejes programáticos de la campaña ya están desmenuzados por Casado en sus comparecencias parlamentarias y en los discursos de la Convención Nacional del partido: revolución fiscal con bajada general de impuestos (IRPF, Sociedades y eliminación de Sucesiones) en favor del crecimiento económico y la creación de empleo y aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña para intervenir el gobierno autonómico, restaurar el orden constitucional y garantizar la convivencia.

Con respecto a la labor de los ejecutivos de Mariano Rajoy, su sucesor presumirá de la herencia de haber sacado a España de su peor recesión económica mientras que tendrá que disimular en la respuesta a la intentona del golpe al Estado en Cataluña. Casado propone ir más allá de donde los socialistas y Rivera permitieron al Ejecutivo de Rajoy en su día al dejar fuera de la intervención la estructura de la policía autonómica y el aparato de propaganda de la Generalitat.

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