Jordi Sànchez lo lleva en la solapa

El Supremo permitirá a los acusados lucir lazos al considerarlo un "símbolo ideológico"

Marchena se ha apoyado en las condenas del Tribunal Europeo de Derechos Humanos a Bélgica y a Bosnia por impedir a los acusados lucir símbolos religiosos durante la celebración de juicios

Foto: El expresidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) Jordi Sánchez, junto al resto de líderes independentistas acusados. (EFE)
El expresidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) Jordi Sánchez, junto al resto de líderes independentistas acusados. (EFE)

La primera intervención de Vox en el juicio que sigue el Tribunal Supremo por el 'procés' ha provocado un pequeño terremoto a cuenta del lazo amarillo que luce Jordi Sànchez en la solapa. El partido de Santiago Abascal, que ejerce como acusación popular, ha pedido al alto tribunal que se pronuncie sobre si el acusado puede llevar este símbolo, alegando en este sentido "que tiene una carga política indudable". El presidente del tribunal, Manuel Marchena, ha respondido entonces que "el lazo es un símbolo ideólogico y la sala no va a poner obstáculos a que lo usen los procesados", para lo que se ha apoyado en dos condenas del Tribunal Europeo de Derechos Humanos a Bélgica y Bosnia por impedir la presencia de símbolos religiosos en los juicios.

El expresidente de la Asamblea Nacional Catalana, Jordi Sànchez, luce desde la primera jornada del juicio un lazo en la solapa, principal símbolo de crítica al encarcelamiento provisional de los líderes independentistas. Entre el público también se pudieron ver lazos este martes, entre ellos el que llevaba el propio 'president' Quim Torra, pero el resto de acusados ha optado por colocarse tan solo la insignia de la Generalitat de Cataluña, subrayando así su pertenencia al Govern.

Aunque el secretario jurídico de Vox, Pedro Fernández, no ha entrado a valorar la mencionada insignia, sí ha dedicado su primer minuto de intervención a los lazos amarillos: "De cara a las próximas sesiones creo que es importante que se fije criterio. Uno de los acusados está portando un adorno que representa un lazo amarillo, que tiene una carga política indudable. Este tipo de símbolos debe sustraerse de la acción de una sala", ha argumentado. El Supremo, sin embargo, ha rechazado la petición.

Marchena se ha apoyado para ello en las condenas de Estrasburgo a Bélgica y a Bosnia por impedir a los acusados lucir símbolos religiosos durante la celebración de juicios. El magistrado no ha concretado en su respuesta a qué jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos se refería, pero El Confidencial ha podido comprobar que se trata de las sentencias de Hamidovic contra Bosnia y de Affaire Lachiri contra Bélgica. En ambos casos, Estrasburgo consideró que se había violado el artículo 9 del Convenio de Roma:

"Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho implica la libertad de cambiar de religión o de convicciones, así como la libertad de manifestar su religión, o sus convicciones individual o colectivamente, en público o en privado, por medio del culto, la enseñanza, las prácticas y la observancia de los ritos".

El hiyab en Bélgica

Hagar Lachiri demandó a Bélgica después de que la expulsaran de un juicio por no quitarse su hiyab, el velo que algunas musulmanas utilizan para cubrir su cabeza y pecho. Lachiri alegó que la decisión "violó su derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión", argumentando además que los jueces de su país nunca habían tomado una decisión similar con "una monja católico, un judío vestido con un kippa o un sikh con su turbante".

Por seis votos contra uno, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos consideró en septiembre de 2018 que Bélgica había violado el artículo 9 de la Convención, ante lo que obligó al país a pagar 1.000 euros a Lachiri "más cualquier cantidad que pueda ser imputable por daños".

El kippa en Bosnia

En el caso de Bosnia, la condena de Estrasburgo llegó por impedir a un hombre lucir en un juicio su kippa, la gorra utilizada tradicionalmente por los varones judíos. El demandante, cuyo nombre no aparece en la sentencia, se enfrentó a su país por "haberle castigado por no quitárselo mientras presentaba pruebas ante un tribunal penal".

Al igual que en la condena a Bélgica, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sentenció por seis votos a uno que se había producido una "violación del artículo 9 de la Convención", por lo que instó a Bosnia a pagarle 4.500 euros, así como "cualquier cantidad que pueda ser imputable por daños".

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