defensor ferviente de la 'doctrina estrada'

Sánchez llega a México con las relaciones cuestionadas a la sombra de Cataluña

Será el primer mandatario al que recibirá oficialmente López Obrador en un encuentro en el que es poco probable que el mexicano repita el manido mantra de “queremos una España fuerte y unida”

Foto: El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. (EFE)

Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el presidente de México, es un enigma permanente. Un día afirma que cancelará la reforma petrolera -que permite la inversión extranjera en el sector- y luego dice que no, que la mantiene. Amenaza con eliminar ciertas comisiones bancarias -desplomando al BBVA en bolsa- y al rato promete no modificarlas en los tres próximos años. Toda acción de su gobierno es rodeada de un halo de incertidumbre. Todo excepto su política exterior, donde cuenta con tres principios en caso de conflictos internacionales: (1) resolución pacífica, (2) autodeterminación de los pueblos y (3) defensa de los derechos humanos; una receta conocida como la ‘Doctrina Estrada’ y que dominó la política exterior de México a mitad del Siglo XX.

El resurgimiento de la ‘Doctrina Estrada’ con AMLO supone un giro de 180 grados en la política exterior mexicana de las últimas décadas. El cambio es notable al observar la actual situación en Venezuela. Mientras que bajo la anterior administración de Enrique Peña Nieto (2012-2018) México era un ferviente crítico del chavismo, López Obrador ha optado simplemente por no rechazar a Maduro, no reconocer a Juan Guaidó como “presidente encargado” y, además, se ha ofrecido como mediador internacional para buscar una resolución pacífica. Pura ‘Doctrina Estrada’.

Y en medio de esta tormenta diplomática, Pedro Sánchez llega este miércoles a México para convertirse en el primer mandatario al que recibirá oficialmente López Obrador en un encuentro en el que es poco probable que el mexicano repita el manido mantra de “queremos una España fuerte y unida”, frase que diversos líderes extranjeros han repetido después de cada reunión con un presidente español tras la fallida declaración unilateral de independencia (DUI) de Cataluña de 2017.

Con Peña Nieto al mando, México fue entonces de los primeros que expresó su rechazo a la declaración de independencia. Pero si se produjera una nueva DUI con la ‘Doctrina Estrada’ sobre la mesa, México pasaría de apoyar incondicionalmente a España a probablemente hacer un llamado a una solución pactada bajo el principio de autodeterminación de los pueblos. Esa, por el momento, es la postura oficial que México ha adoptado con Venezuela y que, aplicada al caso catalán, sería ampliamente aplaudida por unos sectores independentistas ansiosos por conseguir el apoyo de un gobierno extranjero que abogue por una mediación internacional.

Una relación de 10.000 millones

El conflicto entre el gobierno catalán con el Estado, por lo tanto, abre ahora una incógnita en el futuro desarrollo de las hasta ahora excelentes relaciones España-México. Ningún país reconoció entonces la malograda DUI de 2017, por lo que un escenario en el que un aliado cercano como México no sólo no emitiera un “no” a una Cataluña independiente, sino que además hablara de la “autodeterminación de los pueblos” dispararía todas las alarmas en la diplomacia española.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. (EFE)
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. (EFE)

El profesor de relaciones internacionales de la Universidad Autónoma de Guadalajara (México) Antonio Gil Fons, sin embargo, considera que la postura del gobierno azteca no supondría un problema porque “en México no existe el reconocimiento de países” con la ‘Doctrina Estrada’. “Se ha visto con Venezuela, México renuncia a conocer y desconocer y se limita a tener relaciones con Estados”, explica. Bajo esta premisa Gil Fons cree que Cataluña no puede “ni soñar” con un reconocimiento de su independencia por parte de México.

“España es la puerta en la Unión Europea y México no puede permitirse el lujo de abrir un enfrentamiento. Las relaciones económicas son demasiado fuertes”, añade.

El comercio entre ambos países en 2017 fue de apenas 10.000 millones de dólares. España, sin embargo, es el cuarto mayor destino de las exportaciones mexicanas, mientras que varias compañías del IBEX tienen importantes inversiones en industrias clave para el desarrollo de México como es Iberdrola en energías renovables, Meliá o Barceló en turismo, BBVA y Santander en finanzas; o incluso Repsol en hidrocarburos. En total, las españolas han invertido alrededor de 22.883 millones de euros entre 2007 y 2017, según datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo.

“Las relaciones son excelentes y actualmente hay cierta afinidad ideológica entre López Obrador y Sánchez”, comenta José Antonio Murguía, profesor de relaciones internacionales en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ambos son líderes progresistas, pero, además, enarbolan un discurso sobre crear un nuevo estilo de gobierno ‘bonito’ que pondrá fin a las corruptelas y malas prácticas de las anteriores administraciones. “El hecho de que Sánchez sea el primer líder que visita a AMLO evidencia la buena sintonía entre los dos políticos”, añade Murguía.

“El mensaje de AMLO es que México retoma la libre autodeterminación de los pueblos y la no intervención en política exterior como principios básicos“, dice Fernanda Vidal Correa, profesora de política internacional de la Universidad Panamericana, quien considera que Sánchez, durante su visita oficial, no va a intentar buscar otro tipo de declaración de López Obrador porque no se va a mover de esos principios. “Ahora”, dice Vidal, “la ventaja de la ‘Doctrina Estrada’ es que es muy abierta a interpretación porque si hiciera un reclamo a la autodeterminación, ¿sería del pueblo español o del catalán?”, concluye.

Incertidumbres empresariales

Dejando de lado las dudas en la parte diplomática, la otra sombra que planea las relaciones bilaterales es la volatilidad que genera AMLO en los mercados a través de su habitual ambigüedad, o de sus recurrentes cambios de opinión. El Fondo Monetario Internacional, en ese aspecto, advirtió la semana pasada que la incertidumbre que rodea al nuevo gobierno de México podría desalentar la inversión extranjera en el país. Y España es el segundo mayor inversor en México.

Un ejemplo es la repentina cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, un megaproyecto completado al 30% y presupuestado por unos 13.000 millones de euros que ha sido desestimado por el gabinete de López Obrador. Herencia del gobierno de Peña Nieto, la construcción del proyecto involucraba a varias empresas españolas como Acciona y FCC, compañías que formaban un consorcio junto con Carlos Slim para edificar la terminal por 3.900 millones de euros. Sin embargo, AMLO realizó una consulta pública, donde apenas participó un 1,9% del censo electoral, en la que el 69,9% de los votantes optaron por frenar la obra.

Otro ejemplo fue la repentina cancelación -a los pocos días de iniciar su gobierno- de la cuarta subasta de energía eléctrica a largo plazo en la que participaba Iberdrola. La eléctrica bilbaína -que recibe un 32% de su Ebitda en México- es uno de los principales jugadores del sector y ha afirmado que mantiene intactos sus planes de expansión. Sin embargo, ya fue señalada por López Obrador de supuestamente haber dado un trato de favor al expresidente Felipe Calderón (2006-2012). “Calderón favoreció con contratos a Iberdrola y ahora aparece como miembro del Consejo de Administración de tal compañía. Hipócrita corrupto”, dijo AMLO en un tuit .

“Los intereses españoles en México son muy grandes y yo creo que en materia comercio-inversiones la relación va a continuar sin cambios”, dice Vidal. “Las empresas españolas pocas veces pierden en México”, añade. En ese aspecto, Gil Fons opina que las compañías hispanas pueden enfrentar los mismos problemas que sufren el resto de las empresas en México, derivadas de la incertidumbre que genera el gabinete de AMLO alrededor de la seguridad al inversor.

“Si López Obrador no empieza a dar más elementos de seguridad jurídica, las empresas empezarán a replantearse si quieren invertir en México. No se puede estar gobernando a base de referéndums improvisados”, concluye.

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