EL 7% DE LAS MUJERES HA SUFRIDO VIOLENCIA ECONÓMICA

El dinero como arma machista: "Mi marido se quedaba con todo mi sueldo"

Esta semana, Reino Unido ha reconocido la violencia económica como delito. Aunque la ley española la contempla, falta todavía concienciación en la sociedad y en los juzgados

Foto: Ilustración: Raúl Arias
Ilustración: Raúl Arias

Cuando Ana Bella Estévez consiguió romper con su marido, ningún banco le concedía un préstamo para reconstruir su vida. Seguía figurando como avalista de un crédito que él había pedido mientras estaban casados, aunque nunca vio un euro de ese dinero. Las deudas por impago, sin embargo, sí le llegaron después del divorcio a su nombre.

Tampoco tenía paro, porque su expareja no quiso darle de alta mientras trabajaban en la galería de arte que tenían juntos y de la que ella poseía solo el 1%. "Nunca tuve un sueldo, todo iba a una cuenta común que administraba él, porque decía que yo no sabía", recuerda. Aunque tenía acceso a las tarjetas de crédito, no se atrevía a usarlas sin el permiso de su pareja. Ni siquiera cuando, harta de palizas, se fue a una casa de acogida con sus hijos. "Era una cárcel mental. La verdad es que ganábamos bastante dinero, pero a mí no me dejaba comprarme nada. Hasta la ropa me la cogía él. Si tenía que ir a hacer al supermercado, o pagar cualquier cosa, me obligaba a darle luego los recibos", cuenta Ana Bella, que ahora dirige una fundación que lleva su nombre en la que ayuda a otras mujeres que han sufrido malos tratos.

Si tenía que ir a hacer el supermercado, o pagar cualquier cosa, me obligaba a darle luego los recibos

Durante los once años que estuvo con su agresor, Ana Bella vivió día a día un tipo de maltrato que acompañaba a los golpes, a las violaciones y el machaque psicológico. Una violencia que ensambla todas las anteriores, porque deja sin recursos ni opciones a las mujeres que la sufren: la violencia económica.

"Cuando hablamos de maltrato lo primero que se nos viene a la cabeza es el físico, pero puede tomar muchas formas. De hecho, diría que en la mayoría de los casos de violencia de género hay algún tipo de violencia económica, porque el marido a menudo sigue siendo el que tiene mejor posición laboral, y aprovecha esa situación para ejercer su control", explica Eva María Calderón, abogada especializada en familia.

Según la 'Macroencuesta de violencia contra la mujer' (2015) del Ministerio de Sanidad, en torno al 7% de las mujeres españolas han sufrido que alguna de sus parejas les niegue dinero para gastos del hogar o tomar decisiones sobre la economía familiar. Además, en torno a un 4,9% no pudieron trabajar o estudiar fuera de casa por prohibición de sus novios o maridos.

Reconocida en la ley, pero no socialmente

Esta semana, Reino Unido ha aprobado incluir la violencia económica como delito dentro de su ley contra el maltrato. Un compromiso personal de Theresa May, como ella misma reconoció en una columna en 'The Guardian': "Miles de mujeres sufren una violencia inimaginable y otras formas de abuso todos los días, a menudo a manos de quienes tienen más cerca y en los lugares donde deberían estar más seguras".

Ana Bella, presidenta de la fundación que lleva su nombre
Ana Bella, presidenta de la fundación que lleva su nombre

Confiscar la nómina, no pagar la pensión, alargar los procesos judiciales para arruinar a la otra parte, o directamente propinar palizas por coger dinero de la hucha común son solo algunas de las formas que puede tomar este tipo de maltrato, tal y como explica Luis de las Heras, abogado penalista del despacho Durán & Durán: "La violencia económica es aquella que persigue la perturbación psicológica a través del dinero, ya sea a través de la dominación en sentido amplio, como la fiscalización del dinero, o de la administración directa de todo el dinero por parte del marido".

En la legislación española, el abuso económico está reconocido en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género a través de la adhesión de España al Convenio de Estambul. En él se recoge que "se incluirán todos los actos de violencia basados en el género que impliquen o puedan implicar para las mujeres daños o sufrimientos de naturaleza física, sexual, psicológica o económica". Sin embargo, aunque es un tipo de violencia que va de la mano de las anteriores, sigue estando invisibilizada a nivel social, y poco reconocida en los juicios. "Es un concepto que se está introduciendo ahora, por lo que todavía es difícil hablar de él en los juzgados. No se ve todavía como un instrumento más de abuso, que es lo que es", explica Irene Ramírez, abogada en la Comisión para la investigación de malos tratos a mujeres.

Es un concepto que se está introduciendo ahora, por lo que todavía es difícil hablar de él en los juzgados

Ni siquiera Lucía (nombre cambiado) se dio cuenta hasta tiempo después de que había sufrido violencia económica con su primer novio. Ella tenía 16 años cuando le conoció, diez menos que él, y un estilo de vida muy diferente. "Él trabajaba y yo estaba estudiando, por lo que muchas veces me invitaba a los planes. Como yo me sentía tan mal por eso, en cuanto mis padres me daban los 70 euros de paga al mes, yo le invitaba a cenar. Pero qué casualidad, que ese día siempre elegía un sitio carísimo. Luego entendí que era para dejarme sin dinero para el resto del mes y que no pudiese hacer más planes, ni con mis amigas ni con nadie que no fuera él", recuerda ahora, seis años después de romper.

Si en alguna de esas cenas su exnovio calculaba mal y a Lucía le sobraba algo de dinero para poder salir con sus amigas, recurría entonces al chantaje emocional: "Me hacía sentir mal, me decía que había estado toda la semana trabajando, ganando dinero para nuestro futuro, y que quería estar conmigo. Así que al final solo quedaba con él".

Detectives para conseguir la pensión

Al igual que en la violencia psicológica, una de las maneras de demostrar que el control financiero está provocando un maltrato es a través de los equipos psicosociales, cuyos informes sirven como prueba ante un juez. Pero el abuso económico a menudo no acaba con la ruptura, sino que se convierte en el último nexo de control que tiene el maltratador hacia su víctima. "Es una forma de evitar que se separen; les meten en la cabeza que sin dinero no va a poder vivir sin ellos. Y una vez que consiguen romper, siguen controlándolas dejando de pagar la pensión o llevando a juicio cada gasto extraordinario. Es una guerra casi mensual que se convierte en un suplicio para ellas porque les genera más gastos", explica Ramírez, de la Comisión para la investigación de Malos Tratos a Mujeres.

A menudo el abuso económico se convierte en el último nexo de control que tiene el maltratador

El pago de las pensiones —ya sea para los hijos en común o la compensatoria— es una de las herramientas más habituales para perpetuar el maltrato. Aunque es fácil de judicializar, se hace por la vía civil y no penal, que es como puede condenarse el daño psicológico que provoca.

En estos casos juegan un papel fundamental los detectives, la única manera que encuentran las víctimas de demostrar que si su expareja no paga lo que debe, no es porque no pueda. "Cuando se da este tipo de violencia, la mujer muchas veces no sabe cuánto gana su marido, porque han vivido totalmente apartadas de la economía familiar", cuenta Eva Grueso, una detective que lleva a menudo este tipo de casos. "Cuando se produce el divorcio, muchos lo que hacen es pasarse a la economía sumergida para que no les consten esos ingresos, por lo que nuestro trabajo es observar sus horarios, o hacernos pasar por clientes para demostrar que siguen en activo", añade. También toman nota durante su vigilancia del tipo de restaurantes que frecuentan o de los coches que conducen para recoger los "indicios externos de riqueza" que sirven al juez para determinar el nivel de vida real (y por tanto, el importe de la pensión).

No me dejaba ni comprar regalos de Navidad para mi familia, así que iba juntando dinero como podía

"Cuando piden una modificación de la pensión para pagar menos, muchas veces no se trata de ahorrarse ese dinero, que además es para sus hijos, sino de seguir castigando. Te encuentras con padres que no pagan la pensión, pero luego les regalan una Play Station. Y eso es algo que veo en todos los estratos sociales", comparte Grueso. Se estima que en el 51,2% de los hogares en los que la mujer ha sido víctima de violencia económica hay menores viviendo.

Medidas provisionales más eficientes

La dependencia económica —y la manipulación de creer que sin ellos no podrían salir adelante— provoca que las víctimas no se atrevan a dar el paso de dejar sus relaciones de violencia. Por eso, los expertos creen que debería darse más apoyo institucional a la mujer maltratada precisamente en el momento en el que decide separarse: "La figura legal realmente ya existe, que son las medidas provisionales, y que permiten, por ejemplo, que se decrete el pago de una pensión antes de que haya una sentencia de divorcio. El problema es que pueden tardar en concederse entre dos o tres meses, ¿y qué hace mientras la víctima si no tiene ingresos? Hay mujeres que en cuanto comunican su divorcio, les cortan todo", explica Calderón.

Macarena García estuvo 23 años con su agresor. (cedida)
Macarena García estuvo 23 años con su agresor. (cedida)

Es lo que le ocurrió a Macarena García. Nada más presentar la demanda de divorcio, en 2014, lo primero que hizo su maltratador fue pasar el dinero de la cuenta común a una donde solo figuraba él. De un segundo para otro, vio volar todos sus ahorros, y aunque estaban casados en gananciales todavía está esperando que una sentencia le devuelva su parte. Incluso tuvo que seguir pagando íntegramente la hipoteca de una vivienda que tenían en Portugal a nombre de los dos, y que un día descubrió que él estaba alquilando a sus espaldas.

En su caso, ella era la que traía el dinero a casa pero ni siquiera así podía usarlo. "Se quedaba con todo mi sueldo. No me dejaba ni comprar regalos de Navidad para mi familia, así que yo iba juntado dinero de donde podía. Si cogía 20 euros para gasolina, echaba un poco menos, o me quedaba con las vueltas de la compra. Lo escondía entre mi ropa o en un altillo, pero a veces lo encontraba…", cuenta García. "Decía que si creía que éramos ricos, pero luego él se lo gastaba en las tragaperras o en bares".

Una vez divorciados, su marido ha extendido cada paso judicial hasta el absurdo, negándose, por ejemplo, a poner a la venta la vivienda común, que acabará en una subasta judicial. "Le da igual perder dinero, lo que quiere es hacer daño". Después de que su marido se fuese con todos sus ahorros, tuvo que recurrir a familiares y a ayudas para alimentos o la luz, hasta que pudo volver a recibir sus ingresos en una nueva cuenta. Es tal la falta de mecanismos, asegura Calderón, que cuando las mujeres acuden a la justicia gratuita para pedir un abogado de oficio, les imputan los ingresos de los maridos, quedando excluídas de este derecho.

Entre un 25 y 50% dejan sus trabajos

Según Luis de las Heras, aunque este tipo de violencia está contemplado en el Pacto por la Violencia de Género, falta todavía una normativa que aclare a nivel legislativo qué tipo de comportamientos responden a este tipo de abuso. "El problema que nos encontramos en el código penal es que la violencia económica no está reconocía como delito concreto. Y así, desde el punto de vista de la prueba, es bastante difícil acreditar que el hecho de no pagar una pensión de alimentos o judicializar todo tipo de pagos conlleva una agresión psíquica".

Los expertos consideran además que este tipo de regulación debe incluirse dentro de la Ley de Violencia de Género, al responder a un problema estructural de la sociedad. "La realidad es que el marido sigue manteniendo muchas veces a la familia y se posiciona en una posición dominante, no solo en el ámbito de la fuerza, también en el económico. Por eso, la situación de desigualdad exige ese plus de protección a los más vulnerables, en este caso las mujeres, pero también pueden ser ancianos o niños", añade el abogado.

Nos llaman empresas diciendo que tienen una trabajadora que cuando va a cobrar el cheque siempre va con el marido

Coaccionarlas para que dejen su trabajo o sus estudios es otra forma de violencia económica, que perpetúa la dependencia en el agresor. Según la Coalición Nacional Contra la Violencia Doméstica de Estados Unidos, entre el 25% y el 50% de las víctimas de malos tratos pierden su trabajo por ese motivo y entre un 35 y un 56% sufren acoso en el trabajo por parte de sus parejas.

"A veces nos llaman empresas diciendo que tienen una trabajadora que cuando va a cobrar el cheque siempre va con el marido, o que si le cambian el horario se ponen nerviosa, o que directamente da la cuenta de él para cobrar su sueldo", explica Ana Bella sobre los indicios de maltrato que ven en el ámbito laboral desde su fundación. Ella misma tuvo que renunciar a su sueño de ser traductora para seguir los pasos de su exmarido. "Desde que iba a la universidad me hizo elegir entre las clases y nuestro amor".

Ana Bella no tiró un recibo hasta que cumplió 30 años, ya liberada del yugo del maltrato. También con esa edad se dio por primera vez "el capricho" de entrar a un bar ella sola y pedirse un café. Sin embargo, su recuperación económica después de años de restricciones y carencias, llevó mucho más tiempo. "Hay muchas mujeres que han salido de la violencia de género pero no de deudas contraídas con él. Tú te puedes divorciar de una persona, pero no de los bancos".

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