el fraude del ibérico, al descubierto

"Moho, excrementos y cadáveres de rata": el dantesco relato del veterinario del jamón

El técnico expone en el juzgado de Fregenal de la Sierra lo que vio cuando entró en una de las naves investigadas por comercializar con productos cárnicos en mal estado

Foto: Jamones en mal estado intervenidos por la Guardia Civil en 2014. (EFE)
Jamones en mal estado intervenidos por la Guardia Civil en 2014. (EFE)

El relato que el perito de la Junta de Extremadura Miguel Ángel Batalla hizo el pasado 23 de marzo ante el Juzgado número 1 de Fregenal de la Sierra (Badajoz), que investiga el fraude del jamón ibérico cometido presuntamente por medio centenar de mercantiles en España, no dejó títere con cabeza. El veterinario expuso con todo detalle lo que él y el grupo de técnicos del Gobierno regional encontraron en agosto de 2017 en la nave que utilizaba la sociedad El Fogón Castúo, vinculada a una de las empresas imputadas, para almacenar mercancía defectuosa y pasada de fecha.

"Después de recibir la alerta de que había un producto sospechoso de haber sido manipulado, fui a la nave porque estaba situada en mi zona", comenzó a relatar el especialista. "Me encontré una gran cantidad de cárnicos curados almacenados allí, en una nave que no tenía la autorización precisa para ese tipo de almacenamiento", añadió. "A la nave casi ni se podía entrar, porque había productos por todos sitios, en pasillos, muelles de carga, muelles de descarga, mezclados, casi ninguno con documentación", reveló el técnico, quien admitió que observó que alguna mercancía se estaba "etiquetando con un número sanitario que evidentemente no correspondía con la actividad que estaban realizando allí".

Batalla reconoció que pudo ver a varios operarios manipular "centros de jamón" que estaban rebasados de fecha de consumo preferente e incluso de caducidad, como pudo comprobar el propio técnico de la Junta por las etiquetas. "Había dos cámaras y no podíamos acceder a ninguna de ellas por la cantidad de productos que había allí; uno de los operarios incluso fue saltando de contenedor en contenedor para intentar acceder a una de ellas mientras pisaba productos cárnicos", relató el veterinario ante la jueza Francisca Valverde, que dirige la instrucción. "Las cuestiones higiénicas eran lamentables", valoró el perito, que tras inspeccionar la nave instó a la Dirección General de Salud a clausurar el almacén, extremo que la Administración ejecutó de forma inmediata.

En las sucesivas visitas, Batalla y su equipo de veterinarios encontraron "productos cárnicos curados sin trazabilidad". "No sabíamos cuál era el origen (...); era imposible saber de dónde provenía" el material, sentenció el especialista, que no solo se limitó a censurar la falta de higiene y de trazabilidad. La mercancía, criticó, "entrañaba un riesgo para la salud pública". "Encontramos productos que (...) estaban en visible mal estado", detalló el técnico, que concretó que algunos tenían "el vacío abombado", lo que supone un "inicio de crecimiento de clostridium", un microorganismo que crece en medios sin oxígeno. "Teníamos que estar hasta con cuidado de que no reventaran las bolsas por el riesgo sanitario que eso podía ocasionar tanto a nosotros como a los operarios que estaban allí", afirmó.

Jamón ibérico. (EFE)
Jamón ibérico. (EFE)

El panorama, según describió, era "dantesco" para el personal sanitario que coordinaba la inspección. "Vemos ciertas irregularidades en algunas industrias, pero aquello... aquello...", expresó el veterinario, que especificó pormenorizadamente lo que vio en la nave. "Productos llenos de moho, con restos de excrementos de rata, con cadáveres de rata...", explicó. "Llegamos a la última cámara y ahí ya dejamos de lotear porque estaba todo en unas condiciones... Los agentes del Seprona tampoco se lo podían creer", recordó el técnico, quien afirmó con rotundidad que todo lo que él y sus compañeros vieron ese día allí que estaban preparando los operarios "claramente" era "no apto para el consumo humano".

Los trabajadores de aquella industria volvían a reenvasar productos que habían perdido el vacío o que habían revasado la fecha de caducidad, relató el testigo. "Los etiquetaban y les ponían una nueva fecha de consumo preferente", describió. "Cuando un producto se pasa de fecha, en ocasiones se le pueden dar unos meses más de vida, pero esto tiene que ir acompañado de un certificado de vida útil y evidentemente hacerlo en un sitio que cumpla las condiciones adecuadas", argumentó Batalla durante su declaración. "Hay un riesgo sanitario bastante importante en realizar el envasado al vacío en un ambiente que no es aséptico, que era como lo estaban haciendo allí", agregó. "Consumir estos productos puede provocar abortos tempranos, meningitis, fallos cardíacos, fallos renales, problemas de salmonela", aseguró el veterinario, que calculó que allí había 300.000 kilos de carne que "evidentemente" iban a ser puestos en circulación.

En la causa que instruye el juzgado de Fregenal de la Sierra se encuentran investigados más de medio centenar de empresarios y mercantiles, como Antonio Cordero Gamero (Valle de los Valfríos y Monsalud), su hermano Francisco, Pedro Blázquez Serrano (Sierra Jarota), Juan Carlos Velázquez Pérez (Velper), Rogelio Ruiz Álvarez (Dehesa Etiqueta Negra), Manuel Arias Rodríguez (Iberlinares), Antonio García Arévalo (Only Spain), Ángel García López (Cárnicas Sierra Dulce), Antonio Rocha Vega (Cárnicas Jamontanchez) o Blai Pares Dasch y Jaime Álvarez Fra, presidente y consejero delegado de Comapa, la mayor distribuidora de jamón ibérico de España.

Estos dos últimos ya han declarado en calidad de investigados ante el juzgado de Fregenal de la Sierra, aunque en su caso ante un magistrado que sustituye a la titular, Francisca Valverde. En concreto, el pasado 21 de diciembre, el máximo responsable de Comapa —que vendió en 2017 más de 120 millones de euros en productos de charcutería a Carrefour, uno de sus principales compradores— aseguró que "en condiciones óptimas un jamón no tiene caducidad". Podría durar años sin hacer daño a las personas, dijo Pares Dasch, a pesar de que todos los productos envasados que vende su mercantil lógicamente muestran abiertamente una fecha de caducidad.

Comapa ha duplicado su facturación en solo dos años. Según las cuentas que la propia compañía presentó ante el Registro Mercantil, ingresó 250,3 millones de euros en 2015 y 452 millones en 2017, cifras que la convierten en el gigante español de la distribución de charcutería. De la última cantidad, 130 millones correspondieron a ventas de productos ibéricos, lo que hace que Comapa sea también la mayor comercializadora de embutidos de bellota, por encima del fabricante 5J, que ocupa el segundo lugar, según el último estudio publicado por Alimarket.

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