tras los comicios andaluces, esta lucha política se reactiva

Duelos de españolidad entre PP y Vox

El partido de Santiago Abascal ha introducido la migración en el debate electoral y Pablo Casado le sigue la corriente con medidas radicales sobre los menores extranjeros

Foto:  Santiago Abascal y Pablo Casado. (EC)
Santiago Abascal y Pablo Casado. (EC)

El grueso de los sufragios que obtuvo Vox en las elecciones autonómicas de Andalucía proceden de antiguos votantes del Partido Popular. El sondeo de diciembre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) pronosticaba un empate en Ceuta entre ambos partidos. La encuesta de Sigma Dos, publicada esta semana por el diario 'El Mundo', atribuía incluso a la formación ultraderechista los dos escaños en el Congreso correspondientes a Ceuta y Melilla que hasta ahora ostentaba el PP. Estos resultados no son trasladables a las municipales porque en estas sí participan los partidos locales mayoritariamente musulmanes.

La contención de la inmigración y no la unidad de España fue el principal factor que impulsó el voto a Vox. Otro sondeo, efectuado por 40db y publicado por 'El País' el 9 de diciembre, señala que esa fue la principal motivación del 41,6% de los que respaldaron en las urnas al partido de Santiago Abascal. Fue en Almería, la provincia andaluza con más extranjeros (18,7% de la población), donde Vox obtuvo su mejor resultado en las autonómicas (16,79% de los sufragios). Fue en localidades almerienses como El Ejido, con la mayor proporción de inmigrantes (28,9%), donde los candidatos de Abascal cosecharon más votos (29,5%). La prosperidad de El Ejido es, sin embargo, achacable a sus invernaderos y allí solo trabajan subsaharianos y magrebíes.

Tras el salto a la valla de Ceuta por más de 600 subsaharianos, a finales de agosto, Javier Ortega Smith, el número dos de Vox, irrumpió en la ciudad autónoma para pedir que se erigiera, en lugar de la valla, un infranqueable muro de hormigón probablemente inspirado en el construido por Israel en Cisjordania. Aunque no hizo propuestas tan radicales, Pablo Casado le había precedido un mes antes visitando Ceuta y Melilla una semana después de ser elegido presidente del PP.

Transcurrido un mes de las elecciones andaluzas, este duelo españolista entre PP y Vox se reactiva con fuerza. El balance migratorio de 2018, dado a conocer el miércoles por el Ministerio del Interior, señala que a lo largo del año pasado llegaron a España por mar y a través de Ceuta y Melilla 64.298 inmigrantes irregulares, un 131% más que en 2017. Es una cifra récord que convierte a España en la principal puerta de entrada en la Unión Europea.

Aunque entre los subsaharianos que llegan irregularmente a España hay un porcentaje nada desdeñable de cristianos, la mayoría de los inmigrantes africanos son musulmanes. Por eso el PP se ha sumado este año, el 2 de enero, con más ahínco que nunca a la celebración de la Toma de Granada por los Reyes Católicos culminando así la Reconquista. Distribuyó ese día 4.000 banderas de España a los granadinos. En las autonómicas de diciembre perdió cerca de 40.000 votos en esa provincia mientras que su rival ultraderechista se granjeó casi 47.000.

Duelos de españolidad entre PP y Vox

Vox quiso arrebatar a los populares parte del protagonismo y Ortega Smith se presentó por sorpresa en Granada mientras que desde sus cuentas en las redes sociales su partido recordaba que en 1492 "se expulsó al último reducto islamista de la península" y que ahora había que impedir "que el mismo invasor vuelva a intentar dominarnos". Hasta el alcalde socialista de la ciudad, Francisco Cuenca, que prometió reconvertir la fiesta, se sumó de nuevo a ella. La Reconquista fue ante todo una guerra civil entre españoles católicos y españoles musulmanes convertidos al islam desde muchas generaciones.

Mientras en Granada se celebraba la expulsión de los últimos musulmanes de lo que iba a ser más tarde España, Casado regresaba a Ceuta y Melilla por tercera vez desde que lidera en PP. Objetivo declarado de su visita del 2 y 3 de enero: brindar su respaldo a las fuerzas de seguridad que custodian la frontera y rendir homenaje a los casi 11.000 militares españoles caídos en 1921 durante el "desastre de Annual", el episodio más trágico de la guerra colonial que España emprendió en el Rif.

Emulando quizás a Ortega Smith, Casado lanzó una propuesta desde Melilla que tiene tan pocos visos de ponerse en práctica como la del muro de hormigón o "la deportación de los inmigrantes ilegales a sus países de origen" recogida en el programa de Vox. ¿Cómo deportar a personas cuyos países de origen no quieren readmitirles? El PP presentará en el Congreso, según anunció, una proposición no de ley para que los menores extranjeros no acompañados (Mena) tutelados por las CCAA —son unos 12.500— se conviertan en "migrantes económicos" si tienen entre 16 y 18 años. Serían, por tanto, susceptibles de ser expulsados, aunque al ritmo al que Marruecos acepta las repatriaciones (15 al día) sería poco probable.

Cartel del partido musulmán Caballas, de Ceuta, rechanzado la visita de Pablo Casado a la ciudad
Cartel del partido musulmán Caballas, de Ceuta, rechanzado la visita de Pablo Casado a la ciudad

La iniciativa infringe algunos convenios internacionales suscritos por España, empezando por la Convención de los Derechos del Niño, de obligado cumplimiento, y que estipula que se es menor no acompañado hasta los 18 años. Curiosamente nadie del PSOE rebatió los argumentos de Casado, excepto Gloria Rojas, la secretaria general de Melilla, que se preguntó si "la propuesta se ajusta a la legalidad (…)". Obviamente no.

Al Gobierno y al PSOE les incomoda el debate migratorio. La inmigración irregular estaba ya en auge cuando Pedro Sánchez llegó al Gobierno, el 1 de junio, pero se ha disparado desde entonces pese a los incesantes esfuerzos de la diplomacia española por conseguir que Bruselas aumentase su ayuda a Marruecos hasta alcanzar los 140 millones de euros. Con 11.788 llegadas, octubre pasado fue para España el peor mes de la historia migratoria.

Tradicionalmente, Interior ha facilitado pocos datos y sin excesivas prisas sobre los flujos migratorios, comparado con el ministerio italiano que dirige Matteo Salvini o con algunas agencias de la ONU que se adelantan al equipo de Fernando Grande-Marlaska. Su departamento nunca precisa el puerto de desembarco, el porcentaje de menores o las nacionalidades de los inmigrantes. Ahora la opacidad informativa se ha trasladado a Fomento, un ministerio del que depende Salvamento Marítimo que efectúa la mayoría de los rescates en el Estrecho y en el Mar de Alborán. Hasta diciembre informaba puntualmente en Twitter de sus operaciones y colocaba a veces fotografías y hasta vídeos. Ahora ya no lo hace. Quizás sueñe el Gobierno con que si no informa de la llegada de "sin papeles" se deje de hablar de ellos.

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