"Un problema de país enorme"

El talento huye de la política: "Al final solo van a querer entrar los funcionarios"

Los partidos cada vez tienen más problemas para fichar en el sector privado. Con sueldos limitados y el prestigio por los suelos, la carrera política ha dejado de ser atractiva para los mejores

Foto: Ilustración: R. Arias
Ilustración: R. Arias

Juanma Moreno, próximo presidente andaluz a falta de que se cierren los flecos del acuerdo, admite que le está costando fichar potenciales alcaldes para el PP andaluz. Pablo Casado lleva tiempo de 'casting' entre las cuatro grandes consultoras pero no encuentra quien se meta en política. No es solo que el PP tenga malas perspectivas porque lo mismo ocurre en otros partidos. Vox busca un gurú económico y pese al aluvión afiliaciones de afiliaciones de última hora aún no ha dado con él. Pedro Sánchez cosechó noes a su Gobierno y ahora le está costando dar con un candidato apropiado para la alcaldía de Madrid.

La temporada de fichajes y listas electorales para hacer frente al aluvión electoral de mayo está demostrando lo complicado que resulta que entre en política gente del sector privado. Tanto en la Administración como en la empresa se asume que la vida política cada vez tiene más difícil atraer a los perfiles más codiciados. Hay excepciones, claro, y el gusanillo por la política y el poder sigue picando a gente brillante pero otros prefieren no dar el paso y eso aleja el ideal de ser gobernados por los mejores.

“Si lo comparas con la Transición es deprimente y un problema de país enorme”, dice el 'headhunter' Alfonso Villarroel. “Cuando llegó la democracia entraron un montón de profesionales de todas las tendencias políticas, ilusionados, dispuestos a perder dinero dando el paso”, incide. “Pero hoy eso es impensable. Ha habido una pérdida de prestigio enorme y los partidos lo han convertido en un sistema casi feudal, basado en familias y relaciones y en el que se aprende a obedecer para sobrevivir, para volver a salir en las listas. El mérito y la capacidad tienen significados totalmente distintos en un mundo y en otro”.

Josep Puxeu: "La política hoy es para gente que ame el riesgo o tenga poco que perder"

Según el último barómetro del CIS, un 31,3% de los españoles sitúa a "los políticos en general, los partidos y la política" como el principal problema de España. Es la primera vez que ascienden al segundo lugar, solo por detrás del paro (señalado por el 58,5% de los encuestados) y ya por encima de la corrupción. El desprestigio influye en que no sea el destino más apetecible pero no es la única causa. Desde ambos lados de la barrera, la creciente brecha entre el talento y la política se atribuye a una suma de factores a los que cada cual pone más o menos énfasis según su experiencia directa: el desprestigio; los salarios poco competitivos y el riesgo a quedar descolgado de la carrera profesional; la amenaza de tener problemas judiciales; la inestabilidad de los mandatos; la creciente exposición de la vida privada de los cargos públicos, y la sensación de que los márgenes de actuación son cada vez más reducidos, que todo funciona en torno a campañas que buscan atraer votos metiendo en agenda cualquier polémica o batalla con la que arañar votos en base a estrategias cada vez más frívolas.

Luis Atienza, exministro de Agricultura con el PSOE en los 90 y expresidente de Red Eléctrica, enumera los problemas que ve. "Los sueldos no son un aliciente para la mayoría de los profesionales; la mayor parte de la gente no resiste el escrutinio público al que ahora se somete a los cargos porque todo el mundo tiene algún renuncio, o cosas que pueden ser interpretadas como tales; la actividad política no da prestigio; la reinserción laboral, excepto para funcionarios, es complicada". Aún más en casos como el de Andalucía, subraya, donde "se producirá en muchos profesionales la sensación de que un gobierno del PP es un paréntesis… Hay que tener mucho compromiso con el servicio público, o mucha pasión política, para compensar esos frenos".

No haberse saltado un semáforo en rojo

El escrutinio de todos los aspectos de la vida de los políticos, sin dejar fuera la parte privada ni episodios del pasado, es una de las quejas más comunes entre los políticos de primera fila. "Para aceptar ser ministro hoy día hay que renunciar a mucho y no haberse saltado nunca un semáforo en rojo. Hoy está mal visto ser político aunque es un servicio público. Es un problema para España porque necesitamos administradores públicos de alto nivel que son los que gestionan nuestro dinero", dice Elvira Rodríguez, exministra con el PP y expresidenta de la CNMV y Tragsa.

"Si un político pide un plato de mejillones con un vino blanco le saca cualquiera diciendo que ha estado de mariscada", ironiza Josep Puxeu, ex secretario de Estado de Agua y Medio Ambiente con el PSOE y actual director de la patronal de bebidas refrescantes. Un alto funcionario que ocupó cargos durante una década y que ha sido tentado para volver señala el volumen de crítica: "A mi cuando me criticaba alguien lo hacía con nombres y apellidos en el periódico. Podía llamarle y defenderme. Pero ahora cualquiera se puede meter conmigo de manera anónima en las redes. Tengo hijos mayores y no quiero que pasen por eso”, resume. Otro diputado en activo se queja a menudo de que "se confunde transparencia con exhibicionismo". No es lo mismo, protesta, "controlar el enriquecimiento ilícito que mirar el tamaño de nuestra casa y quiénes son nuestros vecinos".

Otra queja recurrente es la cantidad de causas judiciales abiertas que acaban en nada pero ocupan meses de titulares. “Me han denunciado nueve veces en Fiscalía y no me han tomado ni declaración. Pero eso son titulares de periódico. Al final dices: ¿qué necesidad tengo yo de esto?”, comenta Francisco Bernabé, senador y coordinador de la campaña del PP en Murcia. Elvira Rodríguez coincide: "Con el sistema garantista que tenemos, si a un político lo denuncian, se admite a trámite y no tiene presunción de inocencia. Años después se archiva pero por el camino has perdido tu nombre y que señalen a tus hijos en el colegio". Puxeu incide en que ese temor pesa: "Nadie está libre de que le imputen por poco que gestione dinero público, por una discrepancia técnica puedes acabar en los tribunales. La política hoy es para gente que ame el riesgo o tenga poco que perder".

Juanma Moreno: "No me voy a bajar el sueldo porque se ha bajado durante los últimos 10 años y porque me parece ridícula esa demagogia"

La conversación acaba invariablemente derivando hacia el incómodo tema de los salarios. Juanma Moreno lo abordaba estos día en una entrevista en Onda Cero en la que se le preguntó a bocajarro si se iba a bajar el sueldo. “No me voy a bajar el sueldo porque se ha bajado durante los últimos 10 años y porque me parece ridícula esa demagogia. Estamos denostando a la clase política y después nos encontramos con que no se puede fichar. Yo he sido secretario de Estado y he querido fichar a directores generales y no he podido por las incompatibilidades, por los sueldos… Soy presidente del PP de Andalucía y he intentado fichar a candidatos a alcaldes y me han dicho que no. Vamos a apoyar el sector público y la vida pública de una forma razonable”, dijo.

La todavía presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, ganó 65.000 euros el año pasado y es de los presidentes autonómicos con un menor salario. El sueldo base de un diputado es de unos 2.800 euros, además de una compensación de 1.800 euros para los elegidos en provincias fuera de Madrid. A eso suman complementos por comisiones, aunque algunos partidos obligan a donar un porcentaje a la organización.

Bernabé asegura que es frecuente tentar a profesionales de primer nivel para cargos importantes y que te digan que no por dinero. “No les interesa económicamente. En política no es que seas mileurista pero los mejores ganan más en otras profesiones. Cuando les llamas te dicen 'gano equis y tú me ofreces equis dividido por tres o cuatro. Por mucho que quiera a mi tierra, a mi comunidad o a mi país, no estoy interesado' y lo tienes que entender", resume.

"Cuando abandoné la política tuve que maquillar mi currículum porque nadie me quería. Había sido diputado autonómico y lo cambié por consultor"

No es solo que el sueldo no compense a algunos profesionales, es que la inestabilidad política hace que un cargo público ahora no se sepa cuánto va a durar. "Con el fin del bipartidismo, la política hoy es algo efímero y voluble, así que los cargos no son para toda la vida, ni para ocho años.", explica Puxeu. Los que salen del poder sufren un complicado regreso al mundo laboral, como han comprobado multitud de cargos del PP que sufrieron una moción de censura que nadie esperaba semanas antes. Román Escolano, por ejemplo, dejó un puesto de vicepresidente del Banco Europeo de Inversiones para ser ministro de Economía y en unas semanas estaba en su casa. Como es alto funcionario, técnico comercial del Estado, mantiene su plaza y ese es el perfil cada vez más habitual en el Ejecutivo.

Pedro fue diputado autonómico en La Rioja con el PSOE y accede a hablar con la condición de no identificarlo precisamente porque lucha por enterrar su pasado. Vivió "decentemente" de sus cargos hasta hace un lustro, desde los 23 hasta los 30 años. "Después tuve que abandonar para siempre una vocación que tuve clarísima desde la adolescencia. Me quedé sin cargo por el fin de ciclo y ya nadie quería contratarme. Después de mucho buscar y de un máster, pude por fin reinsertarme".

Pedro acabó maquillando su pasado como político en el currículum. "Me di cuenta de que penalizaba mucho y lo cambié por consultor y cosas así. Había sido diputado y tenía que esconderlo". Dice que no volvería a la política ni loco. "Y mira que me sigue gustando. Pero no voy a volver a pasar por eso y verme descolgado con 50 años sin nada que hacer. Al final solo van a querer entrar los funcionarios".

El problema también afecta a perfiles más altos y carreras más dilatadas. "Todos conocemos casos en el Parlamento a gente que no puede dejar la política aunque estén hartos porque no tienen muchas opciones. Y a gente que se ha quedado descolgada y lo ha pasado realmente mal. Por no hablar de los que sienten que han perdido 10 años de carrera. Imagínate cómo es la reinserción de un cirujano que lleva diez años sin operar…", comenta un exdiputado socialista.

Perdices de granja en el campo

Según Villarroel, el cazatalentos, es realmente complicado recolocar a un político porque no ha desarrollado las habilidades de gestión que se necesitan en una empresa. "Si tuviese que buscar trabajo a alguien que lleva toda la vida trabajando en política en España, no sabría dónde mandarle, dice. "Son dos ecosistemas absolutamente diferentes, como perdices de granja y perdices de campo. Si sueltas mil perdices de granja en el campo sobreviven entre el 5% y el 10%. No saben lo que es una rapaz, no saben buscar comida, no saben nada... Y en la empresa te van a evaluar por los resultados y por competencias que no tienen nada que ver tu pasado".

"Paradójicamente", continúa "cuantos más años has estado con cargos políticos, menos preparado estas para el sector privado más allá de las puertas giratorias como consejero y cosas así". Confirma la sensación un exalto cargo que ha pasado por varios ministerios y que ha logrado un sitio en la privada: "La cultura directiva política se está quedando atrasada respecto a la multinacional. La agresividad, el cortoplacismo y la intimidación son técnicas que no son trasladables a la empresa privada, que de hecho son repudiadas".

Esta disociación de competencias provoca que el tránsito entre lo público y lo privado sea cada vez más complicado y que el paso se dé cada vez con más miedo. Las grandes empresas ya no quieren fichar políticos y además quien entre en un ministerio se arriesga a que la ley de incompatibilidades le obligue a estar dos años en la nevera, cobrando un salario pero sin ejercer en su sector. Mucha gente teme que eso les deje descolgados en su carrera profesional posterior.

Capítulos de Netflix

"Si la cosa sigue así, solo se meterán en política los que no tengan nada mejor que hacer o los funcionarios, a quienes les está esperando su plaza cuando lo dejen o los votantes los expulsen", comenta un ex alto cargo del PP. "Y eso es una tragedia porque en otros países los mejores cerebros van entrando y saliendo a la vida política, un tránsito que enriquece a ambos lados". Sucede, además, que los partidos tradicionales han tenido que redimensionarse con la llegada de Podemos, Ciudadanos y Vox, de manera que están expulsando a los perfiles menos políticos, a la gente que iba y venía. Los puestos de salida en las listas en los partidos tradicionales serán para los profesionales de la política, los más enraizados en los aparatos de los partidos, muchos procedentes de las juventudes.

Villarroel pone como ejemplo virtuoso al ex diputado socialista Eduardo Madina, que lleva desde el otoño de 2017 trabajando para la consultora internacional Kreab, al frente de la unidad de investigación. Madina dice que buscaba una vida "normalizada" y que no se arrepiente ni un minuto de haber dejado la política. En su diagnóstico sobre la situación, opina que uno de los principales problemas para atraer perfiles exitosos de las empresas es la manera de hacer política hoy. "La ficción se ha comido a la realidad política. Ahora la política es como una sucesión de capítulos de Netflix, que da igual que sean contradictorios entre sí porque la narrativa dura un día y los temas no se fijan. No estoy diciendo que sea culpa de nadie en concreto, quizá son los tiempos. Pero si dejamos a un lado Cataluña, ¿cuáles son los temas relevantes del debate político en España actualmente?".

España

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
84 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios