un año de asesinatos mediáticos

De Diana Quer a Laura Luelmo: los crímenes que mantuvieron a España en vilo en 2018

Los asesinatos de la pareja del 'rey del cachopo', del niño almeriense Gabriel Cruz, de la 'viuda negra' o de la pareja de Susqueda han fijado la atención del público durante el año que se va

Foto: Bernardo Montoya, único investigado por asesinar a Laura Luelmo. (EFE)
Bernardo Montoya, único investigado por asesinar a Laura Luelmo. (EFE)

El 31 de diciembre de 2017, los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil detuvieron en Boiro, donde habían perdido la pista de la joven madrileña Diana Quer el 22 de agosto de 2016, a José Enrique Abuín Gey, conocido como El Chicle. Tan solo un día después, el 1 de enero de 2018, el arrestado confesó que había estrangulado a la chica y condujo a los investigadores al pozo donde había arrojado el cadáver, un agujero situado en el interior de una nave abandonada del municipio coruñés de Rianxo.

Comenzaba así un año marcado por la comisión y la investigación de otros crímenes que también mantenían en vilo a la población española. Hacía pocas semanas que se había cumplido un año del asesinato de María del Carmen Martínez, viuda del ex presidente de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, y todavía no había pruebas definitivas contra el único sospechoso, el yerno de la víctima. En la misma situación -un sospechoso pero pocos fundamentos contra él- se encontraba el caso del doble crimen de Susqueda, que el 24 de agosto de 2017 había acabado con la vida de Marc H. L. y Paula M. P.

La Policía sí tenía más clara la identidad del autor del triple asesinato del barrio madrileño de Usera, que provocó la muerte de dos empleadas y un cliente de un despacho de abogados el 22 de junio de 2016. El investigado, sin embargo, había huido a Venezuela tras la lentitud de la burocrática justicia española y las labores para localizarle se complicaban. El asesinato de una joven de 16 años en Madrid el 1 de noviembre de 2017, el del exfutbolista del Amorebieta Ibon Urrengoetxea el 23 de diciembre en Bilbao o la llamativa muerte del conocido delincuente Francisco Javier Martín Sáez, el Niño Sáez, se sumaban a esa lista de crímenes sin resolver con los que se iniciaba el año, que por supuesto también llevaba en la mochila el sempiterno caso Marta del Castillo, cuyo cuerpo aún no ha sido encontrado.

El 8 de enero la Ertzaintza identificó a dos menores (uno de 13 y otro de 16 años) por su presunta vinculación con el caso de Ibon Urrengoetxea, asesinado a golpes tras sufrir un violento robo cuando iba por la calle. El avance se produjo solo diez días después de que la propia Ertzaintza iniciara unas nuevas pesquisas tras encontrar los cadáveres de una pareja de ancianos hallados muertos en su vivienda del barrio bilbaíno de Otxarkoaga tras ser atracados. Estas últimas se resolverían rápido. En concreto, solo cuatro días más tarde, cuando la policía autonómica detuvo a tres menores (14 años cada uno) en las localidades de Balmaseda y Bilbao por su relación con el crimen.

En febrero, los Mossos detenían al sospechoso de asesinar a la pareja de jóvenes en el pantano de Susqueda, Jordi Magentí Gamell, puesto en libertad provisional el pasado 28 de diciembre tras considerar que no había indicios de criminalidad sólidos contra él. El 6 de marzo, la Guardia Civil encontró el cadáver de Paz Fernández Borrego en el embalse de Arbón, a 12 kilómetros de Navia, donde se le perdió la pista el anterior 13 de febrero. La autopsia desveló que había sido asesinada y los investigadores desvincularon su caso del de las otras dos asturianas que habían desaparecido en apenas tres semanas, Lorena Torre y Concepción Barbeira Mariño. Solo una semana más tarde, la Guardia Civil detuvo al presunto asesino, Javier Ledo, quien al principio negó los hechos que finalmente terminó confesando. Fue el mismo día que los agentes del mismo instituto armado encontraron el cadáver de Gabriel Cruz, el niño de ocho años que llevaba 12 días desaparecido.

Los investigadores detuvieron aquel 12 de marzo a la pareja del padre del pequeño, Ana Julia Quezada, como autora del asesinato. La mujer pronto confesaría que ella golpeó al menor porque no le hacía caso. En concreto, aseguró que el pequeño se montó con ella en el coche en la localidad almeriense de Las Hortichuelas para "ir a pintar la casa" de la finca familiar de Rodalquilar, que una vez allí el chico se enfadó y la atacó con una especie de hacha, momento en el que -siempre según el testimonio de la acusada- la mujer reaccionó golpeándole precisamente con esa misma herramienta.

Los padres de Gabriel dan el último adiós a su hijo. (EFE)
Los padres de Gabriel dan el último adiós a su hijo. (EFE)

Una semana después, el crimen volvería a impregnar la Comunidad de Madrid. Un vecino de Getafe asesinó a sus dos hijos, de 8 y 13 años, tras incendiar la vivienda en la que residían. Minutos después, se arrojó a la vía del tren y murió en el acto. Y el 23 de marzo, en el municipio tinerfeño de Arona, un joven de 23 años confesó haber asesinado a sus padres y a su abuelo a puñaladas.

Ya en verano llegó otro crimen mediático, el de Heydi Paz Bulnes, cuyo cuerpo fue encontrado a mediados de agosto descuartizado en una nave industrial propiedad de César Román Viruete, más conocido como 'el rey del cachopo', que llevaba tres semanas desaparecido. El cadáver se encontraba en muy mal estado y por eso la Policía tardó varios días en identificarlo. Román Viruete no sería detenido hasta el pasado 16 de noviembre como principal sospechoso de este homicidio y hoy continúa en prisión provisional.

También en verano tuvo lugar el conocido como crimen de La Orotava, localidad tinerfeña en la que una mujer y sus dos hijas fueron asesinadas el pasado julio por el marido de la primera, un brigada del Ejército que también apareció muerto junto a su familia, aunque en su caso ahorcado. Según la autopsia, la mujer murió estrangulada y las dos niñas asfixiadas. El presunto parricida dejó una nota de suicidio en la que argumentaba que se quitaba la vida por los problemas económicos que tenía. El 22 de agosto, además, la Policía Nacional detuvo a una mujer por asesinar a su marido, con el que llevaba casada apenas 15 días y que contaba 69 años.

La conocida como nueva viuda negra tuvo la ayuda de otro hombre, que sostuvo al esposo para que ella le clavara varias veces un destornillador en el cuello y el pecho mientras un policía fuera de servicio presenciaba toda la escena desde la parte alta de un acantilado de la playa de la Albufereta, en la costa norte de Alicante. El funcionario salió corriendo al tiempo que gritaba, pero no logró paralizar la actuación de la mujer. Si logró, sin embargo, que los dos homicidas fueran detenidos.

La 'viuda negra' de Alicante. (EFE)
La 'viuda negra' de Alicante. (EFE)

En septiembre fue asesinada en Estados Unidos la golfista cántabra de 22 años Celia Barquín Arozamena. La Policía de Ames, una población de 50.000 habitantes ubicada en Iowa, detuvo a Collin Daniel, un hombre de 22 años, como autor del homicidio. El cuerpo de la española fue encontrado en un lago del campo de golf Coldwater con puñaladas en el cuello, la cabeza y el torso, además de heridas en las manos y en los brazos que los investigadores infieren que demostrarían que la chica trató de defenderse de los ataques.

Ese mismo mes no acabarían ahí. Un hombre de 48 años asesinó a sus dos hijas (de dos y seis años) en Castellón y luego se arrojó por la ventana. El presunto asesino llevaba un año separado de la madre, de 42 años, que en ese momento no se encontraba en el domicilio donde se produjeron los hechos. El juzgado de violencia de género tenía dos procedimientos abiertos contra el supuesto homicida, pero ambos se archivaron a petición del fiscal y de la propia víctima.

También una mujer fue la víctima del último crimen mediático del año. Laura Luelmo, una profesora de 26 años que apenas llevaba unos días ejerciendo en la localidad onubense de El Campillo, fue encontrada muerta el pasado 17 de diciembre tras cinco días de búsqueda por parte de la Guardia Civil y un amplísimo número de voluntarios. El cuerpo de la docente fue encontrado después de que los investigadores detuvieran al vecino de la chica, Bernardo Montoya, que pronto confesó que se había fijado en ella desde que llegó al pueblo, que el 12 de diciembre la esperó en la puerta del supermercado, que luego la abordó, la metió en el maletero y la llevó a casa, donde la maniató y le puso una cinta en la boca para que no gritara.

En un descuido, sin embargo, Laura le pegó una patada en las costillas que cabreó al secuestrador, que -según su propio testimonio- reaccionó tirándola con fuerza contra el suelo. De momento, los investigadores esperan que la autopsia confirme el momento y la causa de la muerte, aunque creen que la joven pudo perder la vida aquella misma noche del 12 de diciembre tras el fuerte golpe que le propinó su captor.

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