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Karateca, boina verde y montañero: así es el negociador de Vox en la Junta de Andalucía

El secretario general del partido de Abascal lidera el equipo que trata de pactar con Ciudadanos y con el PP el programa y los nombres de los nuevos gobernantes regionales

Foto: Javier Ortega Smith, durante un mitin en Puerto Banús (Marbella) el pasado 24 de noviembre. (EFE)
Javier Ortega Smith, durante un mitin en Puerto Banús (Marbella) el pasado 24 de noviembre. (EFE)

Vox ha encargado a Javier Ortega Smith (Madrid, 28 de agosto de 1968) la importante labor de negociar con PP y Ciudadanos el programa y los sillones del próximo Gobierno de Andalucía, el primero en democracia que no tendrá ningún representante del PSOE. Para el partido de Santiago Abascal, que tiene la llave de San Telmo, la tarea es también trascendental, dado que supone la primera puesta en escena de su formación tras entrar en las instituciones. Todos los españoles han visto a los dirigentes de Vox moverse en las tertulias e incluso en periodo electoral, pero nunca siquiera como oposición.

Por eso todos ellos —los políticos, en particular— miran con mucha atención cada uno de los movimientos de Ortega Smith, cuyos gestos marcarán tanto el límite donde pone el nivel el partido como su tono, ante el que también hay mucha expectación. En una conversación privada, el secretario general de Vox es educado y respetuoso, aunque también firme en sus convicciones. Sus padres —él español, ella argentina— le llevaron al colegio San Agustín de la madrileña calle del Padre Damián, detrás del Santiago Bernabéu, a pesar de que la familia vivía en Arturo Soria. "Era el que les gustaba", recuerda.

Sus tres hermanos —él es el segundo— iban al mismo centro. Su hermana, al Sagrado Corazón, que está a pocos metros de los Agustinos. "Era media hora en coche cada día", apunta Ortega Smith, que desde que nació tiene la doble nacionalidad española y argentina porque su madre es oriunda de Buenos Aires. Sus dos primeros años de periodo universitario los cursó en Toledo, en un centro dependiente de la Complutense. Los tres últimos, en la Universidad de Alcalá de Henares, donde acabó la carrera de Derecho. Luego, como "quería ejercer como abogado", ingresó en la Escuela de Práctica Jurídica de ICADE.

La opción elegida no era innovadora en la familia. Su abuelo fue letrado mayor del Ayuntamiento de Madrid y su padre ingresó como funcionario en la asesoría jurídica de Renfe. Él no hizo más que seguir la tradición que había visto en casa. De hecho, ya durante la carrera colaboró con su padre en asuntos legales. Aunque también había otros intereses que llamaban su atención. El Ejército como símbolo patrio, el deporte y la montaña formaban parte de su personalidad. Por eso ingresó voluntario en el servicio militar en un destino poco común.

Ortega Smith junto al juez Serrano y Abascal. (EFE)
Ortega Smith junto al juez Serrano y Abascal. (EFE)

Se postuló para cumplir con lo que entonces era una obligación de todos los jóvenes en la Compañía de Operaciones Especiales, conocida por aquel entonces como los boinas verdes españoles. Superó las pruebas y se pasó un año en aquella plaza, que en esa época era ocupada por profesionales y voluntarios. Hoy el órgano ha desaparecido como se entendía —había una compañía en cada región— y se ha reducido al denominado Mando de Operaciones Especiales ubicado en Alicante y conformado íntegramente por personal profesional, como el resto del Ejército.

Su paso por este departamento castrense, uno de los más duros, sin duda marcó su carácter para siempre. Además de ejercer la abogacía tanto en el ámbito contencioso administrativo como en el civil e incluso en el laboral —"defendí a trabajadores y a empresas", asegura—, desde siempre ha cultivado el deporte. En concreto, es experto en artes marciales. "Soy karateka segundo dan", explica con orgullo antes de detallar con más tristeza que satisfacción que estuvo 13 años practicando la especialidad pero que ahora lo ha tenido que dejar. "Tengo una lesión en la rodilla y mi dedicación a la política me lo impide", justifica un hombre cuya imagen pública está asociada a las puertas del Tribunal Supremo, donde el abogado —en representación de Vox— ha logrado abrir un procedimiento judicial contra los líderes independentistas catalanes que protagonizaron el 'procés'.

Su experiencia en derecho penal comenzó cuando se hizo cargo de los servicios jurídicos de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (Denaes), que preside Abascal y que fue el germen —junto a la Plataforma Reconversión de Alejo Vidal-Quadras y el Foro de la Sociedad Civil de Ignacio Camuñas— de lo que hoy es el partido que España asocia con los postulados situados más a la derecha del espectro ideológico. En Denaes abrió causas tan sonadas como las que abrían los juzgados por ultrajes a la bandera o pitadas al himno de España durante las finales de la Copa del Rey que disputaban el Fútbol Club Barcelona y el Athletic Club de Bilbao.

Pero no fue el kárate su única afición deportiva. Tras la mencionada lesión, se centra en hacer buceo, escalar o montar a caballo durante sus vacaciones y en ir al gimnasio o a nadar de lunes a jueves. "Los fines de semana he solido fallar durante estos dos últimos años porque era cuando me recorría España para animar a la gente a que se afiliara", admite. "He recorrido tres veces todas las provincias del país durante este tiempo", asegura. "Nos reuníamos con afiliados, responsables provinciales, medios... Así se ha creado el partido", recuerda el secretario general, que niega "categóricamente" cualquier relación con la secta el Yunque. "Es una chorrada más de las que se han dicho de nosotros", zanja Ortega Smith, quien tanto a nivel público como privado repite las mismas cantinelas.

Ortega Smith, a la derecha, en las puertas del Tribunal Supremo. (EFE)
Ortega Smith, a la derecha, en las puertas del Tribunal Supremo. (EFE)

Afirma —como sostenía Abascal— que su partido no será obstáculo para que haya un nuevo Gobierno andaluz, pero —en línea con su jefe y amigo— pide respeto por sus 400.000 votantes. Explica, de hecho, que él mantuvo la tensión en la negociación previa a la composición de la Mesa del Parlamento regional precisamente por este motivo. "Era absurdo que votásemos por alguien —en referencia a Ciudadanos— que ni siquiera nos lo había pedido", recuerda. Por eso le transmitió a Teodoro García Egea, su homólogo en el PP e interlocutor con la formación de Albert Rivera, que trasladara al partido naranja su exigencia: el secretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas, tenía que llamarle.

García Egea, en labores de mediación al más puro estilo Bill Clinton, dio el mensaje y transmitió también la respuesta. "¿Os vale con que sea Marta Bosquet las que os llame?", le preguntó el paciente representante popular. "De acuerdo, pero que se ponga en contacto con Francisco Serrano", respondió Ortega Smith en una secuencia que rozaba lo cómico, cuando no lo sobrepasaba, como en la siguiente escena. Bosquet telefoneó —casi inmediatamente después de que García Egea trasladara el sí de Vox a Ciudadanos— al juez Serrano. Pero el cabeza de lista de Vox estaba a punto de entrar al baño y rechazó la llamada.

De la tosquedad a la sintonía

Eran poco más de las 22 horas de la noche previa a la votación y aún no se había cerrado el acuerdo porque Ortega Smith mantenía su criterio cual capitán Von Trapp y la formación de Rivera insistía en alejarse incluso físicamente de la formación verde. Sin embargo, un encuentro fortuito cambió todo. Villegas, Juan Marín y la propia Bosquet se encontraron con Serrano, que venía del baño. "Te he estado llamando", le interpeló la ahora presidenta del Parlamento andaluz. "No te podía coger", se limitó a contestar el magistrado en excedencia. "Para pedirte los votos", añadió la representante de Ciudadanos junto a sus dos compañeros de filas.

Tras la fugaz y casi clandestina entrevista, Serrano llamó a Ortega Smith. "En ese momento me di por enterado oficialmente", asegura hoy el secretario general de Vox, que bajó entonces a la sala en la que había estado negociando con el PP, firmó el acuerdo y se hizo la foto que luego publicaron todos los medios y que mostraba la aparente cercanía entre la formación de Pablo Casado y la de Abascal. Una proximidad que, sin embargo, no era tan real como utilitaria. Fuentes del PP, de hecho, aseguran que inicialmente tenían muchos recelos respecto a Ortega Smith.

"Al principio daba la impresión de ser un poco tosco en la negociación, desconfiado incluso, porque no parecía conocer bien el funcionamiento de la mesa, pero luego empezó a haber cierta sintonía", explican fuentes populares, que entienden que ese carácter brusco de Ortega Smith se difuminó conforme avanzaban las conversaciones. Su temperamento, sin duda fruto de sus convicciones y su formación militar, es visible tanto en las apariciones públicas que protagoniza el hispanoargentino como en las distancias cortas, en las que, como indican desde el PP, su carácter se amortigua.

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