aún se desconoce dónde murió la chica

Impulsivo y desorganizado: el perfil psicológico del asesino de Laura Luelmo

El carácter espontáneo y brusco de Bernardo Montoya ha permitido a la Guardia Civil encontrar pruebas contra él, pero no facilita establecer un relato claro sobre algunos puntos del caso

Foto: El jefe de la Comandancia de Huelva, Ezequiel Romero, y el teniente coronel de la UCO Jesús García, ayer durante la rueda de prensa sobre el crimen de Laura Luelmo. (EFE)
El jefe de la Comandancia de Huelva, Ezequiel Romero, y el teniente coronel de la UCO Jesús García, ayer durante la rueda de prensa sobre el crimen de Laura Luelmo. (EFE)

Bernardo Montoya, el presunto asesino de Laura Luelmo, no es un hombre metódico ni ordenado. No tenía todo previsto ni planificaba demasiado las cosas. Más bien al contrario, el vecino de la localidad onubense de El Campillo -ahora en prisión preventiva- es "impulsivo" y "desorganizado". Son las palabras exactas que utilizó ayer el teniente coronel de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil Jesús García, uno de los responsables de la investigación de un caso que ha conmocionado a la población española desde que saltó a la luz pública a mediados de diciembre, para describir al detenido.

Impulsivo y desorganizado: el perfil psicológico del asesino de Laura Luelmo

Según este mando, su perfil no responde al de alguien que hubiera programado cada detalle antes de cometer el crimen con el fin de dificultar las labores policiales, sino al de quien actúa por improvisación. Así se desprende de hecho de las líneas que sigue de momento la investigación, que apuntan a que Montoya llevaba varios días fijándose en la nueva chica que había llegado al pueblo y que un día, sin planificarlo, la siguió hasta el supermercado. Esto último ocurrió el pasado 12 de diciembre. La esperó en la puerta de la tienda y, cuando la joven salió, la abordó, la metió en el maletero de su coche y la llevó hasta su casa. Lo corroboran tanto el testimonio del propio detenido como el tiquet de compra que los agentes encontraron en la casa de Montoya, fechado a las 17.20 horas del día de los hechos.

No pensó en qué hacer después ni en cómo borrar sus huellas ni en qué hacer si el 'plan' inicial se torcía. Simplemente actuó por impulso. "Prioriza dar rienda suelta a sus instintos antes que la prevención que debería tener para no dejar pruebas", explican a El Confidencial fuentes de la investigación, que consideran que esta espontaneidad como rasgo característico de su personalidad ha facilitado, de hecho, el acceso por parte de la Guardia Civil a elementos probatorios que sin duda tendrán un papel decisivo en el procedimiento judicial para condenar a Bernardo.

Estas peculiaridades de su temperamento, de hecho, las vieron con claridad los agentes cuando registraron la casa del sospechoso. Descubrieron señales de que no había hecho demasiados esfuerzos para borrar pruebas que le incriminaran. En concreto, los especialistas en inspecciones oculares de la Guardia Civil -que viajaron desde los servicios centrales del cuerpo en Madrid- detectaron sangre de Laura en la fregona y en otros lugares de la estancia. El esfuerzo por borrar estos indicios de haber infringido daño a la chica en su casa, por lo tanto, había sido ínfimo en comparación con el que realizó para satisfacer sus instintos.

El propio Montoya, en línea con lo que consideran los investigadores que ocurrió, admitió que tras introducir a la chica en su vivienda le ató las manos con una cuerda y le puso una cinta aislante en la boca para evitar que gritara. Luego, también en línea con ese carácter improvisador, la dejó tirada en el suelo y corrió de vuelta hacia la puerta de su inmueble con el fin de recoger un brasero que se había dejado y que podría provocar que algún vecino le tocara el timbre. Al regresar con el brasero, de hecho, sus frágiles planes estuvieron a punto de desvanecerse.

A la entrada le esperaba Laura, que tenía las manos atadas pero no los pies. La joven se había puesto de pie y propinó una fuerte patada a su raptor en el costado. El golpe, de hecho, provocó que días después Bernardo acudiera al centro de salud para ser atendido, una visita que también utilizan los investigadores para atar cabos sobre lo ocurrido y montar una hipótesis que los agentes consideran como la más plausible. En esta línea, de hecho, se enmarca también la reacción que los responsables de la Guardia Civil consideran que ocurrió después de que Laura pateara a su secuestrador.

Montoya reaccionó de acuerdo a su personalidad. Respondió al impacto con un porrazo más violento. Según confesó él mismo, se cabreó y arrojó a la chica al suelo con fuerza tal que pudo provocarle un daño irreversible e incluso la muerte en ese mismo momento. Este último extremo aún tienen que delimitarlo los responsables de las pesquisas, que de momento no han establecido la hora exacta en la que se produjo el fallecimiento. Tan solo tienen constatado que tanto Laura como su agresor salieron de la vivienda "relativamente pronto". En concreto, apenas estuvo entre las 17.20 y las 18.10 horas. Así lo indica, además del mencionado tiquet, el análisis de los teléfonos móviles de ambos, que todavía tiene que ser afinado más por los especialistas, e incluso la declaración de un testigo que aseguró haber visto al sospechoso con el maletero abierto pasadas las 18 horas.

Los puntos oscuros de la investigación

Se trata de hecho del período más oscuro de la investigación, el que pasó entre el momento en el que Montoya golpeó a su víctima contra el suelo y en el que dejó tirado el cadáver, hallado el pasado 17 de diciembre -cinco días después de la desaparición- en el campo, a entre cinco y diez kilómetros de la población, una distancia que ayer el coronel jefe de la Comandancia de Huelva, Ezequiel Romero, no supo determinar con exactitud durante la rueda de prensa que ofreció junto al teniente coronel de la UCO Jesús García. La principal hipótesis apunta a que el asesino se llevó a su víctima en el maletero, tras golpearla contra el suelo, al campo, donde la habría agredido sexualmente. Sin embargo, la posición del cadáver indicaba que se había movido.

Impulsivo y desorganizado: el perfil psicológico del asesino de Laura Luelmo

Los agentes encargados de las diligencias consideran que paradójicamente no será fácil establecer cada uno de los pasos que dio el asesino. Mientras su carácter impulsivo ha sido determinante para recabar pruebas contra él porque no reparaba demasiado en dejar rastro, argumentan, ese tipo de personalidad también le habría llevado a actuar sin planificación ni organización, de forma caótica, sin que haya una razón clara para proceder en cada momento. Por ahora, según se ha limitado a decir el propio detenido, tras golpear a la chica contra el suelo, se asustó, la metió en el maletero y se la llevó al campo.

Romero relató que el móvil de Laura luego regresó hasta la casa de Montoya. "Lo rompió y por eso ahí nos da la última señal", describió el coronel, que explicó también que del período oscuro tan solo tienen elementos puntuales que apuntarían a una línea de investigación. "Estamos seguros de que la noche del 12 al 13 Laura no estuvo en la casa del sospechoso", añadió García. "Creo que sí murió esa noche", aventuró antes de matizar que el momento exacto y el lugar aún no están claro. Lo determinará la autopsia definitiva -de momento el forense ha entregado un adelanto-, que los investigadores prevén que sea muy exhaustiva, dado que el cuerpo se encontró bien conservado debido a las bajas temperaturas que hay en la zona.

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