su fuga duró 24 años

La AN pide extraditar al autor de la matanza de Atocha: le quedan 10 años más en prisión

Aunque el autor de la matanza fue condenado a más de un siglo de prisión, en 1991 se le concedió la libertad condicional y en 1994 solicitó autorización judicial para salir de España

Foto: El autor de la matanza de Atocha tras huir de España. (Foto: EC)
El autor de la matanza de Atocha tras huir de España. (Foto: EC)

La Audiencia Nacional ha instado este martes al Gobierno de Pedro Sánchez a que solicite a Brasil la extradición de Carlos García Juliá, autor de la matanza de Atocha y detenido el pasado 5 de diciembre en Brasil tras 24 años de huida. La Sala de lo Penal recuerda en este sentido que el sujeto fue condenado a 193 años de prisión en 1980, una pena "de la que le restan por cumplir un total de 3.855 días".

Aunque el autor de la matanza fue condenado a más de un siglo de prisión, en 1991 se le concedió la libertad condicional y en 1994 solicitó autorización judicial para salir de España por una oferta laboral en Paraguay. Después de abandonar el país con dicho permiso, el pistolero ignoró entonces los requerimientos judiciales de presentarse cada mes en la embajada de Asunción, pasando así a ocupar un puesto en la lista de fugitivos nacionales hasta este miércoles.

En un auto de este martes, la Sala concluye que "concurren todos los requisitos legales" para pedir la entrega de García Juliá, pues le queda más de un año de cárcel pendiente, condición que impone el tratado bilateral de extradición con Brasil. Asimismo, la Audiencia Nacional entiende que la pena no ha prescrito porque aún no han pasado 30 años desde el último acto procesal emitido en este caso, un auto de 2001 en el que la justicia española pidió a Bolivia, donde había sido detenido, que lo extraditara.

24 de enero de 1977

Minutos antes de las diez y media de la noche del 24 de enero de 1977, los ultras de extrema derecha Carlos García Juliá y José Fernández Cerrá tocan el timbre del número 55 de la calle de Atocha. Pistola en mano, preguntan a Luis Javier Benavides, el abogado que les abre la puerta, dónde se encuentra "el de las pecas, el andaluz": buscan al dirigente comunista Joaquín Navarro, que ha abandonado el despacho poco antes. Su ausencia, sin embargo, no hace que se vayan. Reúnen a los nueve trabajadores que se encuentran en la oficina, los alinean y vacían sus cargadores. La noche deja un saldo de cinco asesinados y cuatro heridos graves: los muertos son los abogados laboralistas Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo; el estudiante de derecho Serafín Holgado, y el administrativo Ángel Rodríguez Leal.

García Juliá y Fernández Cerrá fueron condenados en 1980 a 193 años de prisión por el crimen. Afiliado a Fuerza Nueva y después a Falange Española, el primero alega ante el juez que no sabe cómo pudo disparar a sangre fría. El informe psiquiátrico, sin embargo, sí da una idea sobre el motivo: "Sus imperativos ideológicos adoptan un mecanismo de resistencia más que de actividad, como es frecuente en los idealistas apasionados pasivos, los fanáticos", explica el psiquiatra tras su examen, que se recoge en el libro 'La Matanza de Atocha' de Jorge M. Reverte e Isabel Martínez Reverte.

Después de una década en la cárcel, García Juliá consigue la libertad condicional en 1991 y una autorización judicial para salir de España por una oferta de trabajo en Paraguay en 1994. Después de abandonar el país, el asesino ignora los requerimientos judiciales, pasando así a ocupar un puesto en la lista de fugitivos nacionales. A partir de ese momento, comienza una búsqueda que ha durado más de dos décadas, hasta que García Juliá fue detenido este mes Sao Paulo. Según explican fuentes policiales, el asesino mantuvo su mentira hasta el último momento, pues mientras le ponían las esposas, él les aseguró que no era más que un conductor de Uber que respondía al nombre de Genaro Antonio Materan Flores.

Su detención llega después de una larga investigación en la que los agentes han ido cruzando bases de datos y documentos con las policías de distintos países de Sudamérica. De todos modos, el caso está lejos de cerrarse, pues ahora queda averiguar si García Juliá ha contado con cómplices en su huida. "Hasta ahora no hay nada que nos haga pensar que contaba con ayuda externa de algún grupo delincuencial o político de extrema derecha. Más bien al revés, parece que supo leer que solo separándose del mundo criminal podría seguir escondido", explican fuentes cercanas a la investigación. Ahora queda por ver si esta hipótesis se mantiene conforme avanzan las pesquisas.

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