YA ESTUVO EN PRISIÓN POR OTRA MUERTE VIOLENTA

Bernardo Montoya, así es el principal sospechoso del asesinato de Laura Luelmo

Ya fue condenado en 1997 a una pena de 20 años por otro asesinato, de los que cumplió 17 en la cárcel hasta salir en libertad el pasado mes de octubre

Foto: Bernardo Montoya, el principal sospechoso del asesinato de Laura Luelmo.
Bernardo Montoya, el principal sospechoso del asesinato de Laura Luelmo.

La Guardia Civil ha detenido a Bernardo Montoya como presunto autor del asesinato de Laura Luelmo, cuyo cadáver apareció este lunes semidesnudo y oculto entre los arbustos de un paraje cercano a la localidad de El Campillo (Huelva), donde vivía desde hacía 20 días. La joven profesora de 26 años se había mudado allí para trabajar en un instituto cercano, hasta que la fatídica tarde del miércoles desapareció. Ahora, los focos caen sobre el gemelo de su vecino.

Tras encontrarse el cuerpo sin vida de Laura, algunos vecinos señalaron a Luciano Montoya, un hombre que acababa de salir de prisión después de cumplir una pena de 15 años por matar a una mujer de 35 años usando un 'modus operandi' similar al que acabó con la vida de la joven. Sin embargo, pronto descubrieron que no podía ser él: aunque estaba en libertad, salió de prisión este mismo lunes, por lo que cuando desapareció la profesora, él aún continuaba en la cárcel.

Lo que la opinión pública no podía esperar es que ese hombre tuviera un gemelo, de nombre Bernardo, que también contaba con un amplio historial delictivo, pues ya había sido condenado a pena de prisión por otro asesinato, entre otros delitos como allanamiento, robo con violencia u obstrucción a la Justicia. Según ha podido saber El Confidencial, han sido los vecinos del pueblo los que pidieron a los cuerpos de seguridad que pusieran el foco en ambos hermanos.

El 13 de diciembre de 1995, Bernardo Montoya mató a una anciana de 82 años en Cortegana, una localidad cercana a El Campillo, tras darle varias puñaladas y cortarle el cuello con un machete. Fue condenado en 1997 a una pena de 20 años, de los que cumplió 17 en la cárcel hasta salir en libertad el pasado mes de octubre, con 50 años recién cumplidos. Según ha podido saber este medio, la propia Laura le confesó a su novio que no le daba buena espina ese hombre porque la miraba mucho.

Aquel asesinato se produjo para evitar que la anciana le incriminara directamente en un juicio por robo que tenía pendiente. Lo que los cuerpos de seguridad sí pudieron determinar es que Bernardo cometió aquel crimen bajo los efectos de la heroína y de la cocaína, dos sustancias a las que era adicto. Con el pelo canoso y de complexión fuerte, forma parte de una familia de etnia gitana de nueve hermanos, que se encuentran viviendo en diferentes puntos de Huelva y Cataluña.

Cuando comenzaron las pesquisas policiales en el pueblo, Bernardo trató de huir, hasta el punto de que la policía logró detenerle tras una persecución en coche, cuando ya se encontraba a más de 50 kilómetros de distancia de El Campillo. Las autoridades le tenían monitorizado y, en el momento de intentar escapar, montaron un control policial para detenerle: pese a darle el alto, no paró, lo que provocó que se le persiguiera hasta conseguir reducirle.

Esta es la desvencijada casa en la que se alojaba Bernardo Montoya. (Isabel Morillo)
Esta es la desvencijada casa en la que se alojaba Bernardo Montoya. (Isabel Morillo)

Este intento de fuga se produjo después de que varios vecinos confirmaran ante la Guardia Civil que habían visto a Bernardo la noche de la desaparición de Laura Luelmo con una caja y una manta. Según ha podido saber El Confidencial, la casa en la que Laura Luelmo vivía, a escasos metros de la de Luciano y donde ahora vivía su gemelo, un día también fue propiedad de la familia Montoya, aunque ya estaba completamente desvinculada de ella.

Laura se encontraba haciendo una sustitución de otra profesora embarazada, de quien en la actualidad era propiedad la casa y quien se la dejó para que la joven pudiera ahorrarse el precio de la pensión que pagaba en la vecina localidad de Nerva, donde daba clase. Otro de los vecinos que han declarado aseguró que Bernardo no se relacionaba absolutamente con nadie, que entraba y salía normalmente con su coche, un utilitario de color negro.

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