HACIA EL CONSEJO DE MINISTROS DEL 21-d

Moncloa enfila su semana clave en Cataluña con temor de los barones y miedo al fiasco

Tiempo de descuento para una jornada complicada para evitar disturbios y con una cita con Torra en el aire. El Gobierno espera que el Govern controle la situación. La alarma sigue en los territorios

Foto: Pedro Sánchez, junto con el presidente de la ONCE, Miguel Carballeda, el pasado 15 de diciembre en Ifema, en Madrid. (EFE)
Pedro Sánchez, junto con el presidente de la ONCE, Miguel Carballeda, el pasado 15 de diciembre en Ifema, en Madrid. (EFE)

El Gobierno se somete a un duro examen antes del arranque del parón navideño. Un Consejo de Ministros en Barcelona, blindado para evitar que pueda frustrarse y acabe con incidentes, y una reunión de Pedro Sánchez con Quim Torra en principio algo más encarrilada pero todavía en el aire. El Ejecutivo quiere retomar la senda del diálogo "constructivo" y "sereno" con la Generalitat, sin aparcar los mensajes de firmeza al 'president'. La estrategia de apaciguamiento con Cataluña continúa, ahora más trufada de avisos, y es la que inquieta a un sector del PSOE, que teme que la ola que se llevará con seguridad por delante a Susana Díaz llegue a sus territorios en las autonómicas, municipales y europeas del 26 de mayo. Pero en La Moncloa saben también que la cita del 21 de diciembre, en función de cómo discurra, puede determinar la suerte de las relaciones futuras con el Govern. Si la situación se desborda por completo, la ruptura con el soberanismo estará más cerca.

El 21-D, cuando se cumpla un año de los últimos comicios catalanes, será, en fin, "la prueba del algodón". La expresión la acuñó la pasada semana el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, siempre gráfico y expeditivo cuando le toca pronunciarse sobre Cataluña. El viernes se verá, dijo, si han surtido efecto las amenazas del Gobierno a la Generalitat, conminándole a garantizar la seguridad y el mantenimiento del orden público después de que los comités de defensa de la república (CDR) lograran bloquear la AP-7 y levantar las barreras de los peajes de varias autopistas gracias a la inacción de los Mossos. El viernes se verá, continuó Borrell, si "el que manda en las fuerzas encargadas del orden público les deja cumplir con su misión y la cumplen".

El Ejecutivo confía en que el Consejo de Ministros se pueda celebrar con normalidad, y que el Govern sabrá mantener la calle bajo control, pese a las amenazas de los activistas, que buscan paralizar la capital catalana. "Nosotros garantizamos, como no puede ser de otra manera, tanto la seguridad de la reunión como la libertad de expresión y de concentración", decía Torra este domingo, sin anticipar si finalmente se avendrá a su entrevista con el presidente. Ese mensaje de que los Mossos esta vez actuarán si hay disturbios lo llevan repitiendo en los últimos días distintos cargos de la Generalitat. Pero el Gobierno no acaba de fiarse, y la mejor prueba de que debajo de las palabras están los recelos se halla en el importante despliegue que tiene previsto el Ministerio del Interior, a cargo de Fernando Grande-Marlaska. Más de 1.000 policías y guardias civiles velarán por la seguridad en la ciudad y sobre todo en el entorno de la Casa Llotja de Mar —donde se celebrará el Consejo—, efectivos a los que hay que sumar todos los 'mossos' que destine el Govern.

"No queremos ni imaginarnos un escenario dramático de cara al 21-D", aseguran en el Ejecutivo, que prepara ya el dispositivo policial


Lo que se quiere evitar a toda costa es que se repita un 1-O, las imágenes de cargas policiales que los independentistas encontraron como regalo en la jornada del referéndum ilegal y que les sirvieron para denunciar la "represión" de España en el exterior. "No queremos ni imaginarnos un escenario dramático de cara al 21-D. Si algo ocurriera, sería un fracaso, en primer lugar, achacable al Govern, por no saber controlar la situación", sentencia un alto mando del Ejecutivo, en conversación con este diario.

ERC marca distancias

La evolución de los últimos días invita a un cierto optimismo. Los episodios en las autopistas catalanas el pasado fin de semana encolerizaron al Gobierno y desencadenaron unos episodios de alta tensión con Barcelona. Tres ministros enviaron sendas cartas de advertencia a sus homólogos catalanes para que dieran explicaciones por lo ocurrido y reiterarles que no aceptarían que ocurriera lo mismo una vez más. El Govern rebajó el tono y Sánchez no lanzó medidas coercitivas contra Cataluña, pero sí prometió una respuesta "firme pero serena, proporcional pero contundente, del Estado social y democrático de derecho".

La tensión se ha ido reconduciendo en los últimos días. Torra apela al entendimiento y Junqueras señala que no romperá los puentes con Sánchez

En las siguientes horas, se allanaba el camino hacia una entrevista Sánchez-Torra y las dos partes continuaban destensando la cuerda. El sábado, en su última intervención pública, el mandatario socialista llamaba al "diálogo sereno, moderado, sensato y dentro de la legalidad". A la vez, los políticos independentistas encarcelados, que afrontan desde mañana martes el arranque del juicio del 'procés', llamaban a sus seguidores a la "serenidad", mientras que el 'exvicepresident' Oriol Junqueras extendía su mano hacia el Ejecutivo de Sánchez —ERC "no romperá los puentes de diálogo" con el Gobierno— y advertía a los CDR de que "con encapuchados" no se ensanchará la base soberanista ni se podrá construir "la república catalana". Torra llamaba asimismo al acercamiento: "Estamos condenados a entendernos". Todos estos gestos hacen pensar al equipo del presidente que no habrá episodios de violencia el viernes. Pero si los hay, señalan en su círculo, "tendrán que asumir las consecuencias".

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"Habrá una respuesta proporcional a cada situación que se produzca", añaden las mismas fuentes. Y aunque el foco se esté centrando en el 21-D, en La Moncloa sí avisan de que no será el único elemento sobre el tapete: "Habrá que ver qué hace Torra, qué pasa con los presos y su huelga de hambre, el juicio del 'procés"... Todo ello hace que el escenario sea imprevisible. El siguiente escalón para apretar a la Generalitat sería la activación de la Ley de Seguridad Nacional —hipótesis que sí se barajó a comienzos de esta semana pasada—, que permite al Gobierno dar órdenes a los Mossos y obligar al Govern a proporcionar medios y recursos materiales y humanos ante una situación de emergencia.

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El segundo peldaño sería un nuevo despliegue del artículo 155 de la Constitución, que PP y Ciudadanos no cesan de exigir día tras día. Los socialistas consideran que no se han dado las condiciones para intervenir la autonomía catalana, pero también avisan de que no les "temblará la mano" si el escenario de 2017 se repite y se quebranta la legalidad.

Las dudas del ministro

La cautela por lo que pueda ocurrir (y desencadenar) el 21-D existe. Las dudas del ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, sobre la conveniencia de celebrar el Consejo de Ministros en Barcelona, rápidamente corregidas desde La Moncloa, eran la verbalización de esa intranquilidad. El número tres no improvisó: la víspera, en la reunión del comité electoral del partido, también se pudo escuchar esa misma reflexión.

Page y Lambán defienden abrir el debate de la ilegalización de los soberanistas, pero Puig y Vara sí mantienen una posición mucho más matizada

La alarma es mayor en los territorios. Los temores se desataron a raíz de las elecciones andaluzas del 2 de diciembre, que contra pronóstico castigaron con dureza al PSOE y sacarán del poder a Susana Díaz. Algunos barones socialistas comenzaron a expresar su preocupación por los efectos de la política de distensión con Cataluña dirigida por Sánchez. Primero, de forma discreta. Pero en la última semana se han sucedido las voces críticas. Varios de los secretarios generales que apoyaron a la jefa de la Junta en 2017 fueron desmarcándose, expresando opiniones muy duras con los separatistas y nada convergentes con Ferraz.

El rey Felipe VI, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, el pasado 13 de diciembre en el cuartel general del Grupo Especial de Operaciones de la Policía Nacional (GEO) en Guadalajara. (EFE)
El rey Felipe VI, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, el pasado 13 de diciembre en el cuartel general del Grupo Especial de Operaciones de la Policía Nacional (GEO) en Guadalajara. (EFE)

Abrió fuego el presidente manchego, Emiliano García-Page, al deslizar la idea de que quizá convenga abrir el debate en el futuro de la ilegalización de los partidos independentistas si vuelven a saltarse la ley. Idea que horas más tarde suscribió el jefe del Ejecutivo aragonés, Javier Lambán, uno de los barones más críticos con Sánchez durante su primer mandato y en unas primarias convertidas en una batalla campal a cuenta, también, de la relación con ERC y PDeCAT. En ambos presidentes, como insistían fuentes de su entorno, no opera ninguna voluntad de tumbar a Sánchez, pero sí su deseo de mostrar firmeza y reiterar su posición beligerante contra los separatistas de cara a sus votantes.

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Los socialistas manchegos recuerdan siempre que su comunidad no es como Andalucía, que su electorado es más conservador —el PP ha ganado todas las generales en la región desde 1996— y que eso explica el perfil más centrista de su líder, ahora Page y antes José María Barreda y José Bono. Lambán, por su parte, cree que la vecindad de Cataluña influirá más aún en sus autonómicas y la marea puede arrastrarle. De ahí que busque poner pie en pared. Desmarcándose. El presidente reconoció que "no comparte del todo" el optimismo de Sánchez respecto a Cataluña. "Soy pesimista, pienso que a no mucho tardar no le va a quedar más remedio que asumir todas las competencias en materia de orden público" en la comunidad. Y añadió que los barones andan "preocupados" ante lo que considera "un ataque a los pilares democráticos". Para Page, el desafío secesionista se "cuela en todos los programas electorales" y pudo centrar el 80% del debate de los comicios andaluces.

Reflexiones más "anecdóticas"

La portavoz del Ejecutivo, Isabel Celaá, se desmarcó a su vez de las "reflexiones" de los barones socialistas. "Yo no voy a hacer como los barones —decía este domingo en una entrevista en 'El Norte de Castilla' Óscar Puente, alcalde de Valladolid y portavoz de la dirección federal del PSOE—. He apoyado a Pedro y estoy convencido de que he hecho lo correcto. Este es un Gobierno que está en una situación complicada, porque el país está en una situación complicada". Días antes, no obstante, el dirigente había plasmado su inquietud por la deriva catalana: si el separatismo sube la tensión, afirmó, entonces el Ejecutivo tendrá que ir a una "situación más drástica".

Los barones temen que la estrategia de mano tendida con Cataluña les castigue en sus comicios. Zapatero anima a Sánchez a seguir ese camino

En La Moncloa recordaban este domingo que el criterio de los barones no es único. Y no lo es. Las voces del valenciano Ximo Puig y del extremeño Guillermo Fernández Vara eran mucho más matizadas. El primero, porque, pese a apoyar a Díaz en 2017, sí es más sensible a esa concepción de la España plurinacional que el PSOE consagró en su último congreso (sensibilidad que comparte la balear Francina Armengol). El segundo, porque se acercó a Sánchez en cuanto la andaluza fue derrotada. Puig ha condenado también los gestos y palabras "irresponsables" de Torra —el 'president' defendió la vía eslovena a la independencia, que trajo consigo muertos y heridos—, pero ha abogado por el diálogo como el único camino posible. Y Vara advirtió de que hay que tener "cuidado" a la hora de hablar de ilegalizar partidos. "Las reflexiones de Page y Lambán son más anecdóticas que otra cosa", agregaban en el equipo del líder.

Moncloa enfila su semana clave en Cataluña con temor de los barones y miedo al fiasco

Sánchez almorzó el pasado miércoles en La Moncloa con sus barones más fieles, los que aún no son presidentes autonómicos. En la cita se habló de las andaluzas y se convergió en que buena parte de la debacle del PSOE-A era computable a Díaz y a su diseño de campaña, y mucho menos a la política con Cataluña. Pero otros sí advirtieron de que en algunos territorios Cataluña podría pesar en las autonómicas del 26-M. Una influencia que sería aún más poderosa si Sánchez decidiera sumar las generales a esa jornada, un superdomingo que una gran parte de los candidatos socialistas rechaza porque podría poner en peligro las cuotas de poder conquistadas en 2015.

El presidente recibió, horas antes de enfilar la semana clave de su relación con el Govern, el espaldarazo de José Luis Rodríguez Zapatero. En una entrevista con 'El Mundo', le apremia a seguir la vía de la distensión. "Lo animo y lo estimulo a seguir por ahí —sostiene—. Cada vez que hablo con un ministro del Gobierno le digo que no hay ninguna duda de que la vía es el diálogo. Sabiendo que es dificilísimo, que vamos a sufrir. El PSOE, una vez más, tiene que ser el gran actor de la convivencia en España, capaz de hablar con los independentistas y con la derecha". Zapatero, que apoyó activamente a Díaz en las primarias, respalda con entusiasmo a Sánchez: "Ha ganado liderazgo con la moción de censura. Porque tomó una iniciativa arriesgada y la ganó. Hizo un buen Gobierno y está haciendo lo correcto".

Moncloa enfila su semana clave en Cataluña con temor de los barones y miedo al fiasco

El Gobierno cruza los dedos de cara al viernes. Igual que la semana pasada la situación fluyó de más a menos tensión, ahora podría ocurrir lo contrario. O no. Cataluña es una montaña rusa y nadie es capaz de prever la maduración de los acontecimientos.

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