detenido tras 24 años de búsqueda

"Paracaidista y detective privado": así buscó empleo el pistolero de Atocha en Brasil

Piloto de helicóptero, psicólogo, detective privado... El pistolero no escatimaba en títulos al buscar trabajo en Sudamérica, a donde huyó como fugitivo por la matanza de los abogados de Atocha

Foto: Fotografía del autor de la matanza de Atocha tras huir de España. (Foto: EC)
Fotografía del autor de la matanza de Atocha tras huir de España. (Foto: EC)

La huida de Carlos García Juliá, condenado a 193 años de cárcel por la matanza de los abogados de Atocha en 1977, llegó a su fin el pasado 6 de diciembre en Brasil. La Policía Nacional descubrió que el pistolero se ocultaba en Sao Paulo bajo el nombre de Genaro Antonio Materan Flores y, tras 24 años de búsqueda, le puso las esposas. Con el asesino ya en el calabozo, los investigadores tratan ahora de reconstruir sus últimas dos décadas en Latinoamérica, tiempo en el que García Juliá aseguraba en sus entrevistas de trabajo que era suboficial paracaidista, detective privado y consejero de seguridad de destacados empresarios.

A los investigadores les sorprende en este sentido que, al margen del crimen, el detenido no ocultara su pasado en España. Según explican fuentes policiales a este diario, García Juliá se presentaba como militar con formación internacional y aseguraba que era suboficial de paracaidismo, aprovechando así la experiencia que había adquirido durante su juventud: hijo de un comandante de Artillería, entró al servicio militar con 17 años como voluntario en paracaidismo y alcanzó la graduación de cabo. Al mismo tiempo, el detenido reconocía haber trabajado en García y Febrel, una empresa de espionaje e informes comerciales que montó en España con otro ultra de extrema derecha tras salir de prisión.

Diferenciar las verdades de las mentiras en el relato del detenido se convierte por tanto en uno de los puntos claves de la investigación. Las fuentes policiales consultadas por este diario explican que García Juliá presumía incluso de haber sido consejero de seguridad de destacados presidentes de empresas brasileñas, así como de sus correspondientes directivos. Aunque los agentes no han podido confirmar estos empleos, el pistolero no mentía al hablar de su paso por ciertas empresas sudamericanas, lo que mantiene por el momento la duda en el aire.

Piloto de helicóptero, licenciado en Psicología, detective privado, gerente de ventas, gerente de exportación agrícola, gerente de pymes, investigador industrial, conductor profesional, experto en prevención y blanqueo de capitales... García Juliá no escatimaba en títulos a la hora de buscar empleo en Sudamérica, por donde se movía con la identidad falsa de un ciudadano venezolano. Según sostenía en las entrevistas, desde los años setenta no había dejado de trabajar en ningún momento, acumulando experiencia en países como España, Paraguay o Venezuela, un recorrido profesional para el que ocultaba los 14 años que pasó en prisión por el asesinato a sangre fría de 5 personas.

El 24 de enero de 1977

Minutos antes de las diez y media de la noche del 24 de enero de 1977, los ultras de extrema derecha Carlos García Juliá y José Fernández Cerrá tocan el timbre del número 55 de la calle de Atocha. Pistola en mano, preguntan a Luis Javier Benavides, el abogado que les abre la puerta, dónde se encuentra "el de las pecas, el andaluz": buscan al dirigente comunista Joaquín Navarro, que ha abandonado el despacho poco antes. Su ausencia, sin embargo, no hace que se vayan. Reúnen a los nueve trabajadores que se encuentran en la oficina, los alinean y vacían sus cargadores. La noche deja un saldo de cinco asesinados y cuatro heridos graves: los muertos son los abogados laboralistas Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo; el estudiante de derecho Serafín Holgado, y el administrativo Ángel Rodríguez Leal.

García Juliá y Fernández Cerrá fueron condenados en 1980 a 193 años de prisión por el crimen. Afiliado a Fuerza Nueva y después a Falange Española, el primero alega ante el juez que no sabe cómo pudo disparar a sangre fría. El informe psiquiátrico, sin embargo, sí da una idea sobre el motivo: "Sus imperativos ideológicos adoptan un mecanismo de resistencia más que de actividad, como es frecuente en los idealistas apasionados pasivos, los fanáticos", explica el psiquiatra tras su examen, que se recoge en el libro 'La Matanza de Atocha' de Jorge M. Reverte e Isabel Martínez Reverte.

Después de una década en la cárcel, García Juliá consigue la libertad condicional en 1991 y una autorización judicial para salir de España por una oferta de trabajo en Paraguay en 1994. Después de abandonar el país, el asesino ignora los requerimientos judiciales, pasando así a ocupar un puesto en la lista de fugitivos nacionales. A partir de ese momento, comienza una búsqueda que ha durado más de dos décadas, hasta que García Juliá fue detenido este mes Sao Paulo. Según explican fuentes policiales, el asesino mantuvo su mentira hasta el último momento, pues mientras le ponían las esposas, él les aseguró que no era más que un conductor de Uber que respondía al nombre de Genaro Antonio Materan Flores.

Su detención llega después de una larga investigación en la que los agentes han ido cruzando bases de datos y documentos con las policías de distintos países de Sudamérica. De todos modos, el caso está lejos de cerrarse, pues ahora queda averiguar si García Juliá ha contado con cómplices en su huida. "Hasta ahora no hay nada que nos haga pensar que contaba con ayuda externa de algún grupo delincuencial o político de extrema derecha. Más bien al revés, parece que supo leer que solo separándose del mundo criminal podría seguir escondido", explican fuentes cercanas a la investigación. Ahora queda por ver si esta hipótesis se mantiene conforme avanzan las pesquisas.

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