resaca del debate sobre cataluña

Vox llega al Congreso de la mano de Sánchez y Casado se doctora en la tribuna

El presidente del Gobierno sacó su móvil en la tribuna para leer parte del programa de Vox. Casado arrasa entre crítica y público con su intervención sin papeles

Foto: El líder de la oposición, Pablo Casado. (EFE)
El líder de la oposición, Pablo Casado. (EFE)

Vox no tiene representación parlamentaria. En las últimas elecciones generales obtuvo 46.781 votos, el 0,2% del censo. Pero ya no le hace falta. Su irrupción en Andalucía le ha llevado a impregnar toda la política. Tanto, que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llegó a sacar su móvil en la tribuna del Congreso para leer algunas joyas del ideario de Santiago Abascal. Sánchez, como hizo Susana Díaz, calienta a Vox para mostrar a Ciudadanos como un partido que pacta con la extrema derecha ante algunas críticas internas.

Vox llega al Congreso de la mano de Sánchez y Casado se doctora en la tribuna

Las más de cinco horas de pleno sobre Cataluña y el Brexit dejaron mucho fuego cruzado y escenas inesperadas. Una de ellas, y probablemente de las más significativas políticamente, se produjo casi al final. En su último turno, Sánchez sacó su móvil y se puso a leer pasando la pantalla con el dedo índice. Lo habitual en el Congreso, y más el Gobierno, es que se use documentación oficial, notas preparadas por los gabinetes.

Vox dice que los homosexuales desnaturalizan el matrimonio y pide que las Fuerzas de Seguridad puedan hacer un mayor uso de la violencia


Pero esta vez Sánchez leyó parte del ideario de Santiago Abascal. "Señor Rivera, el señor Santiago Abascal dice cosas bastante sorprendentes. Dice, por ejemplo, que el franquismo no es y no fue una dictadura. Señor Rivera, escúcheme. Vox defiende que desaparezcan las autonomías; que una mujer, que está sola en su casa, se pega un golpe contra la pared, llama al 061 y esa noche su marido duerme en la cárcel; que las leyes contra la violencia de género son totalitarias, escuche bien, señor Casado; que el feminismo es una actitud agresiva de un grupo de señoras muy organizadas y muy subvencionadas".

La lectura parecía no dejar fuera nada del programa de Vox: "Habla de suprimir las cuotas en las listas electorales, que han hecho posible la generalización de la presencia femenina en los partidos y que obligan a que haya un mínimo del 40% de representación de cada género; de sacar de la sanidad pública intervenciones como el cambio de sexo o el aborto porque son ajenas a la salud. Dice que los homosexuales desnaturalizan el matrimonio y pide que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado puedan hacer un mayor uso de la violencia y sus armas. Dice que si hay que elegir entre la vida de un funcionario de prisiones o la vida de un preso musulmán, el que se va a la tumba es el preso musulmán; que los delincuentes son mayoritariamente extranjeros y atacan a nuestras abuelas por la calle. Señor Rivera: Macron o Le Pen, Merkel o Salvini, Valls o Vox. Esa es, señor Rivera, la cuestión".

Algunos diputados miraban con extrañeza cómo un partido extraparlamentario llegaba a tener tanto protagonismo. "Eso de sacar a Vox el presidente del Gobierno ha sido muy raro", comentaba un dirigente de los que votaron a favor en la moción de censura. Es cierto que antes ya había sobrevolado el ambiente y que Campuzano sí había mencionado a Vox. Además, quizá sugestionados, desde hace semanas todos los gestos parecen condicionados por Vox: desde la apelación de Pablo Casado a los valores tradicionales a la defensa de la caza y los toros de los barones socialistas.

Pero el gesto del presidente del Gobierno desde la tribuna leyendo el ideario de Vox era inédito. La vieja guardia socialista, la que se opuso a pactar con los independentistas, también critica en privado esa actitud de dar vuelo a Vox. Pero en el PSOE hay quien considera que solo hacen lo mismo que hizo el PP de Rajoy cuando surgió Podemos.

"Esto va a ser así hasta el final. Nos van a intentar presentar junto con Vox. Ellos sabrán", opinaba un destacado diputado popular. La estrategia de Sánchez fue clara, la misma que la de Susana Díaz en la fase final de la campaña. Dar visibilidad a Vox y presentarlo como socio de Ciudadanos y PP, sobre todo para orillar al partido de Rivera en el tablero mientras él se presenta como el centro. En soledad pero en el centro. Y así lo expresó abiertamente ante las protestas de los diputados de Ciudadanos: "Cuando lleguen esas elecciones, que llegarán, el Partido Socialista Obrero Español apelará a la movilización de una España sensata, moderada, que defiende los derechos, las libertades y el proyecto europeo. Después de su pacto vergonzante con las derechas en Andalucía, usted solamente podrá movilizar a la España caduca, a la España rancia, a la España que no quiere los derechos y las libertades de estos 40 años de democracia".

Sánchez se presenta como un partido en soledad pero en el centro, lejos de los independentistas y de Ciudadanos y PP al pactar con Vox


En los pasillos, la pregunta recurrente era en qué situación queda ahora la legislatura (en realidad, es la pregunta desde septiembre). Sin llegar a romper del todo con los independentistas, Sánchez hizo un discurso en el filo de la navaja, con una crítica inédita al independentismo al principio y una mano tendida al final. Negó que fuera a convocar elecciones próximamente pero la impresión generalizada es que el aislamiento de los socialistas puede funcionar como reclamo electoral pero no para gobernar.

Otro comentario que marcó la sesión fue la intervención de Pablo Casado. Sin papeles, el líder del PP subió a la tribuna y golpeó en el hígado independentista de Sánchez una y otra vez, enumeró las iniciativas de su partido contra el independentismo. "Ha sido impresionante. Los suyos estaban enardecidos. Es muy buen parlamentario", comentó un diputado de los que apoyaron la moción de censura y que pidió no ser citado. "Los míos no lo comprenderían", se justificó.

Casado, un cachorro de Nuevas Generaciones, con un currículo probablemente inflado y conseguido con ayuda de universidades próximas al PP, demostró sus dotes de orador. Ya lo hizo en el primer pleno monográfico tras las vacaciones, pero entonces su intervención quedó opacada porque llamó golpista a Sánchez —o algo parecido—. "En mi segundo juicio me quedé en blanco y fueron los peores momentos de mi vida. Desde entonces no me arriesgo, pero él no pierde el hilo", comentaba un diputado popular abogado de formación. Su grupo parlamentario aplaudió una y otra vez y lo recibió en pie. En comparación, los aplausos de la bancada socialista parecieron de trámite. El PP se encuentra electoralmente estrangulado entre Vox y Ciudadanos. Pero desde que el resultado andaluz le permite llegar al poder, parece disfrutarlo.

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