se queda al frente del juicio del procès

Marchena, el hombre que renunció a dirigir el poder judicial

Con la decisión, reivindica su independencia, rompe la baraja del acuerdo alcanzado entre los de Pedro Sánchez y los 'populares' y se queda en su puesto, al frente de la Sala Segunda

Foto: El presidente de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, Manuel Marchena. (EFE)
El presidente de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, Manuel Marchena. (EFE)

Manuel Marchena no será por voluntad propia el próximo presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial. La extrema exposición de los últimas días y, sobre todo, los mensajes remitidos por el portavoz del PP en el Senado, Ignacio Cosidó, a miembros de su grupo, han truncado su ascenso a la presidencia durante los próximos cinco años. Con esta decisión, reivindica su independencia y rompe la baraja del acuerdo alcanzado entre los de Pedro Sánchez y los 'populares' y se queda en su puesto, al frente de la Sala Segunda y del juicio del 'procés', que continuará presidiendo.

Se pierde de este modo la posibilidad de que "el mejor de los candidatos" -como le han calificado en los últimos días desde varios frentes- asuma las riendas de una institución en plena crisis de pérdida de credibilidad, en el punto más bajo de su imagen pública e institucional. La fotografía de un uso partidista de su persona y la sombra que arroja sobre cualquiera de sus futuras decisiones han podido más que la posibilidad de llevar las riendas del poder judicial.

Marchena, el hombre que renunció a dirigir el poder judicial

Su nombre para el cargo saltó a la palestra demasiado pronto, hace más de una semana. Se anunció como un consenso alcanzado por los dos partidos mayoritarios en el que se establecía un reparto de los vocales que debían integrar el órgano de gobierno de los jueces superior en número para el PSOE, 11 a nueve. No hay ya presidente ni tampoco acuerdo, tras la confirmación por parte del PP de que abandona las conversaciones. La renovación ha saltado por los aires.

Ahora Marchena vuelve a la casilla de inicio. Presidente de la Sala de lo Penal, magistrado desde 2007 de la Segunda y Doctor en Derecho, dirigirá a partir de enero el juicio por el procés contra Oriol Junqueras y otros 17 políticos catalanes. Su idoneidad y capacidad para el cargo jamás se ha cuestionado a los largo de los últimos días. Todo los contrario. Fue alabado por unos y otros, tanto desde la carrera judicial y fiscal como desde el ámbito político. "Este gesto lo demuestra de nuevo", aseguran las fuentes consultadas.

Marchena, el hombre que renunció a dirigir el poder judicial

Nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1959, procede de la Carrera Fiscal, a la que accedió tras licenciarse en Derecho por la Universidad de Deusto en 1981, y tuvo su primer destino en la Audiencia Territorial de Las Palmas en 1985. Nombrado fiscal de la Secretaría Técnica de la Fiscalía General del Estado en 1992, dos años después pasó a ejercer como fiscal del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, donde estuvo hasta 1996, cuando volvió a su anterior destino -la Secretaría Técnica- de la que en 2003 fue designado fiscal de sala jefe.

En 2004 fue nombrado fiscal del Tribunal Supremo, con destino en la sección penal, puesto en el que permaneció hasta que el 31 de enero de 2007 fue elegido por el Pleno del órgano de gobierno de los jueces como magistrado de la Sala Segunda por el turno de juristas de reconocida competencia con al menos 15 años de ejercicio. En 2014 dió el salto a la presidencia de la Sala de lo Penal, donde ha permanecido cuatro años.

Experto de la reforma del Código Procesal Penal

Marchena está en posesión de la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort, la condecoración de mayor rango del ámbito judicial, y en marzo de 2012 fue designado por el Consejo de Ministros presidente de la Comisión para la redacción de un nuevo Código Procesal Penal. El nuevo presidente también ha desarrollado una amplia actividad docente -ha sido profesor de Derecho Penal de la Facultad de Ciencias Jurídicas de Las Palmas y de Derecho Procesal de la Universidad Autónoma de Madrid- y es autor de numerosos artículos en publicaciones jurídicas y colaboraciones en obras colectivas.

Durante la presentación de su proyecto para acceder a la presidencia de la Sala en 2014 ante el CGPJ, en un acto celebrado el pasado 11 de septiembre, Marchena apostó por hacer un esfuerzo para admitir y estudiar los casos más graves para que "el condenado a 15 o 20 años de prisión no espere en la soledad de su celda una respuesta del Tribunal Supremo". Además, vio fundamental apostar por la unifificación de doctrina y que todos los jueces reciban un resumen de las resoluciones provocan cambios jurisprudenciales.

Marchena está en posesión de la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort, la condecoración de mayor rango del ámbito judicial

Marchena enfatizó durante su intervención ante que los magistrados de la Sala Segunda deben tener un "contacto directo, cotidiano y puntual" de las resoluciones del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Aunque consideró "incuestionable la calidad de la pluma estilográfica", el magistrado planteó "cursos personalizados" sobre nuevas tecnologías a cada magistrado de la sala. "No hay obstáculo generacional para facilitar esa transición y aprovechar las ventajas de las nuevas tecnologías", remachó.

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