la caída de los grandes activos de una etapa

Cifuentes, Rajoy, Soraya, Cospedal... Así se extinguió el marianismo en siete meses

Están por cumplirse siete meses de la dimisión de Cristina Cifuentes. El comienzo del final de una etapa. Un total de 200 días en los que los grandes activos del antiguo PP han desaparecido

Foto: Cristina Cifuentes, Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal, en el congreso del PP de Madrid en marzo de 2017. (EFE)
Cristina Cifuentes, Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal, en el congreso del PP de Madrid en marzo de 2017. (EFE)

Apenas han pasado siete meses, pero a este Partido Popular muchos no lo reconocen. Los 200 días transcurridos han servido para dar un giro de 180 grados a la primera fuerza política de España, que ha visto 'caer' y, en algunos casos desaparecer, a los que eran sus principales activos políticos. Los que representaban el pasado, presente y futuro de la formación. Promesas llamadas a tomar las riendas cuando se marchara el 'jefe'. Esta semana llegó el punto y final de la carrera política de María Dolores de Cospedal cuando renunció a su escaño solo dos días después de abandonar su sillón en el comité ejecutivo nacional del PP.

La decisión estaba tomada, aunque no tenía pensado hacerlo de forma tan inmediata. Todo se precipitó tras la revelación de los últimos audios del comisario Villarejo, en los que aparecía Mariano Rajoy en boca del empresario y marido de Cospedal, Ignacio López del Hierro, y de los que se desprendía que el expresidente del Gobierno estaba supuestamente enterado de las gestiones que hacía la entonces secretaria general para entorpecer la investigación de la trama Gürtel y conseguir información del hermano de Alfredo Pérez Rubalcaba. Cospedal decidió dar carpetazo a la crisis abierta en la formación y, sobre todo, retirarse de la presión mediática diaria. Se sumaba así a la lista de fieles de Rajoy que han ido 'cayendo' de la primera línea.

Todo empezó en el mes de abril. Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid y la preferida en las quinielas para dar el salto a la política nacional junto al delfín natural de Rajoy, el gallego Alberto Núñez Feijóo, dimitía tras dos meses de agonía por el caso Máster y apuntillada por un vídeo de hacía siete años en el que protagonizaba un hurto en un supermercado. Era el final de una de las grandes promesas para los populares. Tras haber resistido a las publicaciones sobre todas las irregularidades de su máster en la Universidad Rey Juan Carlos —"solo dimitiré si me lo pide Rajoy"—, Cifuentes terminaba tomando la decisión por sí sola para evitar, entre otras cosas, un posible goteo de ataques personales.

Si alguien pensó que lo de Cifuentes había sido una piedra —inesperada— en el camino, se equivocaba. Solo fue el principio. Llegaron semanas convulsas para el PP. En mayo, se convirtió en el primer partido político en el Gobierno condenado por corrupción, aunque a título lucrativo, por su implicación en la trama Gürtel. La sentencia afirmaba que el partido se enriqueció "en perjuicio de los intereses del Estado" y aquello dio paso a una moción de censura, cuyo final muchos no creyeron hasta que la votación se produjo en el Congreso.

El 1 de junio Pedro Sánchez se convirtió en presidente del Gobierno tras conseguir sumar una mayoría del arco parlamentario. Rajoy dejaba la presidencia y ni siquiera acudía a la segunda sesión del pleno en el que seguía el debate. Estuvo ocho horas en un restaurante cercano a la Cámara por el que fueron pasando miembros de su gabinete. Días después de la moción, renunciaba al liderazgo del PP e iniciaba los trámites para elegir a su sucesor. El proceso interno para abrir una nueva etapa en la formación conservadora se saldó con otras caídas (y desapariciones) políticas. Algunas más inesperadas que otras.

Llegó la primera sorpresa cuando Feijóo renunció a la carrera por la sucesión. "No puedo fallar a los gallegos porque sería fallarme a mí mismo". Fue el principal titular tras reunir de urgencia a la junta directiva autonómica, máximo órgano del PP entre congresos. Lo pronunció entre lágrimas y visiblemente emocionado, dejando sin palabras, eso sí, a muchos dirigentes populares que confiaban en que tomaría el mando. Feijóo se retiraba de la gran batalla. La decisión condicionó el proceso. En la mañana de aquel mismo día, Pablo Casado había dado la campanada lanzando su candidatura.

El presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, anunció que no intentaría suceder a Rajoy. (EFE)
El presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, anunció que no intentaría suceder a Rajoy. (EFE)

Las elecciones internas se sucedían con tres candidatos significativos: el vicesecretario de Comunicación representando al 'nuevo PP' con su equipo de dirigentes más jóvenes, Soraya Sáenz de Santamaría —que podía representar la otra 'sucesión' ordenada de Rajoy como vicepresidenta del Gobierno y, al mismo tiempo, distanciada de las polémicas de la formación y los casos de corrupción— y Cospedal, número dos de Génova, en representación de una candidatura de partido y de férrea defensa del PP. Estas primarias, como todas, tuvieron un final traumático. Sáenz de Santamaría se erigió vencedora en la primera vuelta, recabando el apoyo de los afiliados, pero perdió en la segunda, con la victoria de Casado gracias al apoyo de Cospedal. Y llegó la siguiente 'caída' del marianismo. La fractura era insalvable y la que hasta hacía muy poco se consideraba la mujer más poderosa del país abandonaba su escaño y rompía relaciones con los populares en el mes de septiembre.

No fue la única marcha reveladora que arrastró consigo la victoria de Casado. El exministro de Fomento y exalcalde de Santander, Íñigo de la Serna, uno de los mayores activos políticos del PP en los últimos tiempos y que estaba llamado a jugar un rol importante en los próximos años, ponía fin a 20 años de actividad pública después de haber apoyado a Sáenz de Santamaría. Dejó claro, eso sí, que seguiría siendo del PP y en su despedida parafraseó al mismo Rajoy cuando dijo: "Como dice él, me aparto, pero no me voy". Definitivamente o no, anunció que dejaba la política para incorporarse al sector privado. Otra promesa.

Soraya Sáenz de Santamaría felicita a Casado por su victoria. (EFE)
Soraya Sáenz de Santamaría felicita a Casado por su victoria. (EFE)

Cifuentes, Rajoy, Feijóo, Sáenz de Santamaría, De la Serna... y esta semana Cospedal, y con ella punto y final a los grandes ejes del marianismo. La que fuera número dos de Rajoy en Génova se marchó para librar al PP de "ataques injustificados" a raíz de las grabaciones de Villarejo, aunque aprovechó su carta de despedida para mandar un recado muy claro que representa lo que siempre ha defendido frente a sus rivales: "Un partido que no defiende a los suyos no puede esperar que los ciudadanos confíen en él".

El marianismo parece haber llegado a su fin. El futuro del nuevo PP, el de Pablo Casado, todavía está por escribirse en las urnas. Andalucía será la primera parada.

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