"La Iglesia nos tendió una trampa para ocultar y manipular los abusos a mi hijo"
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sus casos están en los tribunales

"La Iglesia nos tendió una trampa para ocultar y manipular los abusos a mi hijo"

Las víctimas —y sus familiares— de pederastia en los Maristas y el Opus Dei están indignadas por el anuncio de una comisión dirigida por quienes ocultaron casos como los suyos

placeholder Foto: Juan Cuatrecasas lleva años intentando que se haga Justicia por los abusos a su hijo entre 2008 y 2011. (M. Z.)
Juan Cuatrecasas lleva años intentando que se haga Justicia por los abusos a su hijo entre 2008 y 2011. (M. Z.)

Un día, Juan Cuatrecasas empezó a notar que su hijo no actuaba como siempre. Era un chico responsable, alegre, sociable y buen estudiante que de la noche a la mañana empezó a tener fobia al colegio, a sufrir ansiedad, dolores de tripa y a encerrarse más y más en sí mismo.

Ni Juan ni su mujer sabían todavía que su hijo llevaba tres años sufriendo abusos sexuales, supuestamente, por parte de un profesor del colegio del Opus Dei donde estudiaba en 2011, el Gaztelueta, en Bilbao. Todavía desconocen muchas cosas de lo que pasó hace un década, y de la mayoría, reconocen, se han enterado durante el juicio que ha tenido lugar este mes y que ha sentado en el banquillo al entonces docente. El acusado se enfrenta a una condena de 14 años de prisión por tocamientos y abusos continuados al menor, que en este tiempo ha requerido de atención psicológica para superar alucinaciones e intentos de suicidio.

“Poco a poco, nuestro hijo nos fue contando que el profesor le sacaba de clase más que al resto. Le llevaba a su despacho en horas lectivas y le sentaba en sus rodillas, le enseñaba fotos de mujeres desnudas, le quitaba la camisa…”, explica Cuatrecasas. Sin embargo, al primer lugar al que acudieron los padres no fue a los tribunales sino al colegio al que habían confiado la educación de su hijo. Para su sorpresa, no encontraron más que excusas y lagunas en la investigación que prometieron llevar a cabo. “Nos dijeron que si le había quitado la camiseta era porque hacía calor o que las fotos eran porque le estaba enseñando el desarrollo de la mujer”.

Nos dijeron que si le había quitado la camiseta era porque hacía calor y que las fotos eran para enseñar el desarrollo de la mujer

Su indignación ha ido todavía a más esta misma semana, cuando han sabido que Silverio Nieto, la persona que mandó el Vaticano para estudiar su caso, ha sido elegido para formar parte de la comisión antipederastia que ha anunciado la Conferencia Episcopal. “Mandamos una carta al Papa y para nuestra alegría nos contestó diciendo que la cruz era muy grande y que lo iban a investigar. Y al poco tiempo nos llamaron de la Conferencia Episcopal; querían reunirse con nosotros y transmitirnos el afecto del Pontífice, puesto que él no se podía trasladar”. Sin embargo, el encuentro —que se produjo tan solo unos días después de la llamada— pronto se tornó en una sucesión de preguntas agresivas y sin sentido por parte de Silverio Nieto. “Nos tendieron una trampa, fueron tres horas de interrogatorio a mi hijo de cuestiones como si las ventanas tenían persiana o cortinas”. Ni siquiera habían llevado a su abogada porque les dijeron que no era necesario.

Al marcharse “como alma que lleva el diablo”, Juan y su mujer buscaron en internet quién era Silverio Nieto y descubrieron un artículo de este diario donde se narra su pasado como marino mercante, radiotelegrafista, policía, juez por oposición, magistrado, profesor de Derecho Canónico, asesor jurídico y 'fontanero' del espionaje vaticano. También fue confesor personal del exministro Jorge Fernández Díaz.

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Ahí empezaron a temerse lo peor y, efectivamente, con el tiempo supieron la intención de todas aquellas preguntas. Al parecer, habían hecho un vídeo del despacho donde se produjeron los hechos e intentaron aportarlo como prueba en el juicio, sospechan que con elementos cambiados de la decoración para desacreditar la versión del menor. La grabación no se admitió a trámite.

La Iglesia tiene el enemigo dentro, y yo como católico también quiero que eso cambie

“Hubo una serie de trampas, manipulaciones que desacreditan por completo cualquier investigación, a la persona que la hizo y a la jerarquía eclesiástica”, denuncia Cuatrecasas sobre la comisión antipederastia donde está Nieto y cuya dirección corre a cargo de Juan Antonio Menéndez Fernández, el obispo de Astorga al que se acusa también de ocultar los casos de abusos en La Bañeza. “La Iglesia tiene el enemigo dentro, y yo como católico quiero que eso cambie, pero solo piensan en limpiar su imagen”.

En su caso, la investigación por la vía eclesiástica no fue más allá, y al tiempo de producirse el interrogatorio les comunicaron de forma oral que la Iglesia había dado carpetazo al asunto y había remitido un fax al centro alegando que “los hechos no han sido probados y, en consecuencia, se debe restablecer el buen nombre y la fama del acusado”. Al profesor, según les dijeron, le “castigaron” mandándole a estudiar inglés al extranjero. “Tampoco sabemos si es verdad”, explica Cuatrecasas.

Desde el centro Gaztelueta, señalan que realizaron una investigación "exahustiva" durante varios meses" por un caso de 'ciberbullying' contra el menor, pero que no evidenciaron "pruebas que confirmaran las acusaciones formuladas contra el profesor". Aseguran que profesores y compañeros de clase contradecían la versión del hijo de Cuatrecasas y que fue el profesor el que decidió en 2012 no reincorporarse al centro a su vuelta de Sídney —que ya estaba prevista con anterioridad— por su situación "de incomodidad e indefensión". En las próximas semanas se dará a conocer la sentencia de su caso, y si se confirman o no los cargos de los que se acusa al exprofesor del centro.

Silencio también en los Maristas

Sin embargo, Cuatrecasas no es la única víctima de los abusos de la Iglesia que ha recibido con estupor la noticia de la comisión antipederastia. Manuel Gómez y Àlex Pacheco tampoco confían en la eficiencia de una institución que nace “manchada”. Los dos forman parte de la demanda conjunta a un profesor por abuso mientras estaban en el colegio de los Maristas de Sants-Les Corts en Barcelona.

“Es todo fachada para tener a la gente callada. Que una persona así [por el obispo de Astorga] lleve esto no tiene sentido ninguno”, se queja Manuel Gómez, de 25 años. Nadie de la Iglesia ni de su antiguo colegio se ha puesto en contacto con él para interesarse por su situación tras hacer públicos los tocamientos que sufrió, según relata, por parte de Joaquim Benítez, su profesor de educación física hace más de una década.

placeholder El pederasta Joaquín Benítez, en un fotograma de 'Shootball', un documental que recoge el caso.
El pederasta Joaquín Benítez, en un fotograma de 'Shootball', un documental que recoge el caso.

“Tenía unos 12 años, y me había hecho una lesión en la pierna, así que me dijo que me pasase después de clase para darme un masaje, que tenía el título. Como era una persona de confianza, que se llevaba muy bien con todos los alumnos, no sospeché nada”, relata Manuel Gómez. “Con esa excusa abusó de mí. Tenía ganas de irme pero no pude, me quedé paralizado. Intentaba levantarme pero no podía, y en algún momento que intenté moverme me paró con la mano. Cuando salí de allí, me prometí que no volvería a pasar”.

Durante años Manuel intentó mantener una apariencia normal ante su familia, sus amigos y, sobre todo, su profesor. “No quería que pensase que yo era un peligro, que iba a decir algo... Así que era amable con él pero evitaba todo el tiempo que nos quedásemos a solas. Yo sabía que aquello estaba mal, que eso no debía pasar conmigo, pero él se había creado un entorno que protegía ese secreto”.

No quería que pensase que yo era un peligro... Así que era amable con él, pero evitaba que nos quedásemos a solas

Pero, con el tiempo, Manuel empezó a encerrarse en sí mismo. “No me quitaba nunca los cascos, ni para comer con mi familia, ni para dormir… Y siempre que podía estaba en la calle, jugando al frontón o a cualquier cosa con tal de no pensar”. Finalmente, un día se vio obligado a contarle a su madre lo que había pasado y fue su reacción la que le hizo reaccionar. “Mi madre ha trabajado mucho siempre para mantenernos, y si nos metió en ese colegio fue precisamente para darnos lo mejor. Por eso, la cara que puso cuando se lo conté, el sentimiento de culpa, me hizo subir algo por dentro”. Al día siguiente acudió al colegio a encontrarse con el profesor, pero para su sorpresa, el centro ya le había expulsado. Aun así, no fue hasta tiempo después, al estallar el escándalo de los Maristas, cuando supo que no había sido el único.

Àlex Pacheco vivió una experiencia muy similar con el mismo profesor, al que le comunicó que había sufrido una lesión jugando al fútbol, y de nuevo se ofreció a tratarle. “Al principio todo era normal, pero al rato me hizo desnudarme entero y el masaje empezó a subir por el pubis. Me quedé paralizado, no sé si durante unos segundos o unos minutos. Cuando pude, le dije que tenía que ir al baño y me fui”. Benítez, que también coordinaba el comedor, era el "profesor guay", según cuentan los exalumnos. El popular que se llevaba bien con todos, sobre todo con los niños.

placeholder Àlex decidió contar su caso para animar a otras víctimas. (Save the Children)
Àlex decidió contar su caso para animar a otras víctimas. (Save the Children)

Como Manuel, Àlex guardó el secreto durante años, hasta que un día, paseando por la calle, se encontró con carteles que buscaban testimonios de personas que hubieran pasado por los Maristas. Eran de Manuel Barbero, el padre coraje que destapó las acusaciones contra Joaquim Benítez y que sacó a la luz 'El Periódico'. Él también ha recibido con estupefacción la elección de la comisión antipederastia y el anuncio de un protocolo para actuar en casos de abusos: “Ya tienen un protocolo desde años inmemoriales, así que decir eso es una tomadura de pelo, es reírse a la cara de las víctimas. Lo que han hecho siempre es apartar a los acusados o esconder el delito. No les ponían a disposición judicial si no al derecho canónico, y eso es un error que hay que cambiar. Hay que apartarles, que no tengan contacto con menores y ponerlo en manos de la Justicia. No hay más”.

La respuesta que dieron en los ochenta es que si Jesucristo mantuvo a Judas a su lado, los Maristas no iban a ser diferentes

Barbero, como el resto de víctimas y familiares, reclaman que este tipo de delitos no prescriban a los 10 años, puesto que muchos no toman el paso hasta que son mayores de edad. De hecho, Benítez suma 17 demandas, de las cuales 13 han sido archivadas por haber prescrito. En Cataluña, los Maristas acumulan 43 denuncias en tres centros diferentes y hacia 12 docentes, de los cuales tres —entre ellos, Benítez— han reconocido los hechos.

“A mí me han dado clase tres pederastas. Por estadística, alguno te tenía que tocar”, explica Pacheco. “No hay ninguna duda de que lo sabían, y que no hacían nada. Años antes, en otro caso que salió a la luz en los ochenta, la respuesta que dieron es que si Jesucristo mantuvo a Judas a su lado, los Maristas no iban a ser diferentes”.

Fue por Barbero que Manuel y Àlex decidieron dar el paso de denunciar, en el caso del segundo, tan solo unas horas antes de que su delito prescribiese. Un día antes de su cumpleaños. “Hasta entonces, yo había bloqueado todo aquello, para hacer una vida normal, como si nunca hubiese pasado. Barbero fue a la primera persona que se lo conté por 'e-mail', y por él y por su hijo di ese paso”. Su juicio, como el de Manuel Gómez, tendrá lugar en marzo de 2019 y ninguno espera la colaboración de la Iglesia para esclarecer los hechos.

“Aunque pongan a otros, van a estar igualmente manchados, porque nunca han investigado nada”, explica Pacheco. “La única vez que la Iglesia ha investigado fue en la Inquisición, y ya sabemos cómo acabó. Es todo un paripé”.

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