CUANTIOSOS DAÑOS PERSONALES Y ESTRUCTURALES

Infierno en el paraíso turístico de s’Illot

Para los turistas fallecidos, la promesa del paraíso balear no fue tal. Nunca imaginaron que su vida iba a terminar en un infierno de maleza, barro y ahogamiento

En uno de los recodos del barranco de Ses Planes, a pocos metros de la desembocadura en el mar en s'Illot, puede verse todavía lo que queda del taxi de Juan Grande Sillero. 'Moncho', como conocían al chófer de Cala Millor, llevaba una buena carrera cuando pasaba uno de los puentes que cruzan el barranco, en la carretera que conduce a las playas de Cala Bona. El matrimonio británico Anthony (77) y Mary Green (75) había aterrizado en el aeropuerto de Son Sant Joan en Palma de Mallorca y se dirigía a su alojamiento para disfrutar de una estancia en la isla. En un instante, el coche en el que viajaban se vio arrastrado por la corriente a lo largo de más de un kilómetro. Los tres han muerto.

El dispositivo de emergencia organizado para atender el desastre provocado por la tormenta en el oeste de Mallorca sigue buscando en Artà el cadáver del niño de cinco años hijo de la farmacéutica de Manacor, Joana Lliteras, también fallecida, que pudo poner a salvo a su hija de siete años. Como a Grande Sillero y al matrimonio Green, el torrente la cogió por sorpresa, metros arriba, en el paso de Sant Llorenç.

Para los turistas fallecidos, la promesa del paraíso balear no fue tal. Nunca imaginaron que su vida iba a terminar en un infierno de maleza, barro y ahogamiento en el tramo final de la temporada en esta zona de la isla, donde muchos establecimientos hoteleros echan el cierre en noviembre para volver a dar servicio en primavera. En s'Illot, donde Ses Planes sigue escupiendo aguas marrones a la playa, los daños no son tan cuantiosos como en Sant Llorenç, pero a ambos lados del canal el agua ha arruinado el cierre turístico.

Henriette Kruip y su hija Susana regentan el Aparthotel Playa Moreia. La tarde-noche del martes, el agua comenzó a inundar los bajos del edificio, en primera línea de playa, pegado a la desembocadura del torrente. En un momento, un aluvión golpeó la parte trasera y la presión reventó las puertas y ventanas. La suerte fue que pudieron desalojar a tiempo y enviar a sus clientes a la primera planta. "Hemos tenido que adelantar el cierre. Seguimos sin luz, sin agua y toda la maquinaria está afectada, porque estaba en la planta baja. Hemos anulado reservas y hemos ayudado a la gente a encontrar otros sitios". Sus clientes son principalmente británicos, franceses y alemanes.

*Vídeo | Así quedó el bar-restaurante del Apartahotel Playa Moreia

David es un inglés que ocupa uno de los pocos apartamentos que los Kruip decidieron vender de su edificio de alquileres turísticos construido en los años sesenta. Llegó a España con su pareja hace unos días con la idea de pasar dos semanas. No tiene previsto marcharse. Su foto es la del contraste, embadurnándose de crema solar en una hamaca junto a la piscina hasta arriba de aguas turbias.

La temporada también ha acabado para el edificio de apartamentos Playa Mar, donde la zona de piscina, antes un pequeño vergel, es ahora un paisaje de barro y sillas rotas y amontonadas.

*Vídeo | Múltiples destrozos en las zonas más turísticas

En esta zona del final del barranco de Ses Planes, donde los helicópteros de la Policía y Protección Civil y las lanchas de la Guardia Civil siguen explorando en busca de víctimas, los curiosos se amontonan en la pasarela de madera que cruza el torrente y que no fue arrastrada por los pelos. Muchos son turistas alojados en hoteles y apartamentos más alejados del cauce, que han quedado intactos.

Más allá del impacto que provoca ver coches (algunos de alquiler) amontonados en un aparcamiento improvisado en un descampado, s'Illot no tuvo el mismo castigo que Sant Llorenç. En la zona cero de la tormenta perfecta de Mallorca, afectados, vecinos y voluntarios siguen trabajando en la limpieza y desescombro. El Govern balear, por boca de su 'consellera' de Hacienda, Catalina Cladera, ha querido tranquilizar a los turoperadores. Pese a la tragedia y el impacto de las aguas, la zona afectada es relativamente pequeña. La consejera también ha hecho un llamamiento para que no acuda más gente. Los coches de los voluntarios forman una fila de casi un kilómetro en la rotonda de la zona alta, antes de llegar al puesto de mando y a la entrada del núcleo urbano. En Sant Llorenç, no para nadie. Hay que pasar página. La vida sigue.

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