RECELOS ANTE LOS CAMBIOS DE VERSIÓN

Moncloa aleja a Sánchez de la defensa de Delgado para evitar otro caso Montón

El presidente ha podido mantenerse a resguardo en las primeras 48 horas en las que ha arreciado la crisis en torno a la ministra. Gobierno y PSOE se conjuran para protegerla frente a Villarejo

Foto: La ministra de Justicia, Dolores Delgado, saluda al titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, este 25 de septiembre en el Senado. (EFE)
La ministra de Justicia, Dolores Delgado, saluda al titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, este 25 de septiembre en el Senado. (EFE)

Conjura. El Gobierno y el PSOE tienen por ahora claro que Dolores Delgado debe mantenerse en el Consejo de Ministros. Que no hay motivos para forzar su caída, que no hay "sustancia", que no la han pillado "con el carrito del helado", que no hay pruebas de cargo para pedir su dimisión. Y también se palpa un cierto "hartazgo" entre los mandos del partido, en el sentido de que sean "siempre a los socialistas" a los que se exijan explicaciones y cabezas. La sensación es de agravio, de que hay una "cacería" en marcha y de que el Ejecutivo ha de protegerse. Proteger, por ahora, a la titular de Justicia y alejar del fuego, en la medida de lo posible, y también por ahora, al presidente, de viaje oficial en Estados Unidos por la semana de la Asamblea General de la ONU. Pero él tendrá difícil escapar del caso este miércoles cuando atienda a los medios desde Nueva York. "Pedro ha de estar a lo suyo", centrado en su apretada agenda internacional de estos días, esgrimían desde la dirección del partido.

El lunes, cuando se difundió la primera tanda de audios que afectaban a Delgado —los de una comida en 2009 en la que participaron ella y Baltasar Garzón con el comisario José Manuel Villarejo—, el Ejecutivo tardó algo más en reaccionar. Informó de que Sánchez había hablado con la titular de Justicia, con "total naturalidad", que confiaba en ella y la apoyaba y que se remitía a sus explicaciones. El martes, llegaba la segunda entrega de grabaciones difundida por 'Moncloa.com', las revelaciones de que en aquel encuentro de hace nueve años Delgado calificó al entonces juez de la Audiencia Nacional y hoy compañero suyo de Gabinete, Fernando Grande-Marlaska, de "maricón", y se mostró contraria a tribunales "de tías", porque con los de hombres se sabe "por dónde van". La línea de defensa se mantenía pero la estrategia había cambiado.

Varios ministros y la número dos del PSOE salen a la ofensiva para defender a Delgado y advertir de que hay una "cacería" contra el Ejecutivo


Gobierno y PSOE se afanaron para salir con toda la artillería y defender a Delgado sin complejos. Con matices, eso sí, porque la vicepresidenta del Ejecutivo, Carmen Calvo, rehuyó cuanto pudo las preguntas de los periodistas. Primero esquivó el tiro con un "se va a defender ella estupendamente" y al final, lacónica, despachó la presión con un "perfectamente se va a mantener" en el cargo. Pero además de la número dos, arroparon públicamente a la ministra la portavoz del Ejecutivo, Isabel Celaá; los titulares de Fomento y Hacienda, José Luis Ábalos y María Jesús Montero, y la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra. Marlaska, mientras, señalaba que no se daba por ofendido porque lo importante son los hechos, y no las palabras. Cascada de muestras de apoyo justo en el día en que ella era reprobada por el pleno del Senado gracias a la mayoría absoluta del PP en la Cámara.

Mayor prudencia

A Sánchez toda la escalada de presión hacia su ministra le ha pillado fuera de España. No regresará, de hecho, hasta el próximo domingo, salvo sorpresa. Pero este miércoles los periodistas le lanzaron la pregunta cuando llegó a la sede de la ONU en Nueva York. "¿Mantiene su apoyo a la ministra de Justicia, presidente?", se le inquirió. "Buenos días", se limitó a contestar el jefe del Ejecutivo, sin hacer más comentarios. Sin mojarse más. Hace dos semanas, el foco estaba encima de otro miembro de su Gabinete, Carmen Montón.

Sánchez responde con un "buenos días" a la pregunta de si mantiene su apoyo a la ministra. El presidente comparece hoy en Nueva York

En aquel momento, cuando el escándalo del máster había estallado hacía día y medio, el presidente sí respondió a las preguntas de la prensa al término de la sesión de control en el Senado. "La ministra de Sanidad está haciendo un gran trabajo y lo va a seguir haciendo". Tres horas después se conocía su renuncia, después de que se destapara que había plagiado parte de su trabajo de fin de máster. El líder socialista había comprometido su palabra, había sacado la cara por ella, cosa que no había hecho con Màxim Huerta, caído a los seis días de haber tomado posesión y apenas once horas después de que trascendiera que había cometido fraude fiscal.

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Sánchez se ha dejado guiar por una mayor prudencia en esta ocasión. Las primeras informaciones sobre Delgado llegaron el 17 de septiembre, cuando El Confidencial publicó que la Audiencia Nacional la investigaba en una pieza secreta por una presunta reunión con Villarejo, pensada para recabar su apoyo en beneficio del empresario Ángel Pérez-Maura, para dilatar o frustrar su extradición al país que lo reclamaba, Guatemala. Pero la situación se agravó en los dos últimos días con los audios de aquella comida con el comisario retirado, y hoy en prisión por el caso Tándem. En estas últimas 48 horas el presidente ha podido mantenerse a resguardo para centrarse en su agenda de contactos bilaterales —entre ellos, sus encuentros con los presidentes de Cuba y Argentina, Miguel Díaz-Canel y Mauricio Macri— y de participación en diversos foros. Pero este miércoles comparece ante los medios, a las 11 en Nueva York (17 horas en España), y no podrá esquivar las preguntas sobre Delgado.

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En la cúpula del PSOE sostienen que no ha habido una "estrategia buscada" para levantar un cortafuegos con el presidente, pero sí que este ha de estar "a lo suyo", volcado en su intensa actividad de esta semana. No prestar atención a eso que en el partido y en el Ejecutivo llaman el "ruido".

Una situación "desagradable"

Pero no es esa solo la única razón. Tanto en La Moncloa como en el PSOE insisten en que no hay "motivo" alguno para la dimisión de Delgado. No con los elementos que están sobre la mesa, precisan. Sí se reconoce que la situación es "desagradable", incómoda para un Gobierno que se reivindica como feminista y luchador de los derechos del colectivo LGTBI, pero no hay magma suficiente para reclamar su cabeza. El ambiente interno es diametralmente opuesto al que se palpaba con Montón. En el caso de la ya exministra de Sanidad, la presión en casa, en el PSOE, era creciente. No convencieron sus explicaciones y se creía que había pruebas muy indicativas de que aquel máster en la Rey Juan Carlos estaba plagado de irregularidades.

Se percibe una sensación de "injusticia", de que no puede forzarse la caída de una ministra por una reunión de 2009 con "un tipo como Villarejo"

Ahora, las señales son otras. Los dirigentes consultados hablan de "injusticia", y de que no puede renunciar por unas conversaciones de 2009 con un personaje que "con las gafas de hoy" sí es un presunto delincuente, pero que ni por asomo lo era para muchos de los protagonistas hace nueve años, porque además había sido condecorado por el Ministerio del Interior —era esa medalla lo que se celebraba en ese almuerzo de 2009—. "No podemos dar la llave de la estabilidad de un Gobierno a un tipo que graba subrepticiamente a sus interlocutores durante años. Por poco eficaz que haya sido la defensa de Lola Delgado o del Gobierno", indicaba gráficamente un alto cargo del Ejecutivo. "No puede ser que este tipo [Villarejo] se dedique a poner y a quitar gobiernos", abundaba un ministro. Lastra, en este sentido, fue muy clara: "A este partido, a este grupo y a este Gobierno no le va a chantajear nadie. Ni Villarejo ni nadie".

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Lo que sí se reprocha a Delgado es su vaivén de declaraciones. Que haya cambiado de versión en varias ocasiones desde la primera noticia de la investigación por la Audiencia. Este mismo martes, ella aseguraba en un desayuno informativo, a primera hora, que no llamaba "maricón" a Marlaska. Horas más tarde, Justicia matizaba: sí se refería al hoy titular del Interior con ese término despectivo, pero no lo hacía para atacarle o denigrarle por su condición sexual. Pero aunque haya desconcertado ese trasiego de palabras, entendida como una errática estrategia de comunicación, en el Gobierno y en el PSOE se sigue manteniendo que esa no es razón de sobra para destituirla. "La gente está harta de tanto sinvergüenza que pide dimisiones tan fácil", apuntaba indignado un alto cargo de la dirección socialista.

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Delgado, mientras, no da muestras de fragilidad. En la sesión de control en la Cámara Alta se la vio enérgica y contundente, hasta incluso algo sobreactuada, frente a las invectivas del PP, cuya bancada coreaba "¡dimisión, dimisión!"

La china en el zapato de Podemos

Al Ejecutivo tampoco le aprieta, al menos por ahora, la presión de Podemos. Pablo Iglesias, indirectamente, reclamó la cabeza de la ministra, cosa que apenas unos minutos antes no había hecho su portavoz en la Cámara Baja, Ione Belarra: hay que "alejar de la vida política a cualquiera que mantenga amistad con los representantes de las cloacas", manifestó. Los socialistas no encajaron bien el golpe, pero evitaron lanzarse contra quien es su socio más estable en un Congreso en el que están en franca minoría, aunque sí lamentaran que se subiera al carro de PP y Cs.

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Los morados, no obstante, no apoyaron la reprobación de Delgado en el Senado, que salió adelante por 149 votos a favor (PP, Cs, UPN y Foro), 82 en contra (PSOE, Podemos, PNV y Compromís) y 7 abstenciones (de los independentistas catalanes). "Los ministros no dimiten en función de quién lo pida. Dimiten si hay razones para que lo hagan. Y no las hay", respondían desde la cúspide del PSOE.

En el partido hay indignación por el trato a Delgado. En Moncloa insisten en que el Ejecutivo trabaja y le respaldan los ciudadanos, como refleja el CIS

Lo que sí está muy instalado en las alturas del partido y en el Ejecutivo es que se ha desplegado una estrategia de acoso y derribo contra Sánchez, y no la van a tolerar, advierten. El propio Ábalos, hombre fuerte en el PSOE y en el Gabinete, reclamó este martes acabar con la "cacería". "Nosotros podríamos responder bajando al barro, tirar del CNI, de la Policía, y atizar al PP, pero no queremos hacerlo porque estamos en La Moncloa y porque no queremos ser como ellos, y creemos que eso la gente lo valora a la larga. No lo vamos a hacer. Creemos que lo correcto es hacer lo que estamos haciendo, y lo más justo", indica un miembro de la nomenclatura socialista.

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Pesa también, obviamente, que una tercera baja en el equipo del presidente en poco más de cien días le situaría en un escenario de mayor debilidad. Nadie se quiere poner en ese escenario, aunque también advierten varios dirigentes del partido que las dimisiones no se valoran "al peso", de modo que si hubiera indicios suficientes de delito para apartar a un ministro, se hará. "Y a Pedro no le temblará el pulso", reconoce un dirigente. "Una salida no tiene por qué lastrar al Gobierno, puede ayudar a reforzarlo", abundan fuentes de Ferraz. El PSOE es consciente de que el listón está muy alto, y que se ha vuelto un arma de doble filo, pero también está convencido de que puede presumir de "ejemplaridad".

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El Ejecutivo, mientras, seguirá en su tarea de gobernar. Este martes, desde La Moncloa se remitían a los datos del barómetro de septiembre del CIS, que sitúan al PSOE en el 30,5% de estimación de voto, por un 20,8% del PP, un 19,6% de Ciudadanos y un 16,1% de Podemos y sus confluencias, una proyección cuestionada por algunos expertos y que incluso en Ferraz se interpreta como "cocinada de más". "Acogemos estos números con bastante realismo —señalaban desde el entorno del mandatario socialista—, pero al menos sí se ve que hay un proyecto ilusionante y que una parte del país cree que el presidente puede hacer cosas, trabajar para revertir los recortes sociales del PP. Hay que quitarse los cepos, ventilar la mugre y denunciar la minoría de bloqueo que tiene preso al Parlamento".

El presidente viajará primero a Cuba... y luego pueden seguirle los Reyes

Ocurrió lo que se esperaba. Que Pedro Sánchez cerró con el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, una próxima visita oficial a la isla. Será "lo antes posible". Ambos lo concertaron en una reunión de media hora en la sede de Naciones Unidas con motivo de la apertura del 73º periodo de sesiones de la Asamblea General

 

Los dos países están ya coordinando agendas para fijar la fecha pronto. No se descarta que Sánchez aproveche su presencia en la cumbre iberoamericana del 15 y 16 de noviembre en Antigua (Guatemala) -y a la que el líder cubano acudirá- para desplazarse a La Habana. Cuando se produzca, será la primera visita de un mandatario español a la isla desde Felipe González, en 1986. La intención del Gobierno es normalizar la situación con la isla y no abordó en la cita con su homólogo las cuestiones internas como la situación de los disidentes cubanos, informa EFE. 

Díaz-Canel mantuvo la invitación que había ya cursado a los reyes Felipe y Letizia. Una ventana de oportunidad puede ser la conmemoración de los 500 años de La Habana, que se celebran en 2019. Pero esa visita llegará en todo caso después de la de Sánchez. 

 

Sánchez mantuvo otro encuentro en la sede de la ONU con el presidente argentino, Mauricio Macri, para analizar la próxima agenda de la cumbre del G-20, que se celebra en el país el 30 de noviembre y 1 de diciembre, y la situación de las negociaciones en la UE y Mercosur. 

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