el gran damnificado: el país vasco

Casado se juega sus primeras elecciones con un candidato de Soraya: Moreno Bonilla

El resultado final consolida los aparatos regionales de Castilla-La Mancha, Murcia, Extremadura o Galicia, pero constata la falta de unidad en la Comunidad Valenciana en torno a Isabel Bonig

Foto: El nuevo presidente del PP, Pablo Casado. (EFE)
El nuevo presidente del PP, Pablo Casado. (EFE)

La división del PP entre partidarios de Soraya Sáenz de Santamaría y de Pablo Casado recorrió toda la organización antes y durante el congreso extraordinario para elegir al sucesor de Mariano Rajoy, y especialmente los principales feudos electorales de los populares. Con la excepción de Castilla-La Mancha, en bloque con María Dolores de Cospedal y por tanto al final con el ahora presidente, el resto de las regiones se partieron en un 60-40 de porcentaje entre la candidatura ganadora y la perdedora, casi todas a favor del exportavoz del partido.

El resultado final consolida los aparatos regionales de Castilla-La Mancha, Murcia, Extremadura o Galicia (Alberto Núñez Feijóo sigue de primer barón entre los demás), pero constata la falta de unidad en la Comunidad Valenciana en torno a Isabel Bonig y el conflicto de personalismos en el País Vasco. El peor parado del proceso sucesorio resulta ser el presidente del PP en Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla. Después de apostar como ningún otro presidente regional por Soraya Sáenz de Santamaría, se va a convertir en pocos meses en la cabeza de cartel del PP en las primeras elecciones que tendrá que afrontar Pablo Casado: los comicios autonómicos andaluces de este otoño, si se adelantan, o del próximo mes de marzo, si Susana Díaz apura la legislatura.

Isabel Bonig. (EFE)
Isabel Bonig. (EFE)

Andalucía

Moreno se lo jugó todo a la exvicepresidenta del Gobierno y se jactó de su holgada victoria en la primera vuelta de estas primarias, con un 54% de los votos para Santamaría. Ahora sufre las consecuencias. Está en el bando de los derrotados y nadie debe dudar de que le pasará factura, aunque dentro de unos meses. Todos los sectores del PP andaluz consultados por este periódico admiten que esperarán a que pasen unas elecciones autonómicas que están a la vuelta de la esquina y que serán también la primera prueba de fuego para Casado.

Los ganadores en Andalucía son los que genuinamente apoyaron a Casado desde el primer momento, con nombres propios como el de Esperanza Oña o Teresa Ruiz-Sillero, mujeres llamadas a jugar un papel importante en el futuro PP y que servirán de puente con Moreno Bonilla. Pero también están en la lista de quienes disfrutan la victoria los afines a María Dolores de Cospedal, que llevan años de derrotas internas y saborean aún con más intensidad la caída de sus adversarios. Juan Ignacio Zoido, José Luis Sanz, alcalde de Tomares y candidato a presidir el PP-A que se quedó en la cuneta en el último minuto, José Antonio Nieto o José Enrique Fernández de Moya se implicaron de lleno en la recta final por la victoria de Casado y pedirán su trozo del pastel en Andalucía. Los críticos de Moreno Bonilla y de Javier Arenas quieren ver caer a sus adversarios internos, y fuentes del PP admiten que se lo hicieron saber a Casado y este les garantizó renovación en Andalucía si vencía.

Está en el bando de los derrotados y nadie debe dudar de que le pasará factura

Las encuestas en Andalucía no arrojan buenos augurios e incluso sitúan al PP por detrás de Ciudadanos, como tercera fuerza política. Albert Rivera ya ha avisado de que se va a implicar en esta campaña electoral. Si en la primera prueba electoral Casado sufre una derrota a manos de sus adversarios naranjas, el golpe psicológico sería muy duro para el PP. De ahí que todos desde el PP andaluz entonen el "prietas las filas" y llamen a no pasar facturas ni pedir cabezas hasta que pasen los comicios. Además, Moreno Bonilla logró que se designaran de forma anticipada los candidatos en las capitales para las próximas locales. Ese gesto, del que tuvo que convencer a Mariano Rajoy con la inestimable ayuda del coordinador general, Fernando Martínez-Maillo, le va a garantizar también oxígeno los próximos meses.

Casado promete una integración plena de Sáenz de Santamaría y su equipo

La cúpula andaluza ha estado llamando a una candidatura de integración y el presidente del PP-A fue uno de los que más han hablado con Pablo Casado, según cuentan desde su equipo, para tratar de convencerlo de la lista de unidad. Entre ellos hay buena relación y amistad sincera, dicen desde las filas del PP andaluz para amortiguar el golpe político que supone esto para la dirección del PP-A a las puertas de unas elecciones autonómicas. El problema de Moreno Bonilla, sostienen los suyos, hubiera sido una victoria de María Dolores de Cospedal. Pero no es toda la verdad.

En Andalucía todos han jugado fuerte a estas primarias y las quejas por presiones y coacciones llegaron casi desde el primer día. Fueron Javier Arenas y Antonio Sanz, el tándem que ha tenido bajo control el PP andaluz durante décadas, quienes se encargaron de descolgar teléfonos y contar compromisarios. Por primera vez, Arenas cosecha una derrota orgánica histórica que lo saca de la dirección nacional. De eso se encargarán los ganadores. Y Moreno Bonilla deberá tener un resultado electoral de infarto para que no lo renueven a él también al frente del PP andaluz.

Comunidad Valenciana

La victoria de Pablo Casado ha sido una sacudida en el Partido Popular de la Comunitat Valenciana. El nuevo líder dio la sorpresa en las primarias ganando en la ciudad de Valencia y en la provincia de Castellón, pero no pudo apuntarse la victoria general en la autonomía, donde Soraya Sáenz de Santamaría se impuso en las provincia de Valencia y Alicante. Uno de los factores que explicaron la ligera ventaja de la exvicepresidenta de Rajoy fue el fuerte respaldo que recibió del ‘aparato’ que rodea a la presidenta regional, Isabel Bonig, ahora inútil tras la segunda vuelta de los compromisarios.

Resultados de la votación en las primarias del PP.
Resultados de la votación en las primarias del PP.

La ‘jefa’ del partido en la autonomía mantuvo una teórica neutralidad que la llevó a borrarse de los actos de campaña interna, en los que ni siquiera participó como anfitriona. Solamente en la recta final previa al congreso se atrevió a participar en una convocatoria con el exministro de Fomento y valedor de Santamaría, Íñigo de la Serna, lo que fue interpretado como un sibilino empujón de la organización valenciana a la abogada del Estado.

Bonig comparte con Casado la 'derechización' del discurso según sus detractores y la complicidad generacional. Pero la elección del exportavoz del PP ha dado alas a los críticos de la presidenta regional, que habían repartido sus votos también con María Dolores de Cospedal. Una victoria de Santamaría habría dado vía libre a Bonig para elaborar casi a su antojo las listas de elecciones autonómicas y municipales de 2019. Ahora tendrá las manos mucho más atadas.

El cartel de Valencia es el más simbólico e importante de cuantos quedan por despejar

El cartel de Valencia, aún sin decidir, es el más simbólico e importante de cuantos quedan por despejar. Recuperar la tercera ciudad de España debería ser un objetivo prioritario del Partido Popular, aunque por ahora los sondeos lo sitúan lejos de su consecución. Bonig apostaba por el actual portavoz, Eusebio Monzó, pero es seguro que en el nuevo escenario Génova tendrá mucho que decir (le corresponde estatutariamente nombrar a los candidatos de capitales de provincia). Y apoyos de Casado en Valencia como Luis Santamaría, que se ha incorporado a la nueva junta directiva, o Belén Hoyo, diputada en el Congreso, se perfilan como nuevos referentes del partido con cierto mando en plaza, cuanto menos tácito.

Galicia

El congreso del PP refuerza en Galicia la figura de Alberto Núñez Feijóo, que apoyó tácitamente la candidatura del nuevo líder del PP, pero también hay un sector perdedor al que no le afectará en absoluto su apuesta por Soraya Sáenz de Santamaría. Se trata del PP de Ourense, liderado por José Manuel Baltar Blanco. El resultado del cónclave popular de este fin de semana no minará en absoluto la autonomía de la que gozan los populares de Ourense, que se sienten capaces de desafiar a Feijóo con su apuesta por la exvicepresidenta sin temer las consecuencias.

El presidente del PP en Galicia, Alberto Núñez Feijóo. (EFE)
El presidente del PP en Galicia, Alberto Núñez Feijóo. (EFE)

Las cosas seguirán igual en Galicia, con un Feijóo indiscutible y con manos libres para lanzar a los candidatos de las principales alcaldías en todo territorio gallego excepto en la provincia de Ourense, donde nadie tose a Baltar. El reto no es menor: de las siete ciudades, solo la capital orensana está gobernada por el PP, y además en minoría. Y de las cuatro diputaciones, solo la que preside Baltar pertenece al PP. Feijóo es un especialista en ganar elecciones autonómicas. Las municipales son otra cosa.

País Vasco

Más allá de los nombres, el gran damnificado por la victoria de Pablo Casado es el PP vasco, que apoyó de forma mayoritaria a Soraya Sáenz de Santamaría y que ahora va a ver cómo pierde su significativo poder en Madrid. Los populares vascos siempre han ejercido una gran influencia en Génova y ahora, todo hace indicar, van a quedar relegados a una posición secundaria. El apoyo activo y en bloque de la estructura del PP vasco —el único apoyo relevante con el que ha contado Casado es el del exalcalde de Vitoria Javier Maroto, con quien ha compartido vicesecretaría en el PP— va a pasar factura de cara a una nueva dirección que se sustentará en aquellas estructuras territoriales que han brindado su respaldo al nuevo líder del partido.

El PP vasco apoyó de forma mayoritaria a Soraya Sáenz de Santamaría y ahora va a ver cómo pierde su significativo poder en Madrid

El presidente de los populares vascos, Alfonso Alonso, siempre ha tenido gran peso en Madrid con la anterior dirección, que valoraba su lealtad al partido. El que fuera ministro de Sanidad regresó al País Vasco para intentar reflotar un partido roto a nivel interno bajo la dirección de Arantza Quiroga y sin apenas relevancia institucional tras el revés sufrido en las elecciones municipales y forales que le dejaron sin la alcaldía de Vitoria —Maroto abandonó posteriormente el ayuntamiento para iniciar su carrera en Madrid—. Alonso, que durante esta campaña se ha significado por estar en primera fila en el apoyo a Santamaría, a quien siempre ha visto como un "referente", goza del respaldo unánime del partido en el País Vasco, por lo que su liderazgo no está en entredicho en Génova.

No se avecinan cambios relevantes en el País Vasco, y más a la vista de que las elecciones autonómicas no serán hasta 2020, lo que otorga tiempo a los populares vascos. Antes hay otros envites territoriales a los que es preciso dar respuesta desde la dirección del partido. De cara a las elecciones municipales del próximo año, la prioridad para el PP es recuperar la alcaldía de Vitoria por su peso, su simbolismo y porque supondría el regreso del partido al poder institucional en el País Vasco. Aquí no hay dudas. La candidata es y será Leticia Comerón, la que fuera mano derecha de Maroto. Además, la portavoz en el ayuntamiento 'gasteiztarra' entrará con casi toda seguridad en la dirección del partido como miembro de la junta directiva. Maroto, como uno de los hombres fuertes del nuevo líder del partido, ejercerá una gran influencia en el País Vasco y será puente de unión entre Génova y Vitoria.

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