quiere potenciar su perfil centrista

Iván Redondo se reúne con todos los jefes de Gabinete de Presidencia desde 1982

El todopoderoso director de Gabinete de Pedro Sánchez se ha reunido en los últimos días con todos sus antecesores en el cargo para conocer sus experiencias, con la vista puesta ya en las generales

Foto: Iván Redondo promete su cargo como director de Gabinete del presidente del Gobierno. (Pool Moncloa | JM Cuadrado)
Iván Redondo promete su cargo como director de Gabinete del presidente del Gobierno. (Pool Moncloa | JM Cuadrado)

Iván Redondo, el todopoderoso director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, categoría de secretario de Estado, se ha ido reuniendo desde que el presidente Pedro Sánchez le cooptó para ese decisivo cargo con todos su antecesores desde 1982.

Por separado. Por orden de antigüedad. Comenzó con José Enrique Serrano, que fue director del Gabinete de Presidencia del Gobierno con Felipe González y posteriormente con José Luis Rodriguez Zapatero. Serrano era uno de los que optaban a repetir por tercera vez en dicho puesto, pero finalmente el presidente Sánchez se decantó por una persona que, sin militancia reconocida en el Partido Socialista, le ofreciera garantías técnicas en momentos tan delicados y, sobre todo, confianza personal. Eligió a un especialista en 'marketing' y con experiencia en el relanzamiento de liderazgos políticos.

Luego llamó a Carlos Aragonés, ocho años como director del Gabinete de José María Aznar en Moncloa, y ahora arrumbado a un oscuro escaño de senador (una forma cómoda de vivir de la política) después de haber caído en desgracia en el PP tras la marcha de su jefe natural.

Redondo estaba informado, sin embargo, de que el auténtico hombre fuerte de Aznar en aquellas labores fue Javier Zarzalejos —acaba de publicar un libro sobre sus experiencias en el poder—, y también fue consultado. El último en 'despachar' con el hombre de confianza de Pedro Sánchez fue José Luis 'Papi' Ayllón, que estuvo trabajando con Mariano Rajoy durante todo 2018 tras la marcha de Jorge Moragas a representar a España en Naciones Unidas a título de embajador.

Con Moragas, con residencia en Nueva York, habló telefónicamente. Lógicamente, el diplomático catalán hizo especial hincapié en lo referido a las relaciones internacionales y a los contactos bilaterales del primer ministro, amén de la importancia capital de organizar con sumo cuidado las cumbres de jefes de Estado y de Gobierno.

Perfil centrista

Esta iniciativa es nueva entre los seis exjefes de Gabinete que están vivos. De alguna manera, Redondo, además de interesarse por las experiencias, buscaba remarcar su perfil centrista, del que hace gala y que cuenta con el beneplácito de su comandante en jefe. Quizá con el que más trabajo 'stricto sensu' realizó fue con Papi Ayllón, del que hereda sillón y despacho. El 'sorayo' le puso al corriente de la organización que él mantenía en el Gabinete de Presidencia y le instruyó acerca de los primeros actos que Sánchez tenía programados.

Algunos de estos ex tienen la sensación de que Iván Redondo, ampliando el Gabinete de la Presidencia, lo que ha montado es una Oficina de Promoción de Sánchez con la mente puesta en las próximas elecciones generales y buscando desesperadamente apuntalar la figura del presidente con vistas al tique electoral.

Ellos prefieren hablar de la necesidad de “cubrir las espaldas” al jefe del Ejecutivo ofreciendo apoyo técnico y político desde un “primer círculo interior de garantía”, especialmente en lo referido a los temas internacionales, que son los preferidos de Sánchez. Pero también se ha creado de nuevo cuño la Dirección General de Economía, que apoya al jefe del Ejecutivo y analiza las decisiones que toman los ministros económicos.

El controvertido fichaje del general Ballesteros como director general del Departamento de Seguridad Nacional (creado en la etapa de Moragas, que puso al frente del mismo a un íntimo amigo suyo, Alfonso de Senillosa) lo fue después del 'default' del coronel Baños, que fue alumno precisamente del general seleccionado.

Hay algo, sin embargo, que los antecesores de Redondo no le pudieron explicar: cómo hacer una transición en la cúspide del poder ejecutivo de la nación en 24 horas. No había precedentes.

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