el padre financió la investigación policial

Perfil falso, vigilancias, dinero: así investigó la familia a la secta que captó a Patricia

La tía y el padre de la chica han sostenido una investigación absolutamente inusual que ha involucrado a la policía peruana, a la española, a la Ertzaintza y a juzgados a ambos lados del charco

Foto: Alberto Aguilar, padre de la española captada por una secta en Perú. (EFE)
Alberto Aguilar, padre de la española captada por una secta en Perú. (EFE)

El Juzgado de Instrucción número 1 de Elche tan solo le decía a los padres de Patricia Aguilar, la chica captada por una secta en Perú, que había que esperar a que llegara un informe de Interpol. El documento supuestamente vendría a explicar las gestiones que a nivel policial se estaban realizando para averiguar el paradero de la joven. "Pero el informe nunca llegaba", aseguró ayer en rueda de prensa Noelia Bru, prima de la madre de Patricia y portavoz de la familia, que nunca esperó a la actuación judicial para moverse por sus propios medios.

Las primeras averiguaciones que tuvieron que realizar Alberto Aguilar y Rosa Bru, padres de la joven, Noelia y la abogada de SOS Desaparecidos Maite Rojas, que trabaja desinteresadamente, comenzaron nada más desaparecer Patricia. Al ser mayor de edad, pues acababa de cumplir los 18 años, la policía explicaba a los padres que, si ella se había ido voluntariamente, los agentes no podrían hacer nada.

Patricia desapareció el 7 de enero de 2017. Les dijo a sus padres que se iba a una fiesta de cumpleaños, pero no. Se fue de viaje a Murcia en tren, regresó y se marchó al aeropuerto de Alicante, desde donde voló hasta Madrid y posteriormente a Lima. Alberto la llamó varias veces, pero en ningún momento podía hablar con claridad. Tan solo recibió nítidamente un mensaje de su hija que le decía que estaba bien y que sabrían de ella "en horas". Pero no fue así.

Los familiares averiguaron que la chica no seguía en España porque ella cometió un error. Su padre seguía tratando de llamarla continuamente, pero le daba apagado o fuera de cobertura. Sin embargo, Patricia debió encender un momento su móvil en cuanto aterrizó en Lima y en ese momento le llegó un mensaje a Alberto de la compañía Orange que le advertía de que el número al que había llamado antes ya estaba disponible. En ese momento, volvió a telefonearla y obtuvo como respuesta el mensaje grabado de un contestador no conocido. "Claro le informa de que el número no está disponible", rezaba la voz.

Rosa, madre de Patricia, Maite Rojas, abogada de SOS Desaparecidos, y Noelia Bru, portavoz de la familia.
Rosa, madre de Patricia, Maite Rojas, abogada de SOS Desaparecidos, y Noelia Bru, portavoz de la familia.

La familia buscó con rapidez dónde se ubicaba la compañía y vio que era peruana. Era la primera pesquisa que por necesidad hacía la familia y que iba en contra de lo que señalaba la policía, que aseguraba que no había alertas de Interpol diciendo que Patricia había tratado de cruzar la frontera y que por lo tanto la joven no podía haber salido del espacio Schengen. A partir de ahí comenzaron una sucesión de diligencias impulsadas por diferentes miembros de la familia que resultaron ser definitivas para detener a Steven Manrique.

Después vino el registro de la habitación de la joven, que también hizo la familia. Los padres encontraron correos electrónicos, libros, cartas, escritos y todo tipo de documentación que hacía concluir que la chica había estado en contacto con un hombre que la había ido introduciendo en unas prácticas sectarias durante meses antes de que cumpliera la mayoría de edad. Todo este material probaría, según la abogada de SOS Desaparecidos, que Manrique fue iniciando a su víctima para que esta se marchara con él en cuanto tuviera 18 años, como de hecho ocurrió.

La documentación fue entregada por la familia junto a la denuncia que los padres interpusieron ante el Juzgado número 1 de Elche. Con base en todo este papeleo, Noelia comenzó a rastrear por las redes sociales. Encontró un grupo de Facebook con más de 3.000 seguidoras que había sido creado por Manrique y que ofrecía aumentos de pecho, de cadera, sexo y dinero para captar adeptas, según explica la portavoz de la familia, que navegando por él incluso halló a otra posible víctima española. Se trata de una menor guipuzcoana con la que el captador entró en contacto en 2015, cuando ella apenas tenía 13 años.

Al igual que hizo con Patricia, relata Bru, a esta niña le entregó cosas para leer, le dio indicaciones sobre cómo comportarse, mantuvo con ella una relación constante, la felicitó por su cumpleaños. En definitiva, preparaba el terreno para llevársela cuando cumpliera los 18 años, resume la portavoz de la familia, que en cuanto tuvo conocimiento de que esta menor estaba sufriendo algo parecido a lo que había experimentado su sobrina decidió poner los hechos en conocimiento de la autoridad policial. La Ertzaintza abrió un expediente, localizó a la menor, comprobó que estaba en contacto con el sospechoso y hoy continúa investigando lo denunciado, que previsiblemente podría servir para sustentar la acusación contra Manrique. "Él le dijo a la niña que ambos habían sido esposos en vidas anteriores y que tenían la misión de salvar a la gente buena", recuerda Noelia, que insiste en la martilleante labor de manipulación que hacía este hombre para ganarse la confianza de sus víctimas.

Perfil falso, vigilancias, dinero: así investigó la familia a la secta que captó a Patricia

En paralelo, Noelia también incluso llegó a contactar con el captador. Se hizo un perfil falso en Facebook y se unió al grupo de las 3.000 seguidoras. Comenzó a hablar con Steven, que en la red social se apellidaba Martínez (por su abuela). Este le pidió que le mandara fotos de las palmas de sus manos, instantáneas de ella bien parecidas y otras cosas como claro paso para iniciar una relación concreta. "No le llegué a enviar nada, le fui dando largas y como supongo que no actué con rapidez, él me cortó", explica Noelia, que sí admite que llegó a conversar con Manrique sobre la chica del País Vasco.

"El trabajo de la policía lo hemos tenido que hacer la familia, la abogada y la prensa; porque ha hecho falta remover a la prensa para que se muevan las cosas", aseguró ayer en la rueda de prensa Noelia, que dejó clara la pasividad judicial española. "La Justicia aquí no nos ha apoyado", afirmó antes de señalar que ha sido ella misma quien ha averiguado todo lo que este hombre hacía por las redes, que se hacía pasar por graduado en psicología cuando no lo era. "Hablamos con el rector de la universidad de la que decía ser titulado y nos dijo que todo era una chapuza, que había falsificado los títulos mal", dijo Noelia, quien también señaló que Manrique hasta llegó a falsificar un documento que mostró en YouTube en el que se autoproclamaba heredero de la Corona española.

El avance de la investigación familiar sin embargo también alertó a Manrique. Uno de los papeles encontrados en el cuarto de Patricia conducía a una chica que más tarde resultó ser otra de las víctimas abducidas por el investigado. Se trataba de Paola. La policia peruana fue a su casa y les abrió su hermana. Ésta llamó a Paola tras marcharse los agentes y la chica a su vez se lo trasladó a su captor, que decidió huí a México. Una vez allí, sin embargo, la policia mexicana le impidió la entrada porque Patrícia estaba buscada por Interpol. Viajó entonces con su prole a Chile pero en Santiago les ocurrió lo mismo. En el aeropuerto de esta última ciudad, sin embargo, saltaron las alarmas. Al comandante del vuelo le llamó la atención lo drogada que iba Patrícia, buscó su nombre por internet y se lo trasladó a la compañía aérea. Algunos trabajadores de ésta llamaron a la familia a España para avisarles de que la chica estaba allí.

Más tarde dieron con la identidad de la otra chica captada por Manrique. Pero ninguno de estos nuevos datos permitió avanzar con la causa española. "Siempre nos decían que ella era mayor de edad y que ya había mostrado su negativa a venir", recuerda Noelia en referencia a la aparición esporádica que la joven hizo en 'El programa de Ana Rosa', donde vía telefónica desde Perú dijo que no quería volver, que estaba muy bien y que no había sido captada por ninguna secta, sino que trabajaba en la oenegé Acoracom. La familia descubrió que esa supuesta oenegé no era tal, pues estaba domiciliada en un edificio abandonado, dato que también trasladó al juzgado sin demasiado éxito.

Perfil falso, vigilancias, dinero: así investigó la familia a la secta que captó a Patricia

Rosa y Alberto vieron que la única forma de avanzar era sobre el terreno. Viajaron por primera vez a Lima el pasado enero y se dieron cuenta de que allí las autoridades sí les hacían caso. "Hay muchos delitos, mueren muchas mujeres, pero como éramos extranjeros...", explica Noelia, quien añade que a pesar de esto la pareja tuvo que regresar a España. En Perú entraron en contacto con las familias de las otras dos mujeres desaparecidas que podían haber sido igualmente captadas por Manrique a través de otras dos sectas (Hare Krishna y Nueva Acrópolis). "Él bebía de diferentes corrientes; de hecho, fue expulsado de Gnosis", subraya Bru, que muestra grandes conocimientos sobre este mundo adquiridos a raíz del caso, dado que ella es ingeniera técnica y se dedica a su comercio, una tienda de segunda mano en Benidorm.

Sin embargo, cuando los padres regresaron, la investigación volvió a pararse en Perú y las familias de las otras dos mujeres admitieron sentirse de nuevo desamparadas. Dos policías ("auténticos héroes", según Noelia) les confesaron a Rosa y a Alberto que tenían muchos casos encima, que si les dejaban con este tan solo una semana lo aclararían todo. Fue entonces cuando el padre decidió regresar. Lo hizo a principios del pasado mes de junio, decidido a dejarse todo su dinero para financiar la investigación.

Una vez allí, alquiló un coche para que se movieran los policías, los ayudó en los seguimientos y entrevistas a los testigos. Descubrieron todos que había pasado por unos inmuebles en los que el grupo había dejado huella. Ruidos por las noches, signos de violencia, gritos, etc. daban muestra de que aquellas relaciones no eran normales. Los testimonios sirvieron para que los investigadores avanzaran y siguieran tras la pista de Manrique y su grupo de mujeres y niños súbditos. La policía descubre que el sospechoso ha utilizado hasta 25 tarjetas prepago diferentes tan solo este año, fruto de su "manía persecutoria", relata Noelia. Media docena de ellas estaban activas. Los agentes las geolocalizaron y detectaron que el investigado estaba en San Martín de Pangoa, a 500 kilómetros de Lima.

Fueron hasta allá. Descubrieron que el hombre vivía con las dos mujeres peruanas en una habitación alquilada en una casa de campo, alquilaron el dormitorio contiguo con el dinero proporcionado por Alberto y comenzaron a hacer vigilancias día y noche hasta que fueron obteniendo toda la información del rompecabezas. "Los niños no le hacen caso a Patri", escucharon en un momento determinado, una pista que les ayudó a aclarar que la joven estaba en otro lugar con los pequeños. Poco a poco fueron atando cabos y dieron con el paradero de la chica. El padre tuvo que pagar hasta los billetes de autobús de las mujeres y los niños de regreso a Lima, admite la portavoz de la familia, que ahora solo espera que Alberto pueda regresar a España con su hija y con su nieta, una pequeña que nació hace poco más de un mes fruto de la relación de Patricia con el detenido.

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