LAS CÁRCELES CATALANAS TIENEN UN MODELO DE GESTIÓN PRIVADA

Junqueras y 'los Jordis' pasan de un menú de menos de 4 euros a un 'catering' de 12

Las cárceles catalanas a las que han sido trasladados los 'exconsellers' disponen de un servicio de comidas con un modelo de gestión privada que cuesta el triple

Foto: Un trabajador de la cocina en la cárcel de Estremera y parte del horario con el menú del día. (EC)
Un trabajador de la cocina en la cárcel de Estremera y parte del horario con el menú del día. (EC)

El precio medio de la comida de los presos no llega a cuatro euros: desayuno, comida y cena. El servicio está gestionado de forma pública por el Ministerio del Interior en todos los centros de España a excepción de Cataluña. Las cárceles catalanas a las que han sido trasladados ya Oriol Junqueras, Raül Romeva, Jordi Sànchez, Jordi Cuixart, Carme Forcadell y Dolors Bassa disponen en cambio de un servicio de 'catering' para comer, un modelo de gestión privada que cuesta el triple que en el resto de prisiones de España: unos 12 euros de media por las mismas tres comidas. La Generalitat es el único gobierno autonómico que tiene cedidas las competencias de instituciones penitenciarias.

Los últimos políticos catalanes que permanecen presos fuera de Cataluña, los 'exconsellers' Joaquim Forn, Jordi Turull y Josep Rull, que serán trasladados la semana que viene según la orden del juez Pablo Llarena, están aún en la cárcel Madrid VII, Estremera, como se la conoce popularmente. Desde que se avista por la estrecha carretera que conduce a su puerta no parece precisamente un hotel de cinco estrellas, tal y como difunde por las televisiones el presidente de la Comunidad de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. Se antoja difícil encontrar uno con alambradas y torres de vigilancia.

Exterior de la cárcel de Estremera. (J. M.)
Exterior de la cárcel de Estremera. (J. M.)

La comida tampoco es muy acorde a un gran hotel. El Confidencial ha comprobado en la propia cárcel de Estremera que no difiere en calidad a la que se pueda encontrar en un restaurante de menú que ronde los nueve euros: ese día toca judías pintas con arroz de primero, pollo asado con patatas fritas de segundo. Está bien cocinado, no es muy grasiento y sabe bien. Eso sí, no puedes elegir entre tres primeros, tres segundos y varios postres, claro. No es ni de lejos un restaurante, ni un hotel de cinco, cuatro o tres estrellas. Es el talego.

Unos días antes, en la sede de la dirección de Trabajo Penitenciario y Formación para el Empleo —TPFE—, situada a unos pocos pasos de las Cortes, el lugar en el que se aprobó la entrada en vigor del artículo 155 que depuso en pleno al gobierno de la Generalitat, el director general de la entidad adscrita al Ministerio de Interior, relata a El Confidencial, entre otras cosas, la particularidad catalana: "Hace unos años Interior nos encomendó que nos hiciéramos cargo de todos los servicios de comida que estaban antes cedidos por contratos al sector privado, empresas de 'catering'. No fue fácil debido al presupuesto que nos asignaron. Antes había un sistema de 'catering' o mixto en todas las cárceles españolas. A partir de 1994 comenzamos a hacernos cargo de todas las prisiones. La última que recuperamos fue la de Pamplona, en 2014. Bueno y quedan al margen las de Cataluña, claro, que tiene cedidas las competencias penitenciarias".

Horario con el menú correspondiente a cada día. (J. M.)
Horario con el menú correspondiente a cada día. (J. M.)

—¿Es distinto que en el resto de España? —inquiere El Confidencial.

—Cataluña es la única comunidad donde las cárceles siguen teniendo 'catering'. Con unos costes aproximados de 12 euros por día. Y no dan una comida mejor: estamos orgullosos de haber logrado un coste eficiente con una buena calidad y a partir de la autogestión.

La información la corrobora la Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias —Acaip—. "Nuestra tarea fue la de gestionar las compras, contratar a los cocineros y formar a algunos de los presos para que pudieran desempeñar trabajos en la cocina. El objetivo era hacerlo lo más eficiente posible. Nos fuimos haciendo cargo de todos los centros que antes tenían una gestión privada", zanja en su despacho.

Uno de los trabajadores de la cocina de la cárcel de Estremera. (J. M.)
Uno de los trabajadores de la cocina de la cárcel de Estremera. (J. M.)

En la cocina de Estremera en la que se prepara la comida que Josep Rull describió al poco de ingresar en prisión como "flatulenta", se gestionan diariamente los productos y el menú que cumple con los requisitos que establece el Ministerio de Sanidad y en el que trabajan como pinches y ayudantes de cocina algunos presos. Tienen hasta su propia panadería: no todos los centros disponen de una, pero desde Estremera, por ejemplo, sirven a los más cercanos.

La cocina está limpia, es amplia y la comida se cocinada en el momento. Es un trabajo cotizado dentro de la prisión. Uno de los internos, D. M., que ejerce como jefe de ayudantes de cocina, el mando más alto que puede tener un preso, ya que los cocineros sí son profesionales contratados, lo considera un privilegio: "Me permite salir unas horas al día, cuando sales con los carros ves las flores que hay fuera, los árboles, y te sientes como medio libre, no solo en el patio, además aquí se te pasa el tiempo rápido. Piensas en trabajar, en que salga la comida y no piensas en nada de dentro". Los funcionarios de prisiones están delante cuando lo dice. Sonríe brevemente ante la cámara de El Confidencial y sigue con su trabajo. No parece, sin embargo, que haya truco. "Tener algo que hacer y cobrar algo de dinero está muy valorado por algunos presos", comenta en un aparte la cocinera jefa, responsable de esta zona de la cárcel. Ella no es funcionaria. De hecho, los menús son diseñados conjuntamente por los cocineros profesionales, contratados por el TPFE y los funcionarios encargados de la alimentación, que son supervisados a su vez por el administrador y los Servicios Médicos del Centro.

"Tener algo que hacer y cobrar algo de dinero está muy valorado por algunos presos", comenta en un aparte la cocinera jefa

Los presos no trabajan gratis en la cocina. Ángel Luis Carabe, uno de los jefes de Servicio de prisiones del TPFE con más de 20 años de experiencia lo explica poco después de cruzar una de las puertas metálicas que separan a los presos del exterior: "El servicio público de empleo de prisiones se encarga de retribuir a los que trabajan en todos los ámbitos de la cárcel en función del salario mínimo y de las horas trabajadas". No es un trabajo completo, por lo que el total que perciben a final de mes se prorratea por las horas. En concreto, el año pasado los trabajadores de cocina tuvieron una nómina media al mes de 350 euros y los de panadería de 402, según datos facilitados a El Confidencial por el TPFE.

El jefe de seguridad de trabajo de Estremera, que se incorpora a mitad de camino lo suelta tajantemente: "Yo no creo que un preso deba cobrar ni un euro más del salario mínimo, están aquí por cometer delitos". Con ese trabajo, además de comer alguna buena ración sobrante, pequeños privilegios de estar al frente de la cocina, consiguen pasar algo de dinero a su familia. Pero la mayor parte tiene que destinarla a saldar sus cuentas con la Justicia: las penas de cárcel no solo privan de libertad, sino que conllevan también las indemnizaciones a las víctimas, la responsabilidad civil, como es el caso de D. M. "Estoy desde las seis y media de la mañana hasta las dos. He hecho varios cursos y con este trabajo paso algo de dinero y saldo cuentas con la Justicia".

Jordi Turull y Josep Rull visitan a Junqueras y a Forn en Estremera

Por el contrario, en Cataluña, las cárceles siguen el modelo privatizado de 'catering', de forma similar al de muchos colegios, hospitales y residencias de ancianos, lo que eleva el coste por preso inevitablemente ya que prácticamente ninguna empresa importante de 'catering', como señalan fuentes del sector a El Confidencial que prefieren no ser citadas, acudirían a un concurso para menús con un precio inferior a los cuatro euros. "Ni soñando".

¿Cómo lo consiguen entonces los del TPFE? Según su información, con una buena gestión de compras de materias primas. En esencia aprovechan que en un centro como una cárcel se sabe de antemano cuántos van a comer y qué cantidad. Se consume porque no hay elección: "Se establece un sistema de compras centralizadas de todos aquellos productos que tienen un consumo generalizado en los centros. Estos, teniendo como base los menús, informan a los Servicios Centrales los artículos y cantidades precisas para el año. Los Servicios Centrales realizan un concurso anual para el suministro de todos los artículos solicitados, contratando con los proveedores los precios de adquisición para un periodo determinado". También recurren a las ofertas secundarias de las grandes superficies o de los propios fabricantes según reconoce el director del TPFE a El Confidencial: "Evidentemente si Danone, por ejemplo, nos ofrece un lote de productos lácteos que todavía están en buen estado de consumo pero que ya no van a ser colocados en supermercados, acudimos a la subasta y conseguimos un buen precio".

Puede que los 'consellers' no se quejen, pero a los contribuyentes les va a salir el triple de caro que en Estremera o en cualquier otra cárcel del país

El menú que ofrecen en Estremera es bastante variado aunque no haya elección. Una semana cualquiera: fabada y san jacobos; el lunes, arroz a la cubana y huevos fritos con chorizo; el martes, judías pintas con arroz y pollo asado con patatas fritas; el miércoles, patatas con verduras y rollito primavera; el jueves, pasta boloñesa y bacalao rebozado, el viernes, cocido el sábado y ragú de ternera y canelones el domingo. En muchas casas con poco tiempo para hacer la compra y cocinar se come con menos orden y variedad. Hay verduras, pero no mucho pescado. "Son como niños", explica una de las funcionarias más jóvenes, "no quieren comer pescado, quieren pollo y hamburguesas". Rull se quejó también de ellas, concretamente porque estaban quemadas y se le dobló el tenedor al pincharlas. Un exconvicto que cumplió condena en Alcalá Meco, y que prefiere no dar su nombre, confirma que "ni se come mal, ni se pasa hambre". Desde el TPFE se encargan en remarcar que la cocina se hace con la misma calidad en todos los centros. Los 'exconsellers' disfrutarán ahora de la cocina catalana. Puede que los catalanes no se quejen, pero a los contribuyentes les va a salir el triple de caro que en Estremera o en cualquier otra cárcel del país.

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