LAS DOS SENTENCIAS DEL TSJM QUE COMPLICAN SU CARRERA

Màxim Huerta, el ministro que traía la polémica a cuestas desde su nombramiento

El periodista y escritor de éxito cumple una semana desde que Sánchez desvelara que lo había elegido para pilotar Cultura y Deporte. Pero enseguida la hemeroteca se echó sobre él... y ahora Hacienda

Foto: Màxim Huerta se abraza a su madre tras tomar posesión como ministro de Cultura y Deporte, el pasado 7 de junio. (EFE)
Màxim Huerta se abraza a su madre tras tomar posesión como ministro de Cultura y Deporte, el pasado 7 de junio. (EFE)

Cuando Pedro Sánchez citó su nombre en la sala de prensa del edificio del portavoz del Gobierno, en el complejo de La Moncloa, esa que tantos ciudadanos habrán visto una y mil veces por la tele —y sobre todo cada viernes—, un rumor de incredulidad recorrió las butacas. ¿Màxim Huerta? Sí. Era él. El presidente del Gobierno lo había elegido como su flamante ministro de Cultura y Deporte. Periodista, escritor, rostro muy conocido de televisión: el nuevo encargado de pilotar un departamento que había desaparecido desde 2011, cuando los socialistas abandonaron el poder y fueron sucedidos por Mariano Rajoy. Màxim Huerta ha presentado su dimisión este miércoles por la tarde.

Sánchez había guardado con celo su nombre. De hecho, cuando compareció ante los periodistas el pasado miércoles, pasadas las 19:00, ya todo su Ejecutivo había sido destripado. Él y su equipo habían diseñado una hábil estrategia, la comunicación por goteo de los titulares de cada cartera. Primero, Exteriores, con Josep Borrell, para lanzar el mensaje de firmeza a los separatistas. Luego, Teresa Ribera, como responsable del Ministerio para la Transición Ecológica. Después sucedió la cascada de mujeres, todas en áreas de mucho peso, para remarcar su apuesta por un Gobierno femenino y feminista. Para el último día, el 6 de junio, la vorágine de nombres no se detuvo hasta pocos minutos antes de su declaración institucional en La Moncloa y tras su entrevista con el Rey, cuando fueron confirmados Margarita Robles en Defensa y Fernando Grande-Marlaska en Interior. Pero el maletín de Cultura y Deporte no tenía dueño. Los medios no habían logrado dar con el designado, aunque sí se había adelantado que sería un hombre.

El de Huerta fue el as que el presidente guardó celosamente, el anuncio que se reservó para la rueda de prensa en la que comunicó su Ejecutivo


Màxim Huerta (Utiel, Valencia, 1971) no entraba en las quinielas. Ni él se lo esperaba. Cuando le llamó el presidente el pasado domingo, desde un número secreto, no lo cogió a la primera. Solo cuando volvió a descolgar, oyó la voz del líder socialista, que le hacía una proposición inesperada. Formar parte de su Ejecutivo, asumir un área lucida (aunque la historia demuestra que también conflictiva), marca de la casa, que se independizaba de Educación para brillar sola. Y dijo sí. Huerta se convirtió, junto con el astronauta Pedro Duque —responsable de Ciencia—, elección conocida horas antes, en el fichaje estrella de Sánchez. Por derecho propio. Aunque a los pocos minutos se hizo amado y odiado. Por un lado, su elección simbolizaba la entrada de los vips en el Gobierno, el aterrizaje de la tele y la cultura popular en el centro de poder. El ministro editor y presentador en 'Informativos Telecinco' y en la antigua Canal 9, el ministro copresentador del exitoso magacín 'El programa de Ana Rosa'. El ministro que descubría espacios míticos en ciudades escenario de filmes en 'Destinos de película' en TVE, el ministro escritor que con 'La noche soñada' ganó el Premio Primavera de Novela 2014, el ministro colaborador en varios medios de comunicación. El ministro icono gay (como Fernando Grande-Marlaska, por cierto).

Su antigua jefa, Ana Rosa Quintana, acogió con "orgullo" el nombramiento de Huerta. "Todos estamos emocionados con el nombramiento de nuestro compañero. Será un ministro conciliador, sensato y con sensibilidad", escribió en Twitter. En antena, le deseó suerte y se mostró convencida de que desempeñaría su cargo tan "bien" como todo lo que el comunicador siempre se ha propuesto.

Esa L de más...

Los tuiteros, en cambio, tiraron a la cara al ministro el fardo de la maldita hemeroteca. Se convirtió en el pimpampum. Para empezar, por su perfil, que algunos entendían como demasiado frívolo para el Ejecutivo galáctico que Sánchez había compuesto. Luego siguió que se iba a hacer cargo de un departamento con un apellido, Deporte, que había confesado hacía años que no practicaba. Enseguida salió al paso, también a través de Twitter: "Sabéis que no lo practico y no solía seguirlo, pero pienso mimarlo y amarlo. El deporte es educación y cultura. El deporte es respeto, superación, humildad, perseverancia... Todo eso pienso ejercitarlo con tesón y esfuerzo. Gracias a todos por los mensajes. Empezamos". En el traspaso de carteras, y como respuesta a "todo" lo que había "salido" sobre él, reconoció que no es un deportista, pero insistió en que apoyaría y amaría, durante su mandato, "a todos los deportistas, porque son héroes y heroínas".

Al ministro se le recordó enseguida que dijo hace años que no practicaba deporte. Él lo admitió, pero prometio "mimar" y "amar" a los deportistas

Huerta sabe que sus mensajes pasados en las redes sociales y las declaraciones públicas le perseguirán durante un tiempo. "La historia se construye a través de palabras, algunas más acertadas y otras menos. De todas las palabras se aprende. Los tuits son de una época en la que no era ministro. Podríamos pasarnos la legislatura comentándolos, valorándolos, analizándolos y criticándolos, pero también tenemos la posibilidad de valorar todas las decisiones que tome desde el ministerio a partir de ahora, y yo he venido a esto segundo", aseguraba el pasado sábado en 'La Sexta noche', tras visitar por la mañana la Feria del Libro de Madrid, su primer acto público tras su estreno en el Consejo de Ministros.

Apenas unas horas después de su intervención en el programa de Atresmedia, Huerta viajaba a París, para asistir a la final de Roland Garros. El torneo en que Rafa Nadal volvió a triunfar. La undécima copa de mosqueteros fue para él. El viernes, el ministro había escrito un mensaje de apoyo. Pero los tuits los carga el diablo (al menos para él). Se despistó y escribió doble L al introducir el 'hashtag' de la competición. "¡Estamos contigo! #RollandGarros2018". Erratilla que algunos internautas no le perdonaron.

Los taurinos, a la contra

Tampoco Huerta es "muy aficionado" a la tauromaquia, como dijo ser consciente la Fundación del Toro de Lidia. Y por ahí le llegaron más rejonazos. "Que nombren a un ministro antitaurino... como poco... choca", señaló en televisión el matador Fran Rivera. "Podría cambiar de tercio y hacer una larga cambiada... Pero es vox pópuli que no soy aficionado, pero soy ministro de todas las culturas. Mis gustos no tienen por qué coincidir con todas las sensibilidades del país. Está enconado ese conflicto por las dos sensibilidades que hay. No tienen por qué asustarse. Por no gustarme, no me gusta ni cuando los llaman 'asesinos'. Habrá que juntarse todos a hablar, y a tender puentes, y el diálogo lo soluciona todo. Pero que no se asusten ni Fran Rivera, ni El Juli, ni ninguno de los toreros, porque no he venido a causar ninguna polémica", respondió el ministro el pasado sábado en el mismo programa de La Sexta.

Dos fallos del TSJM de 2017 pesan ahora sobre Huerta por haber defraudado 218.000 euros en tres ejercicios. La condena acarreaba pagar 366.000 €

Quizá su objetivo no fuera causar polémicas, pero algunas, justas o no, ya estaban en su mochila cuando accedió al cargo. Pero sin duda el lastre más pesado será el que este miércoles publica este periódico: cómo Huerta defraudó al fisco en los ejercicios 2006, 2007 y 2008 cuando trabajaba como presentador en 'El programa de Ana Rosa', según establecen dos sentencias emitidas en mayo de 2017. Hacienda descubrió que el hoy ministro se había deducido como gastos por actividad artística injustificada hasta 148.702 euros, lo que le supuso afrontar una multa total de 365.938 euros por los tres ejercicios, incluidos un recargo del 50% y los intereses de demora, puesto que el fraude original sería de 218.322 euros. Huerta fue además condenado a pagar las costas de los dos juicios habidos en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (4.840 euros, IVA incluido). Este subrayó que no apreciaba "buena fe" en la actuación de Huerta "en orden al cumplimiento de sus obligaciones fiscales".

Màxim Huerta, el ministro que traía la polémica a cuestas desde su nombramiento

Huerta declaraba a este periódico que está al corriente de todos sus deberes tributarios "desde hace ya unos cuantos años", y que por tanto la "regularización fiscal" a la que alude la información "se refiere a los ejercicios 2006, 2007 y 2008".

El ministro confesaba en la tele que, para él, su toma de posesión, hace menos de una semana, había sido un "momento en lo personal muy importante", "ilusionante", también por el cargo que asumía en ese momento. Pero las sentencias de ese pasado muy reciente han vuelto a cruzarse en su camino, y quizá puedan sembrarle más obstáculos.

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