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Pedro Sánchez, nuevo PDeCAT y Govern: empieza la 'desconexión' de Puigdemont

El cambio en la Moncloa, un nuevo Govern que no controla y la puntilla definitiva de su partido, con una asamblea general en julio: el tiempo del 'expresident' toca a su fin

Foto: Puigdemont y Sánchez durante la reunión que mantuvieron en marzo de 2016. (EFE)
Puigdemont y Sánchez durante la reunión que mantuvieron en marzo de 2016. (EFE)

La 'era Puigdemont' llega a su fin. El declive del 'expresident' es imparable. Su arrinconamiento en Berlín y el perfil propio que comienza a marcar el PDeCAT, así como la formación del nuevo Govern comandado por Quim Torra que ha tomado posesión este sábado y el cambio de Gobierno en Madrid es el principio del fin de una etapa marcada por el enfrentamiento frontal con el Gobierno español. La influencia de Carles Puigdemont ha comenzado una caída en picado que ya es imparable. En poco más de un mes, calculan en círculos independentistas, el mandatario fugado ya solo será un juguete roto más.

El primer aviso fue el desmarque del PDeCAT en la votación de la moción de censura a Mariano Rajoy. La líder de la formación, Marta Pascal, se desmarcó hábilmente para posicionarse a favor del socialista Pedro Sánchez, mientras que Puigdemont, fiel a su tacticismo, apostaba por dejar que siguiese Rajoy porque, de esa manera, la confrontación con el Estado está garantizada. Sería más gasolina para su proyecto frentista, al tiempo que quería 'vender' su posicionamiento diciendo que lo que ocurre en el Congreso de los Diputados es una cuestión 'interna' de España y que Cataluña ya está en otra dimensión.

La formación del nuevo Govern, aunque está formado por personas que le son fieles, tampoco será un instrumento en sus manos: en parte, debido al contrapeso que significa ERC en el mismo (tiene la mitad de los consejeros); y, en parte, porque el PDeCAT hará lo que dicten los órganos internos de la formación. Unos órganos internos donde ni Puigdemont ni ninguno de sus más fieles tienen voz ni voto. Por tanto, el 'expresident' está cada vez más solo y aislado.

La llegada de Sánchez a Moncloa supone un cambio en la percepción del 'problema' desde Cataluña y en la convicción, desde los empresarios hasta los ambientes políticos, de que se abre una oportunidad para la solución y el diálogo, algo que también descoloca a Puigdemont —partidario del 'cuanto peor, mejor'—.

Puigdemont y Sánchez, al inicio de su reunión en marzo de 2016. (EFE)
Puigdemont y Sánchez, al inicio de su reunión en marzo de 2016. (EFE)

Pero la verdadera puntilla a Puigdemont está por llegar este mes de julio, con la celebración de la Asamblea Nacional (el nombre que recibe el congreso del partido), que comportará importantes cambios en la cúpula de la formación y, lo que es más importante, erradicará esa estrategia frentista de Puigdemont. A nadie se le escapa que a Puigdemont le queda por conquistar el terreno del partido: necesita una formación absolutamente fiel a su persona que le blinde. Y no es ningún secreto que, en estos momentos, las relaciones del 'expresident' y del PDeCAT no pasan por su mejor momento.

Una fuente soberanista explica a El Confidencial que "lo peor que tiene Puigdemont es que lo quiere controlar todo. Quiere ser el Macron de Cataluña". Pero no le va a ser fácil: primero, por falta de apoyos; y, segundo, porque está en el extranjero y eso le resta margen de maniobra. Y su candidato para coger las riendas del partido, Joan Ramon Casals, tiene pocas posibilidades de desbancar a Marta Pascal.

Marta Pascal junto al coordinador de Organización del PDeCAT, David Bonvehí. (EFE)
Marta Pascal junto al coordinador de Organización del PDeCAT, David Bonvehí. (EFE)

Renovación de la estrategia

De ahí que la Asamblea de julio del PDeCAT suponga un punto de inflexión en lo que en algunos círculos se conoce como el 'efecto Puigdemont'. En esa fecha, el partido aprobará nuevos órganos de dirección y nueva cúpula, y preparará a sus cuadros para la batalla de las municipales del año que viene. Se esperan interferencias del 'expresident', aunque habrá que esperar para ver cuál es la intensidad de las mismas. Lo que parece meridianamente claro es que la coordinadora general, Marta Pascal, y la presidenta, Mercè Conesa, presentarán candidaturas para repetir mandato.

En su congreso, el PDeCAT prepara también una profunda renovación de su estrategia para intentar marcar perfil propio a partir de esa fecha. ¿Significa eso, de alguna manera, una 'rebelión' contra Puigdemont? Casi. Si algo tienen claro en la formación es que no se romperá el grupo parlamentario por su culpa. Pero al partido le urge marcar el perfil que tenía en otras legislaturas. Fuentes del PDeCAT solo reconocen que "hemos de mostrar un perfil propio que se ha de concretar en la oferta municipal del año que viene".

A partir de ahí, quiere emerger como la fuerza central de Cataluña, recuperar el poder perdido y el protagonismo que en otro tiempo había tenido CiU. No renunciará al soberanismo, pero volverá a una senda más posibilista, renunciando al unilateralismo y rehuyendo un escenario de ruptura y de confrontación con el Estado. De hecho, a nadie se le escapa que Convergència, que fue la que inició el 'procés', ha sido la primera gran víctima del mismo. Tan víctima, que ya no existe.

Puigdemont frente al Bundestag en Berlín, en una imagen del mes pasado. (Reuters)
Puigdemont frente al Bundestag en Berlín, en una imagen del mes pasado. (Reuters)

Negociación con el Estado

Para el futuro, pues, el partido se plantea un escenario soberanista ausente de unilateralidad, "capaz de conseguir que el independentismo se configure como una mayoría social en Cataluña desde una acción de gobierno responsable y utilizando los mecanismos legales y estatutarios establecidos".

Más claro, el agua. Este planteamiento supondría un punto de fricción con Puigdemont, pero también es verdad que con él, el PDeCAT marca perfil propio y pone sobre el tablero un nuevo escenario. Porque si el partido heredero de Convergència reconduce la situación, ello implicaría, en su momento, una negociación con el Estado para resolver el conflicto catalán. Un escenario al que también colabora la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa. Y, como admiten en privado dirigentes soberanistas, se trataría de llegar a una solución "asumible para la totalidad del pueblo de Cataluña".

De lo que no hay duda es de que en el seno de la formación postconvergente se resisten a que esta se disuelva como un terrón de azúcar en el seno de JxCAT y recuerdan que fue el partido el que movilizó a sus militantes por el territorio y puso a disposición de JxCAT sus sedes en las últimas elecciones para que Puigdemont pudiese obtener los resultados que obtuvo. Ahora llegará la hora de pedir a JxCAT que arrime el hombro para volver a hacer del PDeCAT la fuerza más potente de Cataluña. Y para ello, Puigdemont empieza a sobrar.

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