UN VUELCO SIN PRECEDENTES EN LA POLÍTICA ESPAÑOLA

31-M: el día en que el secretario general Sánchez entró sin escaño y salió presidente

El líder del PSOE retornó al Congreso como candidato en una moción de censura, pero el viento se giró tras el sí definitivo del PNV. Este viernes, se convierte en el séptimo presidente de la democracia

Foto: año en l6a bancada socialista, este 31 de mayo en el Congreso. (Reuters)
año en l6a bancada socialista, este 31 de mayo en el Congreso. (Reuters)

Quedan pocos minutos para las ocho de la mañana. Un automóvil de Ferraz acude a recoger al candidato Pedro Sánchez a su domicilio, en Pozuelo de Alarcón. Viste traje azul marino, corbata plateada. En el coche que le conduce hasta el Congreso, el secretario general se muestra "tranquilo", "sorprendentemente tranquilo". No hojea sus papeles, el discurso de 20 páginas que lleva escrito, que se ha nutrido de aportaciones de miembros de su equipo y que cuenta también con su pluma. Sobre las 8:30, aterriza en la Cámara Baja y se dirige al despacho de la portavoz socialista, Margarita Robles, donde se reúne minutos antes del arranque del pleno con su núcleo duro. También están allí sus padres, Pedro y Magdalena, pero no su mujer, Begoña.

[Siga en directo la moción de censura a Rajoy. Pedro Sánchez presidente del Gobierno]

A esas horas ya se vislumbra el final, pero nada es todavía cien por cien seguro. A las nueve, el candidato penetra en los pasillos del Congreso con gesto adusto, grave. No hace declaraciones e ingresa directamente en el hemiciclo. Su bancada le aplaude, como lo hacen los miembros de su ejecutiva y los barones de Madrid y Asturias desde la tribuna de invitados. La imagen es en sí misma imponente. Se acomoda en el que era su escaño, en la primera fila de la bancada socialista, pero ese asiento hoy es prestado. No es suyo. Hace algo menos de dos años que no pisaba ese salón de plenos, cuando dejó su acta de diputado, en octubre de 2016, desahuciado por su propio partido, y con un futuro incierto. Pocos daban un duro por él.

Doce horas después, cerca de las 21:00 de este (también de verdad) histórico 31 de mayo de 2018, el candidato Pedro Sánchez abandona el hemiciclo rodeado de una nube de cámaras. Pide a los periodistas respetar el final del debate, que culmine la tramitación parlamentaria de su moción de censura. Sube las escaleras que conducen al primer piso acompañado de la directora de Comunicación del PSOE, su fiel escudera Maritcha Ruiz. Para entonces, ya no hay dudas. Pedro Sánchez se convertirá en el séptimo presidente del Gobierno de la democracia española.

Ni la dirección contaba con estos planes cuando lanzó su órdago hace una semana. Como siempre defendió, tenía que hacerlo. Tenía que presentar y defender su moción de censura contra Mariano Rajoy hasta el final, por la devastadora sentencia de la primera época del caso Gürtel y la falta de respuesta del Ejecutivo y de su presidente. Los primeros renglones se torcían y todo parecía imposible de casar, máxime cuando la cúpula pregonaba que no quería "negociar nada" con nadie, que esto era un plebiscito de respuesta binaria: sí o no a Rajoy, y punto. Pero el secretario general y su hombre fuerte, José Luis Ábalos, fueron encadenando carambolas, atando apoyos. Una vez obturada la vía de la combinación de Podemos y Ciudadanos, la preferida, el núcleo duro focalizó sus esfuerzos en atraer al PNV. Sus cinco votos eran fundamentales. Los necesarios para apuntillar a Rajoy y llegar a la mayoría absoluta, a la cifra mágica de los 176 escaños. En la mañana del jueves, cuando Sánchez pone un pie en el salón de plenos, ese respaldo ya se toca con la punta de los dedos. Pero no estaba confirmado, decían horas más tarde en su equipo.

Sánchez llega sobre las ocho y media al Congreso, se ve con su núcleo duro y con sus padres. Se acomoda en su escaño, el que tenía hasta 2016

Interviene primero en la tribuna Ábalos. El secretario de Organización apenas había tenido tiempo para leerse su propio discurso. No lo sigue al pie de la letra, y algunos tienen el regusto, tras rematar su duelo con el presidente, de que no se ha preparado bien las réplicas, que ha quedado hasta "marrullero". Luego sale Sánchez.

"Dimita ahora y todo terminará"

El candidato pretende mostrar hechuras presidenciales casi desde que sube los peldaños que conducen al atril del Congreso. Aparca el tono agresivo de otros enfrentamientos pasados con Rajoy e hila un discurso contundente en el fondo, pero respetuoso en las formas. No es épico, sino más bien frío y administrativo. Pero él es así, no es un hombre de grandes disertaciones ni de una oratoria brillante. Pero enciende la luz en tres partes básicas y fundamentales: la crítica al presidente por la sentencia "gravísima" del caso Gürtel, la exhortación a Rajoy para que dimita y aborte la moción y un programa de gobierno basado en cuatro ejes —estabilidad institucional, presupuestaria, social y territorial— que tiene como puntos clave la promesa de mantener, "por responsabilidad", los Presupuestos de 2018, en un guiño claro al PNV, y el compromiso de abrir las puertas al diálogo con el Govern de Quim Torra y los demás ejecutivos autonómicos. En el horizonte, dice, vendrán las elecciones, pero no da ninguna fecha. No le hace falta concretarla ya porque no puede seducir a Ciudadanos. No necesita sus 32 votos.

El candidato seduce al PNV con su promesa de mantener los PGE de 2018 y a los independentistas con su oferta de diálogo con el nuevo 'president'

"Dimita ahora y todo terminará. Su tiempo acabó. Dimita y esta moción de censura habrá acabado aquí y ahora", presionó una vez. Y hubo una segunda, y otra más. "Si tanto quiere a su país, si tanto le interesa y le importa la estabilidad económica y democrática, dé un paso al frente, pida perdón y hoy aquí en esta Cámara, antes de que encuentre la censura del Congreso de los Diputados, dimita como presidente del Gobierno". "Si lo hace, esta moción de censura habrá terminado y usted habrá asumido su responsabilidad política y, por tanto, se podrá abrir una nueva etapa en la política española", golpeó. Sánchez buscaba "poner a Rajoy frente a su propio espejo", como relataban ufanos en su equipo. Señalarle, dejar bien patente que es él, el presidente, el que no se quiere marchar, y que por eso no hay más remedio que activar el botón nuclear de la moción de censura.

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El candidato, así lo ven los suyos, se crece en las réplicas, y eso que no es su mejor terreno frente a un Rajoy que trufa sus peroratas de sarcasmo, retranca y aguijón. No entra en la pendiente del barro de la corrupción por el que le quiere conducir el presidente y se defiende de las acusaciones de que romperá los consensos sobre Cataluña por los apoyos prestados por las formaciones independentistas. "Después de lo que ha llovido, me puede dar lecciones de muchas cosas, seguro, pero no me va a dar lecciones de defensa de mi país y de amor a mi país".

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El careo es áspero, aunque la tensión no sube a máximos. La bancada socialista acaba satisfecha y hasta los parlamentarios nada próximos ni condescendientes con el líder alaban su duelo con el presidente, y sobre todo sus réplicas. Rajoy, dicen los diputados del PSOE, ha preferido una faena más como "jefe de la oposición" que como presidente del Gobierno. Y es que al final de la mañana ya toda esperanza parece nublarse para el Ejecutivo. El PNV ha elegido. Y elige a Sánchez. El presidente no regresa al hemiciclo cuando a las tres se reanuda el pleno. Se refugia con sus colaboradores y algunos de sus ministros en un restaurante cercano al Congreso.

Comida con su equipo de confianza

Sánchez, mientras, almuerza en el despacho de la portavoz con su núcleo duro: su jefe de Gabinete, Juanma Serrano; la vicesecretaria general, Adriana Lastra; el secretario de Organización, José Luis Ábalos, y los dos hombres de confianza de este, Paco Salazar y Santos Cerdán (el dirigente que ha conducido las negociaciones con el PNV), y la propia Margarita Robles, más Maritcha Ruiz y el resto del equipo técnico del líder.

Sánchez almuerza en el despacho de la portavoz con su núcleo duro, capitaneado por Lastra, Ábalos, Robles, Cerdán y Salazar, más su gabinete

Tras el almuerzo, los diarios comienzan a escupir la noticia de que los nacionalistas vascos han confirmado al PSOE y al PP su apoyo a la moción de censura. En el primero escalón de poder de la dirección socialista impera la prudencia. Tienen miedo a darlo por bueno para evitar que los renglones se tuerzan otra vez. "Solo sabemos que nos respaldarán si Rajoy no dimite", se atrevía a decir con cautela un alto mando de Ferraz. Pero ya todo estaba hecho. El portavoz 'jeltzale', Aitor Esteban, lo solemniza en la tribuna. Sánchez agradece el apoyo de su grupo y se compromete a que el PNV sea "socio preferente para eventuales cambios legislativos". Reclama a los nacionalistas vascos "comprensión, empatía y predisposición" para esa nueva relación política que "abre un nuevo tiempo para España y para Euskadi".

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En los pasillos del Congreso, en el patio, mientras, circulaba el rumor de una posible dimisión inminente de Rajoy para cortocircuitar la moción de censura. Se especulaba con que hubiera incluso acudido a la Zarzuela para presentar su renuncia al Rey. Al final, sobre las 18:30, María Dolores de Cospedal, número dos del PP y ministra de Defensa saliente, rompe la burbuja. El presidente no dimitirá porque la nueva "aritmética" de la Cámara impide garantizar al PP una nueva investidura. El tiempo del PP en el Ejecutivo moría. La Gürtel acababa con él.

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Los diputados socialistas ya respiraban tranquilos. Pero en sus rostros no asomaba exactamente la euforia. Sí la alegría, el alivio, la incredulidad por el giro copernicano operado en apenas seis días, pero también se detectaba "la contención", como resumían varios de ellos. "Y nos dabais por muertos hace un año, ¿eh?", decía con cierta sorna a los periodistas una dirigente del máximo nivel. "En un año desde la 'resurección' de Pedro, nos ha dado tiempo a poner al PSOE en orden y a reconquistar el Gobierno", señala otro de sus pretorianos. Pero esa "contención" se explicaba por el temor cierto a lo que espera ahora al partido y lo difícil que será a partir de ahora la gestión cotidiana de un Ejecutivo con un respaldo tan precario. Solo 84 diputados de una Cámara de 350.

Sin apenas tiempo

Serán unos meses, solo unos meses, pero muy complicados, en los que la "campaña" del PP será durísima, prevén, desde el minuto uno, echándole en cara a Sánchez una y otra vez que está en La Moncloa por el apoyo de formaciones nacionalistas y separatistas. En la cúpula dicen no tener pánico a esas críticas, pero sí sienten el vértigo por todas las tareas pendientes en un escenario tan inestable. Porque esta moción de censura, que solo ha ido ganando fuerza en los últimos tres días, "no entraba en los planes" de Sánchez. Él ambicionaba, y así lo trasladaba a sus colaboradores, disponer de un año de cierto sosiego para afrontar con más seguridad el combate electoral de 2019. Ahora todo eso ha saltado por los aires. El vuelco político, totalmente increíble hace unos días, es total.

Todavía es pronto para las quinielas de Gobierno. Pero es fácil que se integren ejecutivos cercanos como Lastra, Ábalos, Narbona, Calvo...

El candidato promete desde la tribuna un Gobierno "socialista, paritario, europeísta, garante de la estabilidad presupuestaria y económica, y cumplidor con sus deberes europeos". ¿Pero cuál? Apenas habrá tiempo para pensar mucho. La toma de posesión del nuevo presidente será, previsiblemente, el sábado, y el nombramiento de sus ministros, en los siguientes días, pero de forma muy inminente. No habrá plazo para que el Ejecutivo saliente entregue los 16.000 folios que el gran 'fontanero' monclovita de los Gabinetes socialistas, José Enrique Serrano, puso en las manos de Soraya Sáenz de Santamaría en diciembre de 2011.

Pedro Sánchez, acompañado por Adriana Lastra, José Luis Ábalos, Margarita Robles y Juanma Serrano (i), este 31 de mayo llegando al debate de la moción de censura. (EFE)
Pedro Sánchez, acompañado por Adriana Lastra, José Luis Ábalos, Margarita Robles y Juanma Serrano (i), este 31 de mayo llegando al debate de la moción de censura. (EFE)

En el equipo más cercano de Sánchez, insistían en que el líder no ha verbalizado qué Gobierno tiene en la cabeza, si es que le ha dado tiempo a esbozar un mínimo organigrama. En los pasillos, corrían las cábalas. Puras especulaciones, algunas entradas en razón. Varios dirigentes cercanos cuentan con la entrada en el nuevo Gabinete socialista de la presidenta del PSOE, la exministra Cristina Narbona; o de la secretaria de Igualdad y negociadora del 155 con Santamaría, la también exministra Carmen Calvo. Igual que sería esperable el ingreso en el corazón del Ejecutivo de las dos personas de la máxima confianza de Sánchez, Adriana Lastra y José Luis Ábalos, o de la actual portavoz, Margarita Robles.

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Pero tendrá que hacer equilibrios para no desguarnecer ni la dirección del PSOE ni la cúpula en el Congreso, pieza fundamental en un momento en el que los pactos a varios bandas serán la regla de oro. Otros miembros cercanos al líder creen que puede tirar de independientes, o de responsables de anteriores Gobiernos socialistas. Son centenares de puestos a cubrir y no llega, obviamente, con los integrantes de su equipo más próximo. El poder, además, cohesiona, aprieta las filas del PSOE. Este jueves ya eran todo parabienes hacia el nuevo presidente.

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"Deseadnos suerte a todos y todas", expresaba el candidato Sánchez a Aitor Esteban desde su escaño. La tarea por delante se presume ardua, un terreno lleno de minas desde el primer día. La celebración por el triunfo se despachará en solo unas horas. Porque para el candidato Sánchez la derrota de Rajoy se ha convertido casi en un acto de "justicia poética", recordaban los suyos. Él se fue en 2016 para no tener que investirle. Y regresa al Congreso para decapitarle y poner fin a casi siete años de PP en el poder. El candidato Sánchez, el secretario general Sánchez, está a unas horas, muy pocas, de ser el presidente Sánchez. Quién lo iba a decir. Nunca jamás había pasado en España. Son las vueltas de la política. El tren que, esta vez sí, ha dejado al socialista madrileño en la estación de La Moncloa. Dos elecciones, dos investiduras y una moción de censura después.

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