GÉNOVA LO ELIGE COMO CANDIDATO

Ángel Garrido, el delfín "leal" que Cifuentes rescató y Génova acabó premiando

Fue Cifuentes quien le rescató de un papel secundario en la vida política hasta convertirlo en su número dos a todos los afectos. Su "lealtad" ha pesado en la decisión final del PP

Foto: Cristina Cifuentes junto al consejero de Presidencia, Justicia y Portavoz de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido. (EFE)
Cristina Cifuentes junto al consejero de Presidencia, Justicia y Portavoz de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido. (EFE)

En la Asamblea de Madrid todos han hablado siempre bien de él. Dentro de los grupos de la oposición y lo que es todavía más difícil, en las propias filas de su partido. Ángel Garrido García (Madrid, 1964) era el sustituto natural en el Gobierno de la Comunidad tras la renuncia de Cristina Cifuentes, por su condición de número dos en el ejecutivo y como secretario general del PP de Madrid. Y finalmente así ha sido. Controla el aparato conservador madrileño de forma indiscutible y a tal efecto, encabezaba todas las quinielas desde el principio para ser el "presidente interino" que tanto reclaman sus socios de Ciudadanos. Todas, excepto la de Génova, que no ocultó en un principio sus dudas. Eso sí, en la festividad del Dos de Mayo las piezas se colocaron en el tablero. El número dos de Cifuentes compartió una charla con María Dolores de Cospedal, que apoyo su candidatura. Su única intención, "no tirar por tierra el trabajo de estos tres años".

Aunque aquel día el entorno de Garrido insistía en que él no se postularía formalmente porque la decisión "era únicamente de la dirección nacional". Pero la mayor parte de los diputados sabían que lo más razonable era que él continuara al frente estos meses. Su escasa ambición y, sin embargo, la lealtad que siempre ha demostrado consiguieron auparle poco a poco en los últimos días. Y en el PP nacional lo vieron claro. Era la mejor decisión. "Yo en la vida he hecho siempre lo que me tocaba. Y ahora haré lo que me pidan", reconocía el presidente en funciones a un grupo de periodistas en la Real Casa de Correos.

En la dirección nacional del PP obsesionaba elegir bien al sucesor, porque su cometido será clave preparando el terreno para la batalla de 2019. Y Garrido no era considerado a priori un 'pata negra'. Algunos dirigentes recordaban que procedía del CDS y aterrizó en el PP en 1995 como concejal de Pinto, recomendado por Feliciano Blázquez —considerado el padre político de Aznar—, que llamó personalmente a Pío García Escudero para que contara con él. Y así se hizo. Blázquez, fallecido en noviembre del año pasado, conocía a Garrido por su conexión abulense, ya que el actual consejero de Presidencia pasaba sus veranos en un pequeño pueblo cerca del Barco de Ávila.

María Dolores de Cospedal y Ángel Garrido el Dos de Mayo. (EFE)
María Dolores de Cospedal y Ángel Garrido el Dos de Mayo. (EFE)

Pero, sobre todo, en Génova mostraban reticencias porque en realidad le conocen muy poco. Algo lógico teniendo en cuenta que su ascenso político llegó de la mano de Cifuentes hace apenas tres años. En la anterior legislatura Ana Botella ya le aupó levemente nombrándole presidente del pleno del Ayuntamiento, donde hizo carrera al frente de las juntas municipales de Latina, Usera, Chamberí, Villa de Vallecas y Retiro. Los que le conocen aseguran que tiene dos pasiones —el Atlético de Madrid y la lectura— y una vocación, la política. De esto último la mejor carta de presentación para confirmarlo es esa: 13 años dedicados a la imperceptible gestión municipal de los distritos sin grandes pretensiones.

Por lo tanto, su verdadera promoción se produjo a través de Cifuentes al designarlo como consejero de Presidencia, Justicia y Portavocía en 2015. Y lo hizo sin pestañear. Garrido y la ahora expresidenta eran amigos desde hacía mucho tiempo y "Cristina confiaba en él más que en nadie", explican desde las filas populares. Era un momento complicado. Cifuentes venía a regenerar el partido en Madrid, erigiéndose como la gran esperanza en mitad de la irrespirable situación en la que se encontraba sumido el PP por los distintos casos de corrupción, y todo ello heredando la lista de Esperanza Aguirre. Consiguió con mucho esfuerzo meter "a algunos de los suyos", pero su hombre de confianza fue Garrido desde el principio.

El consejero confiaba en el proyecto del "nuevo PP" aclamado por Cifuentes que incluía la ya célebre "tolerancia cero con la corrupción". Y ella siempre supo que él estaría de forma incondicional. Se le suponía 'aguirrista' pero en realidad era 'antigallardonista'. De hecho tuvo sus más y sus menos en la etapa de Alberto Ruiz-Gallardón como alcalde de la ciudad (siendo él concejal), y no dudó en mostrarle su disconformidad cuando hizo falta. También se enfrentó al vicealcalde Manuel Cobo cuando anunció que le disputaría la presidencia del PP a Aguirre. Este último gesto muchos lo enmarcan en su condición de "lealtad y "responsabilidad", insistiendo en que Garrido es 'cifuentista' hasta la médula.

Garrido y Cifuentes en el pleno de la Asamblea de Madrid. (EFE)
Garrido y Cifuentes en el pleno de la Asamblea de Madrid. (EFE)

Y el sentimiento era mutuo porque la entonces presidenta tuvo muy claro que quería convertirle en su número dos a todos los efectos. Más allá de su designación como máximo consejero en el ejecutivo regional, le nombró secretario general en cuanto tomó las riendas del partido en Madrid, concendiéndole el poder orgánico absoluto. Garrido goza hoy por hoy de la total confianza de Cifuentes y es el candidato que ella quiere para sucederle. Así se lo hizo saber al aparato de Génova, aunque este se resiste. Al mismo tiempo no despierta animadversiones en los partidos de la oposición y especialmente en Ciudadanos, un asunto que puede convertirse en capital teniendo en cuenta los diez meses de legislatura que están por venir en plena precampaña.

De hecho, fue en gran medida el hacedor del acuerdo de investidura con el grupo naranja de Ignacio Aguado. En su grupo destacan de él su "talante negociador y mediador" que le ha servido para ese y otros menesteres de mayor complejidad, como recuperar la interlocución con los agentes sociales dentro de sus competencias y desde el ejecutivo regional tras años de sequía en este sentido.

En el PP lo tienen por una persona discreta, con visión política (entienden que sobre la gestión de Cifuentes en la Comunidad, en la que él ha participado en gran medida, no caben apenas reproches) y sin grandes ambiciones como ha demostrado su actitud leal con Cifuentes en los momentos más duros. Obtuvo un gran protagonismo en la convención nacional del partido en Sevilla, llamada a ser el gran encuentro del relanzamiento para los conservadores y relegada a un goteo de titulares sobre cada movimiento de la dirigente madrileña. Garrido estuvo a su lado en cada momento. Participó en la larga ovación a la que el PP sometió a Cifuentes y compareció ante los medios en distintas ocasiones por primera vez en un encuentro de tales dimensiones. También consiguió una cierta normalidad el pasado Dos de Mayo pese a que el escenario era complicado. Optó por "no mencionar a Cristina" porque insistió en que tocaba hacer un "discurso institucional, de presente y de futuro", pero también reconoció que a Cifuentes "nunca le faltaría cariño" por su parte.

Al final, lo que el PP podía ver como una debilidad se tornó en su máxima fortaleza. En Génova quieren una persona leal y que no dé problemas de aquí a 2019 mientras los populares tratan de reflotar la situación. Lo que no está claro del todo, pese a la amistad, es si realmente Garrido pondría la mano en el fuego por Cifuentes. Porque el número dos de la Comunidad de Madrid ya dijo en 2016 en una de sus intervenciones y preguntado por si temía que algún miembro del ejecutivo resultara imputado en Púnica o Gürtel que "cada uno debe asumir sus responsabilidades, no es preciso poner la mano en el fuego por nadie más que por uno mismo". Una frase que de nuevo retumba en la Puerta del Sol.

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