El caso Cifuentes arruina el plan del PP para relanzar a Rajoy y hunde la moral de la tropa
CONVENCIÓN NACIONAL DEL PARTIDO EN SEVILLA

El caso Cifuentes arruina el plan del PP para relanzar a Rajoy y hunde la moral de la tropa

Rajoy se subió a la cinta de correr que habían colocado como parte del escenario y Cifuentes también la probó para convencer, dentro y fuera de su partido, de que está en plena forma

Foto: Cristina Cifuentes en la Convención Nacional del PP. (EFE)
Cristina Cifuentes en la Convención Nacional del PP. (EFE)

El PP ha planificado hasta el último detalle de esta convención nacional de Sevilla desde hace meses pero nadie podía prever que las irregularidades en el máster de la presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes, y su posterior gestión de esta crisis iba a taparlo todo. "Si no fuera esto, sería otra cosa", apuntaba con resignación un dirigente autonómico.

Mariano Rajoy se subió a la cinta de correr que habían colocado como parte del escenario bajo el lema "Sigue el ritmo de Rajoy" y Cristina Cifuentes también la probó horas más tarde para convencer, dentro y fuera de su partido, que está en plena forma. La cita estaba prevista para unir al PP, subir la moral de la tropa y relanzar al partido ante el nuevo ciclo electoral que encadenará europeas, municipales, autonómicas y generales a partir de 2019. Los populares se habían conjurado para relanzar la figura del presidente, frenar el desgaste por la cuestión de Cataluña y cortar el paso a Ciudadanos, desafiando las encuestas que repiten que los de Albert Rivera están por las nubes.

Pero la ley de Murphy se apoderó del cónclave: "Si algo puede ir mal, saldrá mal" y la encina elegida como símbolo de la cita está a prueba y zarandeada. De exhibición de la fortaleza del PP, simbolizada en un árbol que hunde sus raíces en lo más profundo, la convención mutó a prueba de resistencia. Agitando además los fantasmas internos porque Cifuentes tiene amigos pero también enemigos y la inquina hacia la presidenta de Madrid estaba ahí en ciertos sectores del partido, sin escarbar mucho. "Está bien que algunos demos la cara para que nos la partan y otros hablen en privado para hacer daño", señaló un dirigente del partido. La aludida dejó claro que tiene "más fuerzas de los que muchos creen".

El caso Cifuentes arruina el plan del PP para relanzar a Rajoy y hunde la moral de la tropa

Cifuentes apareció, ya por la tarde vestida para matar, de rojo, y dejó claro que siente el apoyo de su partido. "Si no, no estaría aquí", sentenció. Después se llevó una ovación cerrada del plenario en pie. Ya desde el primer momento Rajoy trató de frenar el ruido interno dejando claro que la líder madrileña tiene el apoyo del PP. Un mensaje que iba tanto para fuera como de puertas adentro, donde algunos dirigentes expresaban en privado serias dudas sobre el futuro de Cifuentes. Bien es verdad que nadie del Gobierno va a poner la mano en el fuego porque temen achicharrarse y el apoyo se quedó en que será la Justicia la que tenga la última palabra.

El almuerzo reunió al presidente del Gobierno con sus presidentes autonómicos y barones del partido y allí estaba Cifuentes. A Rajoy lo vieron "como siempre", "sereno e imperturbable", en palabras de un dirigente que compartió mesa en la Torre Pelli, un lugar cercano al hotel donde se celebra la cita popular y al que acudieron en un pequeño autobús. A Cifuentes se le notaba, cuentan, que "está muy afectada en lo personal".

Cospedal tocó la corneta en el arranque de la convención para dejar claro que tocaba apretar las filas y "defender a los nuestros"

La consigna interna era clara. La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, tocó la corneta en el arranque de la convención para dejar claro que tocaba apretar las filas y "defender a los nuestros". En los discursos oficiales se tuvo en cuenta, pero el ánimo de muchos dirigentes, que rehuían a los periodistas por los pasillos, no se podía disimular. "¿Por qué no preguntáis por el juicio de los ERE o por la corrupción de Valencia?", espetó un dirigente nacional. La frustración y hasta la rabia de algunos de quienes componen el núcleo duro del PP estaba ahí. Madrid sería el gran mazazo para un partido destruido en Cataluña y en horas bajas en Andalucía.

"El PP, no solo quienes tienen cargo sino también hasta el último militante, se siente agredido. Se preguntan por qué el máster (de Cifuentes) es más importante que un juicio de 800 millones de euros (caso ERE) y desarrollan medidas de autoprotección. Por eso se producen escenas como esa ovación cerrada a Cifuentes", reflexión un líder regional del partido.

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Frente a esas nubes negras que los dirigentes del PP llevaban sobre sus cabezas estaba Rajoy. Nunca el presidente del Gobierno se sobreexpuso tanto. Estaba planificado. Su cuenta de Twitter lo mostró la noche anterior cenando con representantes de la sociedad civil andaluza, a primera hora haciendo deporte a las orillas del Guadalquivir y la jornada discurriría con el presidente circulando por casi todos los espacios habilitados en el recinto. Un líder cercano, rodeado de jóvenes, hablando de manera informal con los militantes, recordando anécdotas de su Galicia natal, subiendo a la cinta de correr para demostrar que está en buena forma e insuflando ánimo a la tropa.

Rajoy se empeñó en demostrar que queda dirigente para "mucho tiempo", insistió en remarcar las fortalezas de su partido, su historia, e ironizó con aquellos que se creen que "han descubierto el mundo". "Lo de Adán fue hace mucho tiempo", bromeó, arremetiendo contra quienes nunca han tenido responsabilidades de Gobierno y se creen que van a arreglarlo todo "con un discurso o un tuit" porque eso, remarcó, "eso no es gobernar". Van a dar la batalla para ganar las próximas elecciones y la oposición, advirtió, "una vez más se va a quedar con un palmo de narices". También Soraya Sáenz de Santamaría tuvo su recado para Ciudadanos: "Es como un jersey nuevo al que luego le salen pelotillas".

El caso Cifuentes arruina el plan del PP para relanzar a Rajoy y hunde la moral de la tropa

Bastaba rascar un poco para oír duras críticas a Ciudadanos por su ultimátum al PP en Madrid. "Es como Murcia", admitió un líder nacional, "hoy dicen una cosa, mañana otra y después harán la contraria". En el PP insistían en poner la pelota en el tejado de la universidad: "Te lo voy a explicar ahora mismo como se lo he explicado a un australiano: si una universidad te da un título de un máster que es falso, el problema de quién es, ¿tuyo o de la universidad? Pues eso", trataban de explicar. Los suyos de Madrid llamaban a defenderla "sacando las garras" porque aquí se trata de que no te huelan el miedo o el enemigo, interno o externo que también sobre eso disertaron los populares, te ganará la partida.

"Muchas felicidades a todos los premiados, muchas gracias por estar aquí y mañana más y mejor", avisó Rajoy en una de sus intervenciones. Este domingo clausuran y el balance, por mucho que los dirigentes apunten a que la realidad interna es mucho menos tensa que la que se expone en los medios, será muy difícil que sea esa convención ideal que iba a ser el punto de partida de un PP "a ritmo de Rajoy", metiendo la quinta marcha porque el ritmo lo marcó Cifuentes.

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