el alcalde socialista dimite el lunes

Un PP con causas abiertas acaricia el poder en Alicante por la fractura en la izquierda

Luis Barcala sustituirá a Gabriel Echávarri, que dimite el próximo 9 de abril tras acumular dos procesamientos, si el PSOE no logra sumar una nueva mayoría para retener la alcaldía

Foto: El todavía alcalde de Alicante, Gabriel Echávarri, en la sede autonómica del PSPV, en la capital valenciana. (EFE)
El todavía alcalde de Alicante, Gabriel Echávarri, en la sede autonómica del PSPV, en la capital valenciana. (EFE)

Empieza la cuenta atrás. Si cumple su promesa, este 9 de abril, el alcalde de Alicante, el socialista Gabriel Echávarri, formalizará su renuncia al acta y entonces arrancará un periodo de unos 20 días en los que habrá de resolverse la investidura de un nuevo regidor. Y no está claro que la ciudad siga en manos del PSOE, bajo la tutela de la sucesora elegida, Eva Montesinos. Los números aún no dan, así que el poder municipal podría regresar a un PP arrastrado por Gürtel, Brugal y otros escándalos de corrupción y que en 2015 se pegó un contundente batacazo en las urnas. Alicante había sido hasta entonces un potente granero de votos para los populares en toda España.

Echávarri (seis concejales) logró armar hace tres años un Gobierno tripartito formado por su partido, Guanyar Alacant —la plataforma impulsada por Podemos e IU— y Compromís que nació inestable desde el minuto uno. El Ejecutivo se fue deshaciendo a medida que crecieron los problemas judiciales del alcalde. Los dos socios acabaron dejando solo al regidor por su doble procesamiento: uno, por el fraccionamiento de 14 contratos del área de Comercio por 144.000 euros y otro, por el despido de una interina, que es cuñada del portavoz municipal del PP. La sensación que ha cundido en la ciudad, y que también reina en la cúpula autonómica del PSPV, es que se ha perdido una legislatura, que las luchas fratricidas de la izquierda y el empecinamiento de Echávarri por mantenerse al frente del ayuntamiento han paralizado Alicante y han proyectado la imagen de caos. Caldo de cultivo propicio para el fortalecimiento de Ciudadanos en los comicios locales de 2019.

El tripartito se deshizo por completo el pasado noviembre, cuando el procesamiento de Echávarri hizo salir del Ejecutivo a Guanyar y a Compromís


La confirmación de procesamiento de Echávarri determinó al PSPV a tomar cartas en el asunto sin más demora. Por eso forzó su dimisión para este 9 de abril. El presidente de la Generalitat y jefe del partido en la comunidad, Ximo Puig, no podía permitirse el lujo de que la crisis en Alicante se prolongara por más tiempo y se le rompiera su discurso de firmeza contra la corrupción. Aún a riesgo de perder la alcaldía y de que esta vuelva a manos del PP. Los últimos meses habían sido tremendamente duros para el PSOE: Echávarri dirigía desde noviembre un Ejecutivo en solitario, con sus seis concejales en una corporación de 29, en la que el PP cuenta con ocho ediles, por cinco de Guanyar (Podemos, EUPV-IU e independientes), cinco de Ciudadanos y tres de Compromís, más dos no adscritos (una ex de Guanyar, Nerea Belmonte, y un ex de Cs, Fernando Sepulcre). Los socios de los socialistas abandonaron el equipo de gobierno por la doble acusación que pesa sobre el regidor.

El equipo negociador

Puig y su equipo se han marcado como "prioritario" el objetivo de conservar Alicante, una ciudad de 330.000 habitantes y que durante 20 años (1995-2015) estuvo en manos del PP. Por eso, la negociación con el resto de fuerzas ya ha arrancado. Solo cuatro personas han sido designadas para conducir las conversaciones: la candidata a la investidura, Eva Montesinos, alcaldesa en funciones; los secretarios de Organización y Relaciones Institucionales y Acción Territorial del PSPV, José Muñoz y Carlos Fernández Bielsa (regidor de Mislata), y nuevo líder local de Alicante, Miguel Millana (también sustituto de Echávarri en el cargo).

Los socialistas quieren presionar primero a Cs para que se decante y elija entre un Gobierno de progreso, que ya votó en 2015, o la vuelta del PP

Por el momento, según señalan fuentes del PSPV a este periódico, el apoyo de los cinco ediles de Guanyar y los tres de Compromís ya está amarrado. Triunfo que se consiguió anudar este jueves. Pero las tres fuerzas juntas solo suman 14 votos. Falta uno. Con el apoyo de un único concejal más, hasta completar la mayoría absoluta, bastaría. Si el PSOE no logra cosechar esos 15 respaldos, la alcaldía pasaría a manos del PP, al ser la fuerza más votada en el consistorio.

El 'president' valenciano y líder del PSPV, Ximo Puig, el pasado 4 de abril en la capital autonómica. (EFE)
El 'president' valenciano y líder del PSPV, Ximo Puig, el pasado 4 de abril en la capital autonómica. (EFE)

La estrategia de los socialistas persigue, en esta primera fase, que Ciudadanos se retrate. Que diga con quién está. Si apoya la investidura de Montesinos o si se inclina por el PP. Es la respuesta que intentaran arrebatar a los naranjas en una cita que avanzan que se producirá "el próximo martes o miércoles". "No hay una relación tóxica con ellos, ni una incomunicación. Pero no se pueden borrar de la ecuación. Tienen que decidir qué quieren: o un Gobierno de progreso o que vuelva el PP de Sonia Castedo [la alcaldesa de la ciudad entre 2008 y 2014 que tuvo que dejar su cargo por su imputación por corrupción], de la Gürtel y de Brugal". En el PSOE recuerdan que la pretensión de que Cs apoye la elección de su candidata no es tan exótica: en 2015, la formación naranja votó a Echávarri como regidor.

"A Ciudadanos no le interesa que vuelva el PP y que se recupere de aquí a 2019, porque ellos están al alza y les viene mejor que siga al frente del ayuntamiento la izquierda y que se prolongue la sensación de desbarajuste. Cs cree que puede convertirse en la alternativa en Alicante, y dar el poder al PP truncaría sus expectativas", razona un alto mando de la cúpula de Puig.

Sin mojarse

El partido emergente aún no ha desvelado a quién apoyará. Sigue nadando en la ambigüedad, al menos en público. El jueves, la portavoz naranja en el consistorio, Yaneth Giraldo, reiteró que su formación no está dispuesta a "dar un cheque en blanco a nadie, ni a la izquierda ni al PP". En un comunicado, calificó de "paripé" las conversaciones de los socialistas con Guanyar y Compromís, puesto que ya cuenta con el aval "incondicional de antemano" de los que fueran sus socios de gobierno. "Con quien están negociando desde el minuto cero es con la edil tránsfuga Nerea Belmonte para completar los 15 votos que precisan", subrayó la portavoz. "Todo diálogo político es legítimo y necesario, eso no lo cuestionamos, lo que pasa es que el PSOE juega con trucos", añadió, quejándose de que el PSPV quiera volcar "toda la responsabilidad" en Ciudadanos sobre el relevo en la alcaldía, como si fuera "el responsable del grave desaguisado de estos casi tres años de mandato".

En las conversaciones se han cruzado las sospechas sobre la financiación de las campañas del PSPV en el año 2007 y su extensión alicantina

En la negociación se han cruzado las sospechas sobre la financiación de las campañas de los socialistas valencianos en el año 2007 y su extensión alicantina. Un juzgado valenciano ha archivado una causa sobre delito electoral del PSPV-PSOE pero ha derivado a los tribunales madrileños sospechas sobre los contratos de la agencia que trabajó para el partido, Crespo Gomar, con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Entre ellos figura la adjudicación de la creatividad de una campaña del Ministerio de Sanidad poco más de un año después de los comicios municipales de 2007. La candidata en Alicante había sido Etelvina Andreu, a su vez directora general de Consumo, el departamento que adjudicó el concurso. Crespo Gomar fue la agencia en la que se apoyó para su fallida campaña (perdió ante el PP).

El popular Luis Barcala (2d), junto a sus compañeros concejales, el pasado 23 de marzo. (EFE)
El popular Luis Barcala (2d), junto a sus compañeros concejales, el pasado 23 de marzo. (EFE)

Los hechos son antiguos, pero están sirviendo de coartada a Ciudadanos para no tener que tomar partido en el proceso de relevo del actual alcalde. Entre justificar el respaldo a los socialistas en un momento de máxima debilidad o apoyar a un PP que todavía anda haciendo penitencia por sus causas de corrupción, en el partido naranja han adoptado una postura equidistante. La realidad es que esa inacción entrega la alcaldía a los populares si los partidos de izquierda no logran mayoría absoluta. El ganador de esa carambola sería el actual portavoz de la formación conservadora, Luis Barcala, que haría buenos sus ocho concejales como primera fuerza municipal. Barcala fue quien quien denunció a Echávarri por el fraccionamiento de contratos y el despido de su cuñada, casos que han llevado al alcalde al procesamiento y han forzado su dimisión. Recuperar la vara de mando para su partido sería el premio gordo a su estrategia de oposición.

Investidura por separado

Las otras opciones que manejan los socialistas para retener la vara de mando, en caso de que falle la bala de Ciudadanos, son dos. O conseguir el apoyo de Nerea Belmonte o el de Fernando Sepulcre. "En realidad, nosotros tenemos más opciones teóricas para conservar la alcaldía que el PP de ganarla", dicen en el estado mayor del PSPV. Sin embargo, conquistar el sí de la ex de Guanyar no es tarea sencilla, ya que fue expulsada por Podemos en 2016 por adjudicar contratos menores a la empresa de comunicación de dos compañeros suyos de partido y está fuertemente enfrentada al líder de su antigua coalición, Miguel Ángel Pavón, al que ha vetado como responsable de Urbanismo si los socialistas quieren su apoyo.

Si no funciona la vía Cs, el PSOE intentará convencer a los dos ediles no adscritos: una tránsfuga de Guanyar y otro de la formación naranja

Los negociadores del PSOE quieren abordar de forma separada la investidura de Montesinos y la formación de gobierno, para así no condicionar a ninguna fuerza por adelantado. Ya anticipan que un Ejecutivo en solitario causará menos quebraderos de cabeza a un año de las elecciones, un tiempo ya demasiado breve como para que ningún partido se embarque en una coalición. Todo está en el aire, pero los socialistas intentan conservar el optimismo: "Estamos a un 50%-50% de mantener la alcaldía. Queda mucho partido".

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