íñigo errejón renueva sus tesis

El nuevo diccionario errejonista: del 'núcleo irradiador' a la 'competición virtuosa'

El precandidato de Podemos a la presidencia de la Comunidad de Madrid da una vuelta de tuerca a los conceptos teóricos en los que centrará su proyecto político para los próximos años

Foto: El secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político de Podemos, Íñigo Errejón, tras el último pleno del Congreso. (EFE)
El secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político de Podemos, Íñigo Errejón, tras el último pleno del Congreso. (EFE)

Íñigo Errejón quiere ser "dirigente antes que gobernante", lo que le ha supuesto un arduo trabajo de teorización y puesta en práctica de los nuevos conceptos "del cambio" en la agenda pública. Conceptos que ha desarrollado durante los últimos meses, sobre todo después de Vistalegre II, a partir de cuando dijo contar con más tiempo para leer y escribir, y que en las últimas semanas ha puesto en circulación, primero en la academia, después en prólogos de libros y ahora en los medios, incluyendo el plató de 'Salvados', donde respondió a la pregunta "¿dónde está la izquierda?" junto al exdiputado socialista Eduardo Madina. Entre medias se ha subido a la ola de 'Operación Triunfo' y demostrado sus dotes culinarias en las redes sociales, dando cuenta de un cambio discursivo más orientado a impregnarse de la realidad que a transformarla, al menos, mientras es dirigente y no gobernante. He aquí algunos de los principales conceptos que forman parte del nuevo diccionario errejonista, de sello posmoderno, con el que pretende dar el salto a la Comunidad de Madrid en 2019.

Orden

Se trata del concepto que más ha sorprendido a propios y extraños. El propio Errejón confesaba en el programa 'Salvados', ante la extrañeza que el entrevistador mostró ante su desconocido gusto por la "vara", que "hace un año quizás no lo hubiera expresado de la misma forma, pero es así". Previamente había explicado que "lo más revolucionario que se puede hacer hoy es poner orden para que se cumplan las normas y no haya gente por encima de las leyes".

Errejón se refiere a un "orden alternativo" y siempre necesariamente mestizo. De ahí su obsesión por otro concepto que va parejo, el de "ofrecer certezas" o "garantías" a la ciudadanía. Un orden, sin embargo, que tampoco difiere al concebido desde los sectores más conservadores: "con autoridad y prestigio". En un reciente prologo lo resumía así: "La ciudadanía española ya es, en su amplia mayoría, consciente de la corrupción, la ineficacia y la falta de respeto por el pueblo español de quienes aún nos gobiernan. Pero las razones para su destitución tienen que ser anudadas en un proyecto general de orden con autoridad y prestigio, capaz de ofrecer un rumbo alternativo con garantías también para los sectores hoy dubitativos o recelosos”.

 Íñigo Errejón y Rafa Mayoral. (EFE)
Íñigo Errejón y Rafa Mayoral. (EFE)

El manido concepto de la hegemonía, como algunos otros, incluso se ve desplazado o matizado por este nuevo término fetiche del errejonismo, es decir, de la rama continuista con la escuela teórica del peronista Ernest Laclau, "en la que me inscribo". No en vano, Pablo Iglesias confesaba en 'Página12' durante su reciente estancia en Argentina: "Hay especialmente dos compañeros que son los peronistas de Podemos: Iñigo Errejón ​y Rafa Mayoral". Su enfoque sobre la hegemonía, contrario al materialismo y, sobre todo, al determinismo del marxismo ortodoxo, se basa que esta "debe ser comprendida, aceptada como históricamente cierta y asumida para, partiendo de ese sentido común existente, rearticularla en otra propuesta de orden". De ahí, una metáfora recurrente —y tranquilizadora para sus filas— que con otras palabras ha expresado ante las cámaras: "Las más audaces maniobras se inscriben en procesos de conversión más amplios de los que ayer desafían en la propuesta de orden futuro, y que a menudo la suerte de los revolucionarios no se dirime tanto en la noche de conquista del palacio como en la recogida de basuras de la mañana siguiente".

Defiende por tanto Errejón que el término orden es también de un significante vacío por conquistar y llevar a su terreno. En esta línea, vuelve a reactualizar a Laclau, quien aseveraba en uno de sus textos: "Consideremos la situación extrema de una desorganización radical del tejido social. En tales condiciones —que no son muy distantes del estado de naturaleza en Hobbes— la gente necesita un orden, y el contenido factual del mismo pasa a ser una consideración secundaria. El 'orden' como tal no tiene contenido, ya que solo existe en las varias formas en que es en los hechos realizado; pero en una situación de desorden radical, el "orden" está presente como aquello que está ausente; pasa a ser un significante vacío, el significante de esa ausencia. En tal sentido, varias fuerzas políticas pueden competir en su esfuerzo por presentar sus objetivos particulares como aquellos que llenan ese vacío".

La coordinación entre Errejón y Ángel Gabilondo en el caso del máster de Cristina Cifuentes es el primer ejemplo práctico del cambio estratégico


Superioridad moral de la izquierda

Se trata de una afirmación a modo de crítica de la izquierda clásica u obrerista, "ese colectivo que fundamental habla de la izquierda", como afirma con sorna en otro prólogo del ensayo publicado precisamente con el título de 'La superioridad moral de la izquierda'. "Este moralismo ha dado lugar a que la historia de la izquierda, por bellas que sean sus ideas, sea también un largo camino de sectarismo y purgas". Si la verdad preexiste en la política, añade, "esta tiene dificultades para encajar el pluralismo y el disenso". Otra apreciación que define su ánimo por evitar la grandilocuencia y, a veces, "soberbia" de las actitudes que achaca a la izquierda clásica, sin poner nombres propios: "Uno puede caminar como Napoleón sin que para ello sea necesario haber ganado una sola batalla ni tan siquiera disponer de un ejército". Pragmático, entiende que se deben juzgar las ideas por sus efectos y no su pureza.

Construir pueblo

Es un concepto que lleva acompañándolo desde que se sumó con sus colaboradores al proyecto de Podemos, varios meses después de haberse ideado. Construir pueblo es otro de los principales ingredientes de su cóctel para el proyecto de "orden alternativo". Lo centra principalmente en una "disputa cultural" y distingue el pueblo de la clase obrera. Esto es, un sujeto heterogéneo con menos peso de la clase obrera y con una conformación más atípica. En sus discursos no habrá pues referencias de clase, sino de pueblo, más transversal aunque sus intereses además de heterogéneos sean contrapuestos. Cuestiones que desarrolla en otro de los términos fetiche que resumen su escuela de pensamiento: el nacional-populismo.

Los escaños de Podemos aplauden tras la intervención del líder de la formación morada, Pablo Iglesias, en el Congreso. (EFE)
Los escaños de Podemos aplauden tras la intervención del líder de la formación morada, Pablo Iglesias, en el Congreso. (EFE)

Nacional-populismo

El exportavoz parlamentario de Unidos Podemos vincula lo nacional-popular al ciclo progresista latinoamericano, pero también en el populismo progresista cultivado durante los últimos años en Europa. En España, explica, "esta escuela ha estado particularmente presente en las discusiones teóricas, la creación y el discurso y campañas electorales de los primeros años de Podemos, plagando de términos gramscianos la esfera mediática y política española". Asimismo, en el prólogo antes mencionado concluye que "Podemos irrumpió en el escenario político con el propósito de convertir esa indignación transversal en una 'voluntad colectiva nacional-popular'". Se refiere a su etapa como responsable de campaña electorales y en la que su sector se encargaba del análisis y desarrollo de discurso. Ahora pretende retomar esta "escuela" para su proyecto centrado en la Comunidad de Madrid.

Guerra de posiciones

Emplea esta terminología gramsciana para insistir en el cambio de ciclo. "Las posibilidades del cambio político pasan inexorablemente por entender la primacía de la guerra de posiciones", asegura. Sin la guerra relámpago previa, que caracterizó la primera fase de Podemos, la del denominado 'asalto a los cielos', dice Errejón que "no se habría llegado tan lejos, pero hoy su desarrollo depende de la capacidad para consolidarlas —inscribirlas en la vida cotidiana y sus valores y conquistas en el sentido común— y ampliarlas adaptándose a un clima nuevo en lugar de esperando a la próxima coyuntura de excepcionalidad".

Competición virtuosa

Junto al orden, o quizá debido a este, la denominada competición virtuosa es el concepto más importante del nuevo diccionario errejonista. La obsesión del precandidato a la presidencia de Madrid, a la espera de celebrar primarias, es como se comentaba más arriba, ser "capaz de ofrecer un rumbo alternativo con garantías", pero con un importante matiz: "También para los sectores hoy dubitativos o recelosos". Una propuesta, por tanto, "que no se quiera de parte, sino que aspire a integrar también a sus adversarios". Transversalidad y, sobre todo, mano tendida al PSOE. La coordinación entre Errejón y el portavoz socialista en la Asamblea de Madrid, Ángel Gabilondo en el caso del máster de Cristina Cifuentes, incluso alejándose del argumentario utilizado por la portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid, es el primer ejemplo práctico de este cambio estratégico.

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