PIDE EL INDULTO ALEGANDO QUE SIGUE EN SU CASA

Sixto se ríe del Estado: la Justicia redobla la busca del anciano prófugo de la lista Falciani

El ingeniero jubilado condenado a penas de cárcel pide el indulto alegando que está en tratamiento en España. La Audiencia de Madrid pide cuentas a la policía sobre su búsqueda

Foto: Sixto Delgado.
Sixto Delgado.

Sixto Delgado Coba no está en montañas lejanas. El segundo condenado a penas de cárcel por la lista Falciani anda prófugo de la Justicia. Pero no para en Brasil ni en un lujoso lugar caribeño. Sixto está en España. O al menos así lo asegura en la petición de indulto que ha remitido al Ministerio de Justicia y en la que afirma que sigue en su domicilio casi un año después de que se le requiriera para entrar en prisión, según explican fuentes próximas al caso. Eso ha terminado por levantar las iras del sistema judicial. La Audiencia de Madrid ha ordenado a Policía Nacional y Guardia Civil que le detallen los movimientos que han hecho para localizarlo. Esta es la historia del ingeniero canario que se ríe del Estado y que desde su escondite ha logrado que el Constitucional revise su caso.

Sixto Delgado, ingeniero jubilado de Repsol y bodeguero en Canarias, contesta sin problema al móvil. "Yo no tengo ninguna historia", zanja la petición de una entrevista. Es un tipo dispuesto que nunca se sometió a las leyes. Las sentencias que hablan sobre él reflejan un tipo al margen de la ley. Sixto declaró en 2005 a Hacienda unos ingresos de 15.054 euros, por los que pagó por IRPF 722,28 euros. En 2006 declaró que había ingresado 41.197 euros y pagó 3.460 en la declaración de la renta. Supuestamente asesoraba a su hija y sacaba 20.000 euros al año de la venta de uva de su finca en Canarias. Años antes había cobrado el paro.

Se ha declarado insolvente y desde su escondite ha logrado que el Constitucional acepte revisar su caso

Mientras tanto, en el HSBC de Ginebra tenía 5,277 millones de euros a final de 2006 que Hacienda descubrió gracias al informático suizo Hervé Falciani. "Sixto Delgado no declaró jamás a la Hacienda ni a las autoridades fiscales españolas ni la relación ni la posesión de estas cuentas, ni sus fondos o activos, ni pagó impuesto alguno por ellos. Tampoco tributó por ellos en Suiza", señala la sentencia de la Audiencia de Madrid de la que fue ponente Celso Rodríguez Padrón y que en 2016 lo condenó a seis años de cárcel y a pagar 14,21 millones entre cuota defraudada y multas. El Supremo ratificó la condena y lo mandó a la cárcel.

Sixto era el segundo condenado por la lista a penas de cárcel. El primero, Jacob Benzaquen, se fue a Israel antes de que saliera la sentencia que le condenaba. Cerró sus empresas y no volvió aprovechando que tiene nacionalidad israelí al ser judío. Después llegó el caso de Sixto. Cuando fue condenado, la Fiscalía de Delitos Económicos de Madrid pidió su ingreso en prisión, pero como la sentencia estaba pendiente de recurso los jueces decidieron retirarle el pasaporte e imponerle comparecencias periódicas en el juzgado, algo que siempre cumplió.

El 23 de marzo de 2017 incluso se presentó voluntariamente ante el juzgado encargado de ejecutar su condena. Era el primer paso para ingresar en prisión y hasta ahí Sixto estuvo a disposición de la justicia. Eso sí, se declaró insolvente. "No tengo dinero", dijo entonces para alegar que no iba a pagar la multa (cobrar es una esperanza vana en muchos condenados por delito fiscal). Parecía que a la cárcel sí iría. "Nunca había faltado a ninguna comparecencia. El caso llevaba años y siempre apareció cada vez que se le llamaba. Nadie pensó que se fugaría. Tiene retirado el pasaporte. Además, a su edad...", explican fuentes próximas al caso.

Sixto Delgado Coba, en el centro.
Sixto Delgado Coba, en el centro.

Pero nunca entró en prisión. A punto de cumplir los 74 años, Sixto nunca se presentó en la cárcel y desde el 10 de abril de 2017 está en busca y captura. "¿Sixto Delgado? Hace mucho que no lo vemos. Creo que vive en Canarias", comenta uno de sus vecinos en el edificio en La Moraleja (Alcobendas) en que alternaba su residencia con Canarias. Es un entorno exclusivo con seguridad a la entrada de la urbanización. La policía no le ha localizado ni aquí ni en Canarias. Pero eso no le ha impedido proseguir su pelea judicial. El verano pasado, ya después de haberse fugado, pidió el indulto, lo que sorprendió enormemente en el sistema judicial. Alegaba que había sido víctima de una injusticia y que había recurrido al Constitucional —ha logrado que su recurso esté en ese 1% de causas que el alto tribunal se aviene a revisar—.

Puigdemont no es el único que reta al sistema judicial desde los márgenes. Antes que él, Sixto abrió camino

Uno de los motivos que esgrimía para pedir la pena de gracia al Gobierno era que mantiene su mismo domicilio, lo que terminó de sublevar a los que han intervenido en el caso. Añadía que estaba en tratamiento médico en España. Una cosa es fugarse y otra es admitir que uno está pleiteando desde España. No hay muchos precedentes. La ley del indulto establece que no podrán ser perdonados aquellos que "no estuvieren a disposición del tribunal sentenciador para el cumplimiento de la condena", lo que excluye a Sixto. Aunque el Consejo de Ministros no ha tratado el tema, tanto el tribunal como la Fiscalía y la Abogacía del Estado se oponen a la medida de gracia y en Justicia nadie apostaría un céntimo a que lo vaya recibir.

La prueba de que la paciencia del elefante judicial tiene un límite está en que el pasado 23 de enero el magistrado Celso Rodríguez Padrón requirió a la Policía Nacional y Guardia Civil en un escrito en el que apretaba un poco las tuercas "recordando no solo la vigencia de la orden anterior sino además interesando que informen a esta sala de las gestiones realizadas para la localización del condenado a fin de dar debido cumplimiento a la sentencia dictada en la presente causa".

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