volverá a declarar el día 20

La venganza de Paco (siete años después) en cinco actos y a la espera de las pruebas

Granados ha señalado ya quiénes son los objetivos de la inquina que guarda tras su destierro del PP de Madrid al Senado. Llevaba tiempo hablando con la Fiscalía, pero esta espera hechos

Foto: El exconsejero madrileño, exdirigente del PP y presunto cabecilla de la trama Púnica, Francisco Granados, a su salida de la sede de la Audiencia Nacional. (EFE)
El exconsejero madrileño, exdirigente del PP y presunto cabecilla de la trama Púnica, Francisco Granados, a su salida de la sede de la Audiencia Nacional. (EFE)

Francisco Granados sabía que el 12 de febrero era su gran día. Acorralado por las confesiones y pruebas que ha empezado a aportar su examigo David Marjaliza, Granados se presentaba en la Audiencia Nacional con un gran dilema: cómo tirar de la manta sin que sus palabras le perjudicaran también a él. Todavía más. Todos los focos mediáticos le apuntaban, justo la fecha que había elegido Mariano Rajoy para convocar y almorzar con sus barones autonómicos. El que fuera secretario general del PP de Madrid y poderoso consejero de los gobiernos de Esperanza Aguirre llevaba ya semanas hablando con la Fiscalía Anticorrupción y estaba advertido. Tenía que medir muy bien sus palabras, ya que el ministerio público necesita que estas se refrenden con hechos.

Pero Granados sacó las pistolas y disparó con intención, eligiendo bien los blancos. Lleva siete años mascullando cierto resquemor. Desde que en la primavera de 2011 su PP de Madrid, su 'lideresa', le dijera que ya no contaba con él pero que el partido le agradecía los servicios desterrándole al Senado, donde podía pasarse cuatro añitos. El caso Púnica rompió todos sus planes de futuro, le ha llevado a prisión, le ha castigado con el escarnio público, pero también le ha dado la oportunidad de encender el ventilador y ajustar las cuentas pendientes. Fiel a su pelo engominado, barba de cinco días y pitillo en mano, Paco llegó a la Audiencia Nacional pergeñando su venganza.

Que la 'rana' Granados le tenía ganas a quien durante muchos años fuera su jefa y mentora era una obviedad. La 'puñalada' de 2011 abrió una importante herida. Aguirre prefirió antes a González que a Granados. El primero estaba llamado a ser su delfín (hasta que luego lo destronó Rajoy) y el segundo se tenía que conformar con la butaca (y el sueldo) del Senado. "Aguirre ya sabía entonces los tejemanejes que se había traído de Valdemoro. Pero los trapos sucios se limpiaban en casa. Y simplemente se le apartó al Senado. Se compró su silencio. Porque Granados es un tipo peligroso", señala una importante fuente del PP de Madrid.

La venganza de Paco (siete años después) en cinco actos y a la espera de las pruebas

El mismo calificativo utiliza otra importante dirigente del PP madrileño. "Yo solo he conocido dos tipos peligrosos y retorcidos en el partido. Y uno de ellos era Granados". Y es que el ex secretario general sabe tanto de la vida interna de la formación madrileña que puede ponerle distintas velocidades al ventilador, según vaya transcurriendo para sus intereses su periplo judicial dentro del caso Púnica. Otra obviedad era que iría a por Nacho González, su principal enemigo dentro del PP y rival en luchas intestinas y espionajes cutres. Porque la venganza de Granados se dirime, de momento, en cinco actos.

Granados inaugura la sede del PP de Boadilla junto a Cifuentes y el Albondiguilla, imputado en Gürtel.
Granados inaugura la sede del PP de Boadilla junto a Cifuentes y el Albondiguilla, imputado en Gürtel.

Los dos primeros tienen como protagonistas a las dos personas que junto a él formaron durante años el triunvirato del PP de Madrid: Esperanza Aguirre e Ignacio González. Granados es consciente de que perdió la batalla contra González en 2011, cuando el primero siguió mandando (y mucho) en la Comunidad de Madrid como vicepresidente y él se tuvo que conformar con la Cámara Alta y su presencia en algunas tertulias televisivas. No hay que olvidar que Aguirre solo ha llorado públicamente por Nacho (cuando este fue detenido por la Lezo), mientras que Granados se ha tenido que conformar con ser rebautizado por la 'lideresa' como un simple anfibio.

La 'rana' Granados quiso definirse como un simple renacuajo y situó en su declaración de este lunes a Aguirre en la toma de decisiones de la financiación ilegal del PP madrileño en las elecciones municipales y autonómicas de 2007 y 2011, la rana madre en el estanque popular. Es lo más creíble de su testimonio. Tanto en el caso Púnica como en el caso Lezo, los investigadores están empezando a acreditar con pruebas sólidas que el PP concurrió a estos comicios 'dopado', con una caja B que conllevó ventajas financieras frente a sus competidores políticos. No es nada descabellado pensar que Aguirre, máxima responsable del partido, tenía pleno conocimiento de estas irregularidades contables. De momento, Aguirre se ha salvado gracias a la lealtad de su gerente, Beltrán Gutiérrez, también imputado. "El que podría apuntillar si quisiera a Aguirre. Lo sabe todo", señala una fuente solvente.

Granados también sabe demasiado. Fue secretario general entre 2004 y 2011. Muchos años controlando el partido. Él asegura que solo gestionó los gastos oficiales de las campañas de 2007 y 2011 y que los que se pagaron con dinero negro estuvieron bajo el control absoluto de González como presidente del comité electoral. De hecho, Granados hizo referencia en su declaración a un comentario que le hizo a González cuando este le sustituyó: "Eres el nuevo secretario general, pero lo llevas siendo desde hace ocho años". La enemistad entre ellos es manifiesta y conocida. 'La gestapillo' destapada en 2009 demostró que ambos se habían rodeado de colaboradores para espiar y espiarse por encargo.

González también creyó durante mucho tiempo que Granados estaba detrás del espionaje que sufrió en el famoso viaje a Colombia. Lo que sí hizo Granados, años después, fue pagar 14.000 euros a un detective para que en la primavera de 2014 intentara conseguir información relevante sobre el ático en Estepona (Málaga) de González, el escándalo que terminó truncando la carrera política del expresidente de la Comunidad de Madrid. Granados insinuó este lunes en la Audiencia Nacional que González obtuvo esta lujosa vivienda como pago de uno de los pelotazos de la Gürtel en Arganda del Rey. También reconoció que el ex tesorero nacional Álvaro Lapuerta le pidió que indagara sobre el patrimonio de González.

Ignacio González y Esperanza Aguirre, en el XV Congreso del PP de Madrid.
Ignacio González y Esperanza Aguirre, en el XV Congreso del PP de Madrid.

El tercer acto de Granados ha tenido como protagonista a Cristina Cifuentes, actual presidenta regional y del PP de Madrid. Ha sorprendido la virulencia con que ha cargado contra ella. Granados ha señalado que Cifuentes también controlaba estas "campañas paralelas de refuerzo", las que se pagaban en B, como secretaria de Política territorial del PP de Madrid. Y que estaba en el "núcleo de poder" en la toma de decisiones sobre estas irregularidades contables. ¿Cómo y por qué? Granados, sibilino, ha dejado entrever que González contaba con Cifuentes por su especial amistad, endosando a la pareja una hipotética relación sentimental. Un chascarrillo rosa que los más veteranos en el partido llevan años escuchando.

El telón de Granados se levantó como cuarto acto para señalar a los colaboradores más estrechos de Aguirre y González. Y es que las campañas B (en las que el PP pudo manejar hasta cinco millones en fondos opacos) se pagaron mediante gastos de publicidad que se cargaban a empresas del ámbito de la Comunidad de Madrid. Como el Consorcio Turístico de Madrid, bajo la batuta de la exsenadora Ana Isabel Mariño, o el Imade, que dirigía Aurelio García de Sola, "pariente de Esperanza Aguirre". En este núcleo duro Granados situó a todo un batiburrillo de cargos como Isabel Gallego, la exdirectora de Comunicación del Gobierno madrileño, y el exconsejero Borja Sarasola, uno de los mejores amigos de González. También el Canal de Isabel II, el 'coto' privado de González.

Granados también jugó sus cartas cuando habló de Arpegio, una de las piezas mas complejas del caso Púnica. Los investigadores creen que Granados hizo y deshizo a su antojo en esta empresa pública para amañar contratos del Plan Prisma (donde se movieron cientos de millones de euros en todos los municipios de Madrid) y en la venta de parcelas de los consorcios urbanísticos. La declaración de Marjaliza ha apuntalado esta línea de trabajo. Granados señaló que Aguirre forzó la colocación de Eduardo Larraz (ya imputado) como consejero delegado. En casa de este directivo, la Guardia Civil encontró 146 lingotes de oro. También se nombró a Jaime González Taboada, recientemente defenestrado por Cifuentes del Gobierno regional, aunque sigue siendo diputado autonómico, senador y número tres del PP de Madrid.

Granados lo colocó como colaborador de González, aunque algunos testigos que ya han pasado ante el juez han señalado que Taboada era "el hombre" de Francisco Granados en la empresa pública Arpegio. "Su soldado", llegó a decir uno de ellos ante la Audiencia Nacional. "Taboada era de Granados. González se lo quiso cargar y si no lo hizo fue porque dependía de Salvador Victoria como director general de Administración local y este presionó para ello", señalan fuentes del partido.

David Marjaliza, el exsocio de Francisco Granados que está colaborando con la Fiscalía en el caso Púnica.
David Marjaliza, el exsocio de Francisco Granados que está colaborando con la Fiscalía en el caso Púnica.

El quinto acto y colofón de Granados no podía tener otro protagonista que su exsocio y examigo David Marjaliza, el que ha traicionado a Paco tirando de la manta y colaborando con la Fiscalía. Granados ha intentado relacionarle con el mundo del narcotráfico, pero de momento los investigadores no han encontrado nada. Ambos se conocen demasiado bien. Paco y David, 'Chirrín' y 'Mortimer', como se les conocía de jóvenes, integrantes ambos de una pandilla a la que apodaban 'Los villanos'. Granados es consciente de que su examigo es la auténtica piedra en su zapato, la que importa. Va a ser complicado que se desligue judicialmente de todos los negocios que hizo y comisiones que se llevó junto a Marjaliza, sobre todo si este sigue sumando pruebas.

Se conocen del pueblo. Granados, hijo de un agricultor y Marjaliza, de un guardia civil. Los dos en sus inicios con inquietudes políticas y empresariales. Marjaliza lo tiene claro. Piensa en su familia y en intentar rehacer su vida cuando cumpla su condena. Lo tiene asumido. Y espera que esta sea la menor posible si su colaboración con la Justicia es fructífera. A Granados no le debe nada. Y no teme al ventilador de Chirrín. ¿Por qué? ¿Qué pruebas tiene? De momento, no ha aportado ninguna. Él aseguró este viernes que no pretendía acusar a nadie, tan solo "defenderse". Aunque también ha señalado que su declaración "se puede confirmar". La próxima cita es el 20 de febrero, y la venganza de Granados puede seguir consumándose, una tragedia con nuevos actos. La Fiscalía espera más que palabras.

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