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De policía antidisturbios a director de Deportes de Cifuentes: así es Javier Orcaray
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De policía antidisturbios a director de Deportes de Cifuentes: así es Javier Orcaray

Académico, con ideas, don de gentes, buen humor y humanidad, la nueva apuesta de la presidenta de Madrid aterriza en política no sin antes haber experimentado el lado oscuro

Foto: Javier Orcaray, segundo policía por la izquierda, junto a su hijo Iker, con síndrome de Down, en una de las fotos del Calendario Solidario de la Policía 2015. (Policía Nacional)
Javier Orcaray, segundo policía por la izquierda, junto a su hijo Iker, con síndrome de Down, en una de las fotos del Calendario Solidario de la Policía 2015. (Policía Nacional)

Javier Orcaray (Madrid, 1969) es un incorformista con carrera que aterrizó en la Policía Nacional cargado de un saco de ideas. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad Complutense antes de acceder a la corporación directamente como inspector en 1997. Desde el primer momento, quedó patente su formación académica. Tenía proyectos para cada uno de los departamentos por los que pasaba, algo que en no pocas ocasiones chocaba con quienes carecían de planes y se limitaban a dejarse llevar pero mandaban.

Tras ser destinado a Pamplona, donde permaneció hasta 1999, llegó a Madrid y pronto se incorporó a las Unidades de Intervención Policial (UIP), más conocidas como los antidisturbios de la Policía, el lugar donde mejor podía aplicar los conceptos que había estudiado relativos a la seguridad ciudadana. En concreto, en 2001 se incorporó a esta división y no tardó en hacer propuestas. Su don de gentes y su facilidad de palabra le abrían innumerables puertas, aunque también le ponían en contra a quien no aguantaba esas condiciones.

De hecho, al poco tiempo fue designado jefe de grupo, con medio centenar de funcionarios a su cargo, y tuvo que enfrentarse a sus primeros grandes retos, como las protestas de fascistas y antifascistas en Alcorcón, que requirieron la presencia de 300 agentes. La mesura y, sobre todo, la prevención estuvieron siempre presentes en su cabeza. En 2009 ascendió a inspector jefe y ya con este cargo se responsabilizó de las primeras revueltas del 15M en 2011.

Foto: Carlos Chaguaceda, en una foto de archivo. Opinión

Sin embargo, sus desacuerdos con el comisario jefe de las UIP de Madrid, Javier Nogueroles, uno de esos con los que no coincidía en el concepto de lo que tenían que ser las unidades antidisturbios, provocaron –apenas un año después de su ascenso– la salida del joven inspector jefe, que inmediatamente fue requerido por el entonces máximo responsable de la Jefatura Superior de Policía de Madrid, Alfonso Fernández Díez, para llevar su gabinete técnico.

Mientras Orcaray ocupaba este cargo, las protestas callejeras se volvían cada vez más intensas y los antidisturbios aparecían en los telediarios con una frecuencia sin precedentes en los últimos 20 años. Nogueroles tuvo entonces la suerte de desaparecer del mapa. Al ascender a comisario, es trasladado a la Jefatura Superior de Melilla, con lo que la plaza de jefe de la UIP de Madrid quedaba libre. Orcaray era el candidato de más rango, pero las zancadillas propias de la empresa evitaron que fuera el elegido. El puesto recayó en Javier Virseda, un golpe que probablemente fue de suerte para el otro aspirante, dado que a los antidisturbios les esperaban momentos extremadamente sensibles con la crecida de las protestas.

El punto álgido de estas algaradas callejeras, de hecho, se produjo el 22 de marzo de 2014, con las denominadas Marchas por la dignidad. Tras el desastre del operativo que preparó la Policía para estas manifestaciones, que dejaron imágenes inolvidables de cargas policiales y sobre todo agresiones de radicales a policías, además de un balance de 67 funcionarios heridos, Interior descabezó las UIP de Madrid. Cesó a Virseda y nombró a Orcaray, que se hizo cargo así del departamento antidisturbios más importante de España, con una docena de grupos de 50 policías cada uno. Al nuevo jefe le ayudaron precisamente las duras imágenes de policías heridos que circularon por todo el mundo, dado que tras ellas los radicales ya no podían argumentar ante la opinión pública que ellos eran las víctimas, un concepto que desactivó poco a poco la calle y permitió a Orcaray consolidar su imagen de gestor, pero también de padre y persona, faceta que el policía lleva con orgullo y nunca desvinculaba de su condición de agente del orden.

placeholder Orcaray, durante su toma de posesión como responsable de Deportes y Juventud de la Comunidad de Madrid.
Orcaray, durante su toma de posesión como responsable de Deportes y Juventud de la Comunidad de Madrid.

De hecho, Orcaray ha empapado la Policía de esa humanidad familiar durante los 18 años que ha permanecido en el cuerpo. Su buen humor y su energía positiva impregnaba a los que le rodeaban. Un ejemplo de ello es el Calendario Solidario de la Policía que impulsó en 2014 en colaboración con la Fundación Down Madrid. Su hijo tiene síndrome de down y él quiso decirlo bien alto. "Lo he hecho como padre y como policía", explicó en una entrevista con el diario 20 minutos en noviembre de 2014. "Estos chavales son estupendos; su capacidad para aprender es impresionante, aunque vayan un poco más despacito; son muy agradecidos", añadió.

El salto a la política

En paralelo, y casi sin planearlo, el inspector jefe se fue adentrando en un nuevo mundo que parecía hecho a la medida de sus capacidades. Desde su anterior puesto junto al jefe superior, había entrado en contacto con la entonces delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, que quiso tirar del policía cuando accedió a la presidencia de la Comunidad de Madrid. En concreto, en 2015 Cifuentes le ofreció a Orcaray un destino de responsabilidad en el Gobierno regional, pero volvieron los fantasmas de los palos en las ruedas. El puesto conllevaba un nivel 30 de la Administración y esto no gustó a algunos, que movieron sus hilos y evitaron el nombramiento.

Era el primer zarpazo que recibía Orcaray en el nuevo terreno de la política que empezaba a pisar. Sin embargo, el policía tuvo estómago y aguantó la embestida. No en vano los que le conocen aseguran que tiene capacidades para recibir, esperar el momento adecuado y mover pieza cuando hay que hacerlo.

La presidenta le colocó como gerente del organismo autónomo Madrid 112 a modo de destino de consolación mientras iban cuadrando los tiempos. La nueva apuesta de la jefa permaneció en el cargo hasta que llegó la oportunidad de darle un empujón hacia arriba. Cifuentes le designó el pasado 26 de septiembre director general del área de Deportes y Juventud del Gobierno regional en sustitución de Pablo Salazar, que llevaba en la plaza desde 2012, un ascenso que la presidenta le debía al funcionario.

Javier Orcaray (Madrid, 1969) es un incorformista con carrera que aterrizó en la Policía Nacional cargado de un saco de ideas. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad Complutense antes de acceder a la corporación directamente como inspector en 1997. Desde el primer momento, quedó patente su formación académica. Tenía proyectos para cada uno de los departamentos por los que pasaba, algo que en no pocas ocasiones chocaba con quienes carecían de planes y se limitaban a dejarse llevar pero mandaban.

Antidisturbios Cristina Cifuentes
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