fue condenado un empleado de deustche bank

Hummer, Mercedes... El botín del mafioso de las cartas nigerianas, a precio de saldo

Sale a subasta el patrimonio de Prince Eneka Nwambu, condenado a 21 años de cárcel por estafar a sus compatriotas haciéndoles creer que tenían derecho a una falsa herencia

Foto: La policía interviene un baúl con 126 fajos de billetes falsificados a los cabecillas de la denominada estafa de las 'cartas nigerianas'. (EFE)
La policía interviene un baúl con 126 fajos de billetes falsificados a los cabecillas de la denominada estafa de las 'cartas nigerianas'. (EFE)

El líder de la banda de las cartas nigerianas, Prince Eneka Nwambu, condenado a 21 años de prisión por la Audiencia Nacional por estafar cerca de nueve millones de euros a 15 personas, aún debe casi 12 millones en concepto de indemnización a sus víctimas. Por eso, el Servicio de Ejecutorias de la Sala de lo Penal del alto tribunal ha ordenado subastar los vehículos del capo, que salen a la venta a precio de saldo, como acaba de publicar el Boletín Oficial del Estado.

En concreto, la Sección Tercera de la mencionada Sala de lo Penal ha sacado a subasta un Hummer H2, un Mercedes SLK y un Renault Laguna por precios que se encuentran muy por debajo de su valor real. El primer vehículo, por ejemplo, que se vende en el mercado por más de 70.000 euros, lo puede adquirir cualquier ciudadano por apenas 7.600 euros; el segundo, por 9.399, y el último, por 4.650 euros. Los tres coches se encuentran en estos momentos custodiados por la Brigada de Delincuencia Económica y Fraude Financiero de la Policía Nacional.

Fotografía facilitada por el Ministerio del Interior de uno de los vehículos subastados, un Hummer H2. (EFE)
Fotografía facilitada por el Ministerio del Interior de uno de los vehículos subastados, un Hummer H2. (EFE)

La subasta, que tendrá lugar en el portal de la Agencia Estatal del Boletín Oficial del Estado, se realizará vía telemática y está abierta hasta el próximo 16 de octubre. Los ciudadanos podrán pujar hasta ese día. La cifra total de salida de los tres vehículos apenas supera los 21.000 euros, con lo que queda lejos aún de los casi 11,9 millones que el condenado adeuda a las arcas públicas en virtud de la sentencia de la Audiencia Nacional que le condenó hace tres años.

Junto a Eneka Nwambu, la sala castigó a entre dos y 19 años de prisión a una docena de colaboradores del líder de la trama, considerados todos ellos culpables de los delitos de asociación ilícita, estafa, blanqueo de capitales y falsedad en documento mercantil. Entre estos últimos cómplices, se encontraba un empleado del Deustche Bank, que fue condenado a 12 años de prisión por hacer uso de su cargo como interventor de esta entidad para pasear a las víctimas y ofrecer una imagen de solvencia para que estas desembolsaran un dinero que posteriormente les estafaba la trama.

Dinero en efectivo, tarjetas y cartas preparadas para enviar a las víctimas del timo incautados por la policía.
Dinero en efectivo, tarjetas y cartas preparadas para enviar a las víctimas del timo incautados por la policía.

Finalmente, el banco se libró de culpabilidad alguna, a pesar de que la Fiscalía Anticorrupción consideraba que la entidad financiera debía ser responsable civil subsidiaria y hacerse cargo, por lo tanto, de la indemnización a las víctimas. No lo vio así la Sala de lo Penal, que ahora reclama los mencionados casi 12 millones de euros precisamente debido a que no hubo banco alguno que se responsabilizara.

La red de Eneka Nwambu se ponía en contacto vía 'email' o correo tradicional con potenciales víctimas en Nigeria. Les hacían creer que había fallecido un familiar suyo y que este les había dejado una herencia millonaria o un negocio muy rentable. Los miembros de la trama citaban entonces a los estafados en España para que firmaran los papeles y recogieran una cantidad de dinero que tenían ingresado en el 'Banco Central'. Una vez pisaban suelo nacional, los timadores les dirigían a un supuesto espacio de seguridad en el que se encontraban los fondos de la herencia y se les llevaba a la oficina del Deutsche Bank en la que trabajaba el mencionado interventor.

Una vez allí, los condenados pedían dinero a las víctimas para pagar unos supuestos impuestos u otros gastos destinados a elaborar documentos presuntamente oficiales y mercantiles que realmente eran ficticios. En algunos casos, los perjudicados llegaron a abonar hasta dos millones de euros, creyendo que la cantidad que iban a heredar sería mucho más elevada. Muchos de ellos, además, pedían préstamos a conocidos para hacer frente a la cifra que les exigía la trama.

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