aviso a puigdemont "y las élites" catalanas

La CUP dice en un texto de 12 puntos que no tolerará "una salida negociada"

Endavant, que aglutina a los más duros entre los radicales que apoyan al 'president', elaboró el miércoles un documento en el que avisan: no hay más solución que la independencia

Foto: La portavoz parlamentaria Anna Gabriel (c), junto al exdiputado David Fernández (i), durante el acto final de la CUP antes del 1-O. (EFE)
La portavoz parlamentaria Anna Gabriel (c), junto al exdiputado David Fernández (i), durante el acto final de la CUP antes del 1-O. (EFE)

Los duros de la CUP aprobaron este pasado miércoles un documento con 12 puntos que lleva por título ‘Garantizar el referéndum, ganarlo y seguir construyendo la Unidad Popular’. En él, subrayan que lo que ha pasado en el último mes demuestra “que la desobediencia es imprescindible para poder ganar la independencia y romper con el Estado español. No hay vía legal hacia la independencia, solo vía legítima”. Los antisistema redundan en que “para extender la desobediencia es imprescindible la construcción de un poder popular y de una institucionalidad alternativa”.

En el punto sexto, advierten de que si el sí gana el 1 de octubre, “se ha de proclamar la independencia de Cataluña. Es preciso estar alerta contra los intentos de reconducir las energías de la calle hacia una simple movilización contra el Gobierno del PP”. Y es más: se preparan para la ‘gran traición’: “Somos conscientes de que tanto si el referéndum fracasa como si se convierte en una revuelta abierta, el día 2 de octubre las élites de este país intentarán activar una salida negociada. Será preciso oponernos frontalmente a cualquier operación de este tipo”.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, durante una intervención en un acto del PDeCAT. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, durante una intervención en un acto del PDeCAT. (EFE)

El aviso parece directamente dirigido al presidente catalán, Carles Puigdemont, que está haciendo honor al mote que le han puesto dentro de su propio partido, el PDeCAT. Y es que le conocen como "el 'president' de la CUP". Todo porque parece seguir más los dictados de los radicales antisistema que los consejos que le llegan desde las filas de la formación que le ampara. En la última semana, ha habido varias reuniones de urgencia de la dirección ‘cupera’ para analizar la coyuntura del momento y tomar decisiones ante el 1 de octubre. El objetivo es presentar a Puigdemont una decisión colectiva de quienes le pusieron en su sillón, para que no levante el pie del acelerador y haga caso omiso de los cantos de sirena que le llegan de diferentes sectores con el fin de que no declare la independencia tras el 1 de octubre.

Paralelamente a los órganos de la dirección ‘cupera’, los distintos sectores de la organización se han puesto también en alerta. Tanto Poble Lliure (línea más oficialista e independentista) como Endavant (los duros, de línea más social) discutieron la situación y la estrategia en sus cúpulas en varias reuniones durante los últimos días.

No transigir ante los pactistas

De hecho, el pasado fin de semana, fecha en la que también hubo una reunión de urgencia de los duros, se aprobó otro documento que alertaba de que “algunos querrán convertir el referéndum en una simple movilización. Intentarán reconducir la situación y vendernos la perspectiva de un futuro pacto con el Estado. El autonomismo no ha muerto, ni siquiera en Cataluña. Ante el vértigo que les supone la ruptura con el Estado, nos querrán vender sus posiciones de pacto como posiciones de sensatez en defensa de los derechos nacionales y la cohesión. Sin embargo, estos posicionamientos los hacen cómplices de la estrategia del Estado y los sitúan en el campo de los contrarios a la autodeterminación”. La alerta se dirige, según fuentes ‘cuperas’ consultadas por este diario, no solo a los posicionamientos de formaciones como Podemos, Catalunya en Comú o ICV, sino a los sectores ‘pactistas’ de ERC y del PDeCAT.

La CUP dice en un texto de 12 puntos que no tolerará "una salida negociada"

En el último documento de este miércoles, los duros de la CUP apuestan por evitar la traición mediante una “movilización generalizada”. Pero, eso sí, con una “resistencia no violenta”, aplicando la “inteligencia colectiva”. Fuentes de la formación señalan a El Confidencial que este fue el punto en el que más énfasis puso la diputada Anna Gabriel, que tomó la palabra en el cónclave. Y añade el documento: “Esto está lejos de movilizaciones teledirigidas y destinadas a desviar y rebajar la tensión. El Estado ha enviado a miles de policías armados al Principado y la única manera de pararlos es mediante un desbordamiento de masas que anule tanto su capacidad de meter miedo como su capacidad de hacer daño”.

Llama, pues, a organizarse en los comités locales de defensa del referéndum (algo así como los CDR cubanos) y a secundar “una huelga general indefinida como una de las pocas herramientas que nos permitirá derrocar al Estado”. Y remata que el 1 de octubre “no es el final de nada, sino un hito más en el camino de nuestros objetivos, que es una República independiente de los Països Catalans".

Esta estrategia coincide con la de Poble Lliure, que la semana pasada pidió una respuesta unitaria al Estado español “en forma de movilización masiva, contundente y pacífica que pueda incluir desde la ocupación del espacio público hasta la huelga general”.

El papel de los Mossos

Endavant, por su parte, también analizó el papel de los Mossos, aunque pasó de puntillas por el tema. Aun así, pide que desobedezcan las órdenes judiciales o fiscales españolas, poniéndolos entre la espada y la pared. “La situación actual no admite ambigüedades: o se desobedecen las órdenes represivas del aparato judicial y ejecutivo español, o se participa de la estrategia represiva del Estado”. Recuerda, eso sí, que están en la misma situación que el resto de la población, que tiene un “alineamiento masivo a favor de la desobediencia”.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Los duros de la CUP recurren al catastrofismo —no exento de demagogia— al denunciar que “la capacidad de poner en marcha una operación represiva de esta magnitud es fruto del poso franquista en una parte de la sociedad, pero también de años de propaganda y disciplina de la población a través del discurso nacionalista español —basado en la retórica antiterrorista—. Esta operación represiva es también un ensayo de cara a normalizar un mayor grado de control político y social. Si el Estado gana, esto que ahora son medidas excepcionales —prohibición de propaganda política, persecución a cargos electos, restricciones en internet— pasarán a formar parte del paisaje cotidiano”.

Los radicales parten de la base de que “el Estado es irreformable” y está al servicio de “las oligarquías y del capitalismo patriarcal”, y que para sobrevivir “necesita aniquilar las identidades nacionales diferentes a la española”. Luego, abundan en que el sistema autonómico está acabado, que hay una recentralización de competencias y una aplicación de los “dictados 'austerocráticos' de la UE”, para concluir que las autonomías se han convertido en “oficinas de gestión de la miseria”.

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