"había algo extraño en su comportamiento"

El clérigo que alertó sobre el imán de Ripoll: “Venía solo y su discurso era extremista”

Su actitud y su retórica violenta hicieron que el imán de Diegem lo tuviera claro: aquel hombre no era de fiar. “No tenía cabida en nuestra comunidad”, explica a El Confidencial

Foto: Una imagen de la mezquita de la Comunidad Islámica Annour de Ripoll. (EFE)
Una imagen de la mezquita de la Comunidad Islámica Annour de Ripoll. (EFE)

No me inspiraba confianza, había algo extraño en su comportamiento”. Así recuerda al cerebro de los atentados de Barcelona, Abdelbaki es Satty, el imán al que hace año y medio contactó en Bélgica. Soliman Akaychouch regenta una pequeña mezquita en la localidad belga de Diegem, en la que Es Satty se presentó y pidió un trabajo. Su actitud y su retórica violenta hicieron que el imán de Diegem lo tuviera claro: aquel hombre no era de fiar. “No tenía cabida en nuestra comunidad”, explica a El Confidencial.

El imán de Ripoll, Abdelbaki es Satty.
El imán de Ripoll, Abdelbaki es Satty.

Rememorando aquellos días, Akaychouch relata que cuando Es Satty se presentó a principio de 2016 pidiendo trabajar como imán, le pidió que certificara que lo era. No llegó a presentar ningún documento que lo probase, pero entre tanto le invitó a acompañarle a él y al resto de fieles en sus rezos.

La mala sensación fue poco a poco tomando cuerpo. “Usaba palabras muy duras”, asegura el imán. En sus plegarias, en sus conversaciones, Akaychouch percibió que no compartía su visión del islam como una religión “de paz y humanismo”.

“Había extremismo en sus discursos”, lamenta Akaychouch. El imán no esconde su malestar al verse en el foco de la atención pública en relación al atentado que ha dejado 15 muertos en Barcelona y Cambrils. “Esto no representa al islam, que incita a salvar vidas”, asegura en un comunicado con el que ha condenado públicamente el ataque, a través de la página web y de Facebook de la mezquita de Diegem.

Es Satty siempre acudía solo al templo, donde nunca comentó que tuviera familia ni amigos en Bélgica. No llegó a entablar relaciones con la media docena de fieles que acuden a la mezquita de manera cotidiana, al margen del viernes, siempre más animado. “Somos una comunidad pequeña, hace falta confianza”, dice el imán belga.

El clérigo que alertó sobre el imán de Ripoll: “Venía solo y su discurso era extremista”

Akaychouch asegura que el imán de Ripoll tampoco trató de acercarse a jóvenes a los que pudiera haber tratado de reclutar. “Aquí los jóvenes son gente muy centrada, muy tranquilos, nunca hemos tenido” extremismo, explica el imán.

Diegem se había mantenido hasta ahora al margen de los tentáculos que el radicalismo ha desplegado en Bélgica, tal y como explicó este lunes su alcalde, Jean-Pierre De Groef, a El Confidencial.

No obstante, la pequeña pedanía de las afueras de Bruselas se encuentra a tiro de piedra de Vilvoorde, que hace unos años llegó a ser conocida por ser un “nido de yihadistas” que se marchaban a Siria para engrosar las filas del Estado Islámico. Tarde, pero se reaccionó: hoy hay en marcha varios planes para combatir el extremismo y prevenir que los jóvenes caigan en él.

Un avión que sobrevuela bajo, bajísimo, interrumpe la conversación. Unos segundos que bastan para recordar las 32 personas que perdieron la vida en los ataques kamikazes que golpearon a la terminal que se extiende apenas a cinco kilómetros de Diegem y al metro de Bruselas. Londres, París, Niza... Y ahora los 15 muertos de Barcelona y Cambrils. Akaychouch niega con la cabeza. “Hemos hecho tantos esfuerzos… y ahora otra vez”, dice.

Es consciente de que cuando un yihadista ataca, el primer golpe lo reciben sus víctimas inocentes y el segundo, la comunidad islámica. “Nosotros no tenemos nada que hacer”, recalca, “yo hice mi parte, después le tocaba a las autoridades”.

Estas no facilitan detalles del proceso en curso, tal y como recuerda de manera incansable la Fiscalía Federal belga. También guarda silencio la policía de Vilvoorde, desde donde un agente se puso en contacto de manera informal con un compañero de los Mossos en 2016 para pedir información sobre Es Satty, después de que Akaychouch diera la voz de alarma.

Los Mossos no tenían ningún dato relevante de Es Satty, así se lo hicieron saber al agente belga. Es Satty desapareció apenas tres meses después de haber llegado a Bélgica, en marzo de 2016, y su nombre cayó en el olvido. Hasta el 17 de agosto de 2017.

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