con la cafetería de moncloa o el ramón y cajal

La caída del imperio de Ramiro Jaquete amenaza el rancho de 30.000 militares

La empresa de suministros alimentarios ha sido declarada oficialmente en quiebra al verse entre las cuerdas ante la Justicia

Foto: Ramiro Jaquete, en el centro, acompañado de tres de sus hijas
Ramiro Jaquete, en el centro, acompañado de tres de sus hijas

El monopolio de contratos de suministro para las administraciones públicas en España en manos de Ramiro Jaquete ha llegado a su fin. La empresa de suministros alimentarios que ha abastecido durante más de tres décadas los cuarteles militares de todo el país, las instalaciones de restauración de Moncloa y del Hospital Ramón y Cajal principalmente, ha sido declarada oficialmente en quiebra para alivio y deseo de muchos afectados a los que el empresario había conseguido esquivar.

No ha sido de forma voluntaria sino al verse entre las cuerdas ante la Justicia. La empresa Ramiro Jaquete SA, que sirve más de 30.000 comidas al día en centros militares, se llevará a concurso necesario por orden del Juzgado de lo Mercantil número 2 de Madrid, con unas deudas superiores a los 40 millones de euros. ““El hecho confirma la denuncia que llevamos haciendo sin que nadie nos escuchase desde hace más de dos años”, explica a El Confidencial la responsable de hostelería en Comisiones Obreras Fabiola Guerra.

La red de amigos que hicieron posible el imperio de Jaquete empezó a tejerse en la planta baja de un mercado de Madrid. En el almacén de productos cárnicos escondido bajo los puestos de venta al público, Ramiro echaba las horas conversando con los clientes para cerrar acuerdos prometedores. Lo hacía entre corte y corte de pieza animal y a espaldas del resto de carniceros que trataban de sacar su negocio adelante en los mostradores de la planta principal del mercado. Ramiro Jaquete había nacido en Villayón, una comarca de 1.500 habitantes al norte de Asturias en el seno de una familia de nueve hermanos y, estando en Madrid, lo de quedarse en su mostrador atendiendo a clientes como el resto de carniceros era poca cosa para él.

Uno de los camiones de Ramiro Jaquete S.A.
Uno de los camiones de Ramiro Jaquete S.A.

Su instinto empresario, que había heredado de su padre también carnicero, ayudó para ir escalando. Su fortuna -humilde comparada con lo que más tarde llegaría a crecer- germinó en los años 80 cuando se convirtió en el principal distribuidor de carne de los cuarteles militares españoles. La prueba de fuego llegó hace ya más de una década cuando el servicio de suministros del Estado Mayor se externalizó, que forzó la evolución de su negocio. Ramiro Jaquete S.A amplió sus servicios e incorporó el cátering no solamente para los estómagos de los militares sino también a los usuarios de las cafeterías y restaurantes de Presidencia del Gobierno y hospitales como el Ramón y Cajal de Madrid.

Tres décadas después, en estas instalaciones, más de un centenar de trabajadores agrupados bajo el amparo de Comisiones Obreras han denunciado en sucesivas jornadas de huelga retrasos en el cobro de los salarios, que cuando llegaban eran en metálico.

La fortuna recaudada entre institutos públicos, centros penitenciarios, ministerios, universidades y hospitales del conocido como ‘rey del rancho’ ha tenido como base desde los noventa un polígono en Tres Cantos. Como adelantó este periódico, en los cuatro últimos años, y solo con el Ministerio de Defensa, ha conseguido 11 millones gracias a 186 licitaciones, al tiempo que gestiona algunas de las cafeterías más concurridas del país, como las del hospital Ramón y Cajal o la de la mismísima Presidencia del Gobierno, en el palacio de la Moncloa. Según las cifras del grupo, Ramiro Jaquete S. A. cuenta en estos momentos con 3.000 empleados que sirven más de 30.000 menús diarios en seis provincias de España.

Pintadas en la puerta de acceso a una de las cafeterías del Hospital Ramón y Cajal. (EC)
Pintadas en la puerta de acceso a una de las cafeterías del Hospital Ramón y Cajal. (EC)

“Lo que pasaba es que cada vez que uno de mis trabajadores iba a descargar la mercancía me llamaban diciendo que se había cruzado por la carretera con el vehículo de Jaquete”, explica Andrés Narváez, uno de los afectados por convertirse en competencia del magnate sin previo aviso. Narváez lleva transportando carne desde 1992. En 1999 creó su propia empresa, Porkytrans, y también se hizo con unos cuantos contratos con la administración para distribuir productos cárnicos, sin ningún problema hasta que se convirtió sin saberlo en la competencia de Jaquete. “Cuando llegábamos para descargar a los cuarteles los funcionarios nos decían que no querían los productos y nos abrían un expediente sancionador por cualquier motivo”, recuerda decaído Narváez.

El punto de inflexión en el declive de la estrategia del asturiano se remonta al momento en que cedió la gestión de su empresa a sus hijas Carmen, Mecedes y Ana. Aunque siempre estuvieron implicadas en el negocio familiar, los trabajadores no olvidan que a partir de ese momento fue cuando dejaron de cobrar. Incluso llegaron a denunciar agresiones físicas por parte de la empresa -CCOO les ha llevado dos veces a los tribunales por este motivo- o haber encontrado ratas y cucarachas en los comedores por falta de fondos para desinfectarlos.

“Lo que ha pasado con este señor ha sido un juego intencionado con mala fe por parte de la Administración", denuncia Narváez con cansancio en la voz. Y añade: "Fue insoportable y solo espero que se nos devuelva el dinero perdido y podamos lavar nuestra imagen demostrando que todas las denuncias que hicimos en su momento eran verdaderas”.

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