entrevista

"Hay un gran espacio a la derecha del PP, pero nadie ha sabido aún cómo ocuparlo"

"Existe un electorado insatisfecho que puede llegar al millón de personas: sensibles al patriotismo radical y contra la inmigración", explica el historiador y politólogo Xavier Casals

Foto: Manifestación en Barcelona convocada por Democracia Nacional, Falange y Movimiento Católico Español. (EFE)
Manifestación en Barcelona convocada por Democracia Nacional, Falange y Movimiento Católico Español. (EFE)

Mientras Marine Le Pen le competía la presidencia de Francia a Macron en la segunda vuelta de las elecciones, Vox (el partido con mayor proyección más afín al Frente Nacional) lograba 40.000 votos en los comicios de 2016. El arco parlamentario no parece dejar espacio para las opciones políticas de este discurso, aunque el politólogo e historiador Xavier Casals llama a la “cautela” sobre su futuro en el estudio ‘La evolución de la ultraderecha en España: claves históricas y territoriales’, publicado por el Real Instituto Elcano, donde analiza la cronología de fracasos de la extrema derecha nacional.

PREGUNTA. Podemos ha abanderado la capitalización del malestar. ¿Por qué la extrema derecha española no hizo lo mismo que la francesa?

RESPUESTA. La extrema derecha tiene dos banderas: el discurso antiglobalización y contra las élites. La afloración de marcas como Podemos ha hecho que el discurso 'antiestablishment' haya encontrado distintos canales para expresarse de modo competitivo. El malestar ya no es un simple voto de protesta sin trascendencia porque en partidos como Podemos ha encontrado una amplia oferta electoral. Además, el tema migratorio no parece tener importancia en la agenda.

P. En su trabajo cita a Carles Castro, que habla de una masa votante de un millón de personas capaz de incrementarse si se recurre a un mensaje crítico con la inmigración.

R. La ultraderecha parece sin oportunidades a medio plazo, pero los barómetros y los resultados electorales indican que hay un electorado insatisfecho, sensibles al patriotismo radical y contra la inmigración. Se impone la prudencia porque estamos en un momento de recomposición electoral y vemos que los nuevos partidos han retrocedido.

P. ¿Intenta Vox ocupar ese espacio?

R. Aparentemente, hay un gran espacio para una derecha a la derecha del PP. Esto se vio en las elecciones europeas, cuando Vox llegó a alcanzar un cuarto de millón de votos pese a quedarse sin eurodiputado. Hay un espacio potencial, pero otra cosa es con qué discurso se articula. No sabemos si será un mensaje centrado en la inmigración, el Islam, un españolismo radical… De momento vemos que ese espacio no se aprovecha.

P. ¿En qué ha fallado este partido?

R. Los mejores comicios para Vox fueron los europeos, con un cabeza de cartel bien conocido para los electores del Partido Popular como Vidal-Quadras. Para las legislativas cambiaron de candidato y tuvieron que hacer campaña para dar a conocer el nuevo liderazgo. El éxito electoral de estos partidos es una estructura de oportunidades, y Vox perdió una muy importante en las elecciones europeas.

El historiador Xavier Casals.
El historiador Xavier Casals.

P. Es decir, que la ultraderecha aún se está buscando.

R. Hay una reconfiguración permanente. Lo que ha ocurrido en las últimas municipales es que, allá donde había despuntado territorialmente [Cataluña y Comunidad Valenciana], ha experimentado un retroceso. Esto no quiere decir que no asistamos a nuevos intentos. Estamos en un momento de cambio político y hay oportunidad, pero también liderazgos poco conocidos. La situación no es nueva.

P. Antes de la crisis parecía haberse llegado a un 'statu quo' del bipartidismo. ¿Por qué no se percibió la llegada de nuevas siglas?

R. Desde Madrid era difícil prever cambios, que han ido viniendo de la periferia. El laboratorio político, o donde emergen más fuerzas, es Cataluña. En las elecciones locales o autonómicas había visos de cambios. Plataforma per Catalunya (PxC) despuntó en las locales de 2003, igual que la CUP. En 2006 apareció Ciudadanos y en 2010 Solidaritat Catalana per la Independència​. Las dinámicas de cambio han ido de abajo a arriba y de la periferia al centro, como Foro Asturiano o Compromís. Desde la capital era difícil ver dinámicas de cambio.

Que exista Hogar Social no provocará un voto de extrema derecha. El voto manifesta unas ideas adquiridas previamente

P. Señala a Barcelona como el polo más permeable para la extrema derecha en España. ¿El proceso de independencia puede fortalecer esta ideología?

R. Por una parte, no. El proceso político en Cataluña ha hecho que predominen dinámicas inclusivas. Lo que interesa, tanto a partidarios como detractores de la independencia, es que todo el mundo se movilice para votar a favor o en contra. Esto ha hecho que los discursos excluyentes desaparezcan de la agenda política. Uno de los factores que explican el declive de PxC es que se había posicionado en el eje autóctono-inmigrantes. Es decir, daba igual sentirse catalán o español, sino ser de casa e ir contra los inmigrantes. Con el proceso independentista, el eje es España-Cataluña, por eso los temas estelares de PxC han quedado al margen de la agenda pública. El discurso de la defensa de España asumido por los grandes partidos deja a la extrema derecha fuera del campo que recorrer.

P. ¿Y el surgimiento de una formación de nacionalismo español radical?

R. Los partidos con representación institucional ya han canalizado esa opción de forma efectiva. De hecho, el CIS recoge en uno de sus últimos barómetros que la independencia es una de las últimas preocupaciones de los españoles.

P. ¿Cree que Hogar Social Madrid logrará articular un partido político que capte al electorado que Vox no ha conseguido?

R. El éxito de la extrema derecha radica en que haya una buena oferta para el electorado. Sin embargo, no hay que confundir la causa con la consecuencia. Si una parte del electorado no había votado a la extrema derecha y ahora sí lo hace es porque hay problemas que no se habían resuelto.

P. ¿Es ese el comportamiento que define como la 'lepenización de los espíritus'?

R. El voto es la plasmación de unas ideas previamente adquiridas. Que exista Hogar Social Madrid no hará que haya un voto de extrema derecha. La 'lepenización de los espíritus' la desarrolla el politólogo francés Pascal Perrineau: si alguien decide dar el paso al espacio político es porque la sociedad ha asumido antes una serie de ideas.

Concentración del colectivo de ultraderecha Hogar Social Madrid, en el barrio de Tetuán. (EFE)
Concentración del colectivo de ultraderecha Hogar Social Madrid, en el barrio de Tetuán. (EFE)

Xavier Pascual razona en su análisis que es "difícil explicar" el fracaso de la ultraderecha en España sin examinar antes su evolución desde la muerte de Franco. El historiador destaca una primera etapa, entre 1975 y 1982, como la del "hundimiento", con el fracaso del golpe de Estado del 23-F y varios episodios criminales en el entorno de Fuerza Nueva, el partido fundado por Blas Piñar.

P. La mitad de los atentados en Madrid durante la Transición fueron reivindicados por grupos de ultraderecha. Ahí marca uno de los puntos que minaron sus opciones de prosperar políticamente.

R. Fueron un elemento, pero no el único. Fuerza Nueva, un partido hegemónico, llegó a tener 300.000 votos. El problema era que nunca tuvo un programa y que no llegó a unificar a todas las tendencias. Fracasó en las urnas y a la extrema derecha solo le quedaba llegar al poder a través del golpe de Estado, que también fracasó. Con las dos vías agotadas, la violencia política criminalizó este espectro y la gente del entorno de Fuerza Nueva lo estigmatizó: el que debía ser el partido del orden y contra el terrorismo iba a ser asociado al partido del desorden.

P. Lo intentó Fraga con su ‘franquismo sociológico’.

R. Fraga impulsó Reforma Democrática, luego cambió y apostó por Alianza Popular. Se pensó que el franquismo sociológico sería un caladero importante de votos, pero la realidad electoral lo redimensionó y le obligó a cambiar. En las primeras elecciones había una competencia de voto muy estrecha porque el electorado de esta tendencia podía elegir entre Fuerza Nueva y otras siglas, como la de Fraga y 'los Siete Magníficos' (antiguos ministros del franquismo). Fraga evolucionó después a la centroderecha para llenar el vacío de UCD. Y vaya si lo hizo.

El fundador de Alianza Popular, Manuel Fraga, en el primer Congreso Nacional del partido. (EFE)
El fundador de Alianza Popular, Manuel Fraga, en el primer Congreso Nacional del partido. (EFE)

P. Gregorio Morán escribe que el franquismo es intelectualmente un páramo. ¿Existe en España una ideología de extrema derecha propia?

R. Aquí lo que ocurre, desde mi análisis, es que la dictadura franquista oficializa el discurso de la extrema derecha de los años treinta y no evoluciona. En cambio, si miramos a Francia u otros países europeos con sistemas democráticos, la extrema derecha tiene que innovar. Asume los discursos de la llamada 'nueva derecha', acepta la lucha en democracia y abandona el racismo y la nostalgia del pasado. Se adaptan. El producto más acabado es el Frente Nacional en 1984 [irrumpe en el Parlamento Europeo con 10 escaños].

P. ¿Qué ocurre aquí mientras?

R. Muere Franco y el discurso es el mismo de los años treinta. No es competitivo electoralmente. Hablamos de un país que vive con intensidad el recuerdo de la Guerra Civil y lo quiere superar, mientras la extrema derecha está invocando volver a las trincheras de 1936. Es una extrema derecha nostálgica del franquismo, pero el franquismo es un régimen personal. Con Franco muerto no se puede establecer un neofranquismo. Se tiene un mensaje poco atractivo para la sociedad de los años 70 y una extrema derecha fragmentada, que lleva a la crisis de este espectro.

La extrema derecha abandona el racismo y la nostalgia del pasado en Francia. En España no avanza su discurso desde el franquismo

P. Aunque logra entrar en el Congreso en 1979.

R. Blas Piñar consigue acta de diputado en esas elecciones [dentro de la coalición Unión Nacional]. En 1982, Fuerza Nueva se hunde en las urnas y se disuelve. Al hacerlo, ya no hay un partido que lo movilice. Deja de haber un liderazgo y se produce un fenómeno generacional.

P. ¿Se rompe en ese momento la continuidad de una formación política de esta tendencia?

R. El sector de militancia de medianas edades que podía hacer de puente entre jóvenes y ancianos se retira de la escena política. El espacio queda fragmentado. Por otra parte, a partir de los años 80 pervive el discurso nostálgico del pasado con otros debates innovadores de la extrema derecha europea. Hay un problema generacional y una coexistencia de discursos, sumado a la falta de liderazgos. Esto hace que no cristalice un partido con posibilidades institucionales.

España

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
21 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios