El final feliz de Martín-Artajo, el 'rey de la City' perseguido por la Interpol
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ESTADOS UNIDOS HA RETIRADO LA ACUSACIÓN CONTRA ÉL

El final feliz de Martín-Artajo, el 'rey de la City' perseguido por la Interpol

Fue el rey de la City londinense y de un día para otro se vio huyendo de la policía internacional. Ahora el exbanquero se plantea una nueva vida lejos de la banca de inversión

Foto: Javier Martín-Artajo saliendo de la Audiencia Nacional en 2013. (Reuters)
Javier Martín-Artajo saliendo de la Audiencia Nacional en 2013. (Reuters)

El 5 de abril de 2012 el financiero Javier Martín-Artajo seguía siendo el rey del mundo. Tenía todo lo que un anuncio de lotería puede prometer: grandes fincas en Madrid y Londres, una familia de postal liderada por Sara, una exmodelo británica con abolengo, y uno de los mejores puestos que se pueden conseguir en la City londinese: jefe de crédito y 'trading' en la banca de inversión JP Morgan. Artajo, de 48 años, no era un ejecutivo cualquiera: manejaba unos activos cercanos a los 300.000 millones de euros y recibía un sueldo "muy destacado", según fuentes del sector, que superaba los 10 millones anuales entre fijos y variables.

Su trabajo consistía, a grandes rasgos, en invertir el beneficio del banco en productos derivados para sacarle rendimientos. Los consiguió. Hasta que las cosas empezaron a torcerse, en la mañana del 6 de abril, las operaciones de la oficina de Artajo le procuraron a la filial de JP Morgan un tercio de su beneficio neto, en torno a 14.500 millones de euros. Artajo se valió de técnicas agresivas basadas en el análisis de diversos modelos de riesgo financiero. Porque el español es, ante todo, un científico, un perfil técnico licenciado en Ingeniería Electrónica por la Pontificia de Comillas (ICAI) procedente de una familia de las que avalan con el apellido. Su tío abuelo, Alberto Martín-Artajo, fue uno de los ministros más destacados de la dictadura franquista: obra suya fueron los pactos con la Iglesia católica y Estados Unidos a comienzos de los 50, que a la postre significarían el fin del ostracismo internacional tras la Guerra Civil y la integración de España en el bloque occidental.

placeholder Alberto Martín-Artajo, exministro de Exteriores, en una visita a La Alcudia en 1954. (EFE)
Alberto Martín-Artajo, exministro de Exteriores, en una visita a La Alcudia en 1954. (EFE)

Javier tuvo una vida fácil y la supo aprovechar. Uno de sus compañeros en ICAI le recuerda como un alumno "brillante, inquieto, nada extravagante y muy centrado en sus objetivos" que siempre estaba entre los mejores de la clase. "ICAI es un lugar competitivo, siempre lo ha sido, porque a menudo es la puerta a un máster en Estados Unidos, que a su vez es la antesala de un trabajo muy bien remunerado. Los estudiantes son ambiciosos y compiten. Y Javier lo hacía sin despeinarse, tranquilo, como si fuese capaz de soportar mucha más presión. Luego demostró que podía", dice su excompañero. De ICAI saltó a Columbia, en Nueva York, donde adaptó su perfil técnico a los negocios a base de MBA. Allí su rendimiento llamó la atención de Lehman Brothers primero y de Commerzbank después, los lugares donde trabajó hasta 2008. Ese año el griego Achiles Macris, su jefe directo en el banco alemán, le confesó que había aceptado una oferta de JP Morgan; le pide que se vaya con él. Artajo acepta.

Su rendimiento durante los primeros años en JP fue tan destacado que surgieron leyendas a su alrededor. Decían de él que era el ejecutivo mejor pagado de la ciudad, que podía hacer inversiones milmillonarias sin consultarle a nadie o que cualquier firma financiera estaría dispuesto a contratarle solo por sus modelos de predicción de riesgo. Es por entonces cuando los niveles de atención y predisposición al lujo de Londres desbordaron a Artajo, explica uno de sus amigos, "y dejó la ciudad para instalarse en una casa de campo en la campiña inglesa, a 50 minutos en coche de la City y a pocos kilómetros de Oxford. A Javier no le gusta el jaleo, es una persona que disfruta trabajando y estando con su familia. Su concepto de fiesta no tiene nada que ver con el que asociarías a un 'broker': él se va con amigos a charlar con una copa en la mano, normalmente de cualquier cosa que no sean negocios (ríe). ¡Sabes que eres su amigo cuando has estado en El Molino!" afirma en relación a la finca El Molino del Chocolatero, cerca de Bujalaro (Guadalajara), una finca familiar que el ingeniero utilizar para desconectar del mundanal ruido.

Aunque por salario era el primero de ellos, Artajo nunca se implicó en el estilo de vida de los 'brokers'

El fatídico 6 de abril de 2012 arrancó con una leve marejada, tal y como nacen los tsunamis. Fue una portada, y no la Fiscalía de Nueva York, la que desató a los perros contra Artajo. Esa mañana 'The Wall Street Journal' abrió con la identidad de la 'ballena de Londres', una figura enigmática que había surgido en los mentideros del sur de Manhattan y que tenía preocupados a los 'hedge funds' de ambos lados del Atlántico. La 'ballena de Londres' era un operador que estaba comprando y vendiendo a un nivel tan poco habitual que distorsionaba los precios en los mercados de crédito. "Estaba comprando masivamente CDS, que son seguros contra impago, lo que puso en alerta a todos los operadores. Es mucho dinero… ¿estos saben algo que nosotros no sepamos? ¿Quiénes son y qué pretenden? Se convirtió en algo capital conocer a ese 'broker', y la sospecha general es que fue la SEC, el regulador estadounidense, el que le dió el chivatazo al WSJ", afirman fuentes financieras desde Londres.

'The Wall Street Journal' desveló que la 'ballena de Londres' era el 'trader' francés Bruno Iksil, uno de los subordinados de Javier Martín-Artajo en JP Morgan.

Posteriormente se supo que este esquema tan agresivo de operaciones respondía a la urgencia de neutralizar las pérdidas que estaba generando la oficina de inversión en los últimos meses. En un informe elaborado por el Comité de Seguridad Nacional estadounidense (PDF), y firmado entre otros por el republicano John McCain, las transcripciones de correos y llamadas telefónicas entre el equipo de Macris y Artajo evidencian que los cargos los intermedios hasta llegar al CEO Jamie Dimon estaban al tanto de las turbulencias financieras que atravesaba el departamento. También que existía cierto consenso, dentro de la oficina de inversión, a la hora de evitar anotar las pérdidas en los libros contables, o al menos retrasar los asientos escandalosos, con el objeto de no alertar a las plantas nobles del banco.

La oficina de Artajo siguió escondiendo las pérdidas bajo la alfombra hasta que Iksil entró en pánico, semanas antes de la publicación del artículo. Iksil llevaba al menos dos meses advirtiendo a sus superiores de que no se estaban haciendo las cosas debidamente. En el informe figura una transcripción en la que Martín-Artajo reprende a Iksil por anotar en los libros una pérdida de 40 millones justo antes de una reunión con sus superiores en la que abordarían cómo gestionar los activos que se estaban devaluando a toda velocidad.

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20-3-12. Transcripción de una conversación telefónica entre Iksil y su superior Martín-Artajo

Con sus jefes era más cuidadoso, sin embargo con su equipo Iksil se mostraba aterrorizado por la situación: "Ya está. Estamos muertos y enterrados. No hay esperanza para nosotros […] Llama a Javier y que te diga cuánto tengo que anotar en el balance de hoy […] Nadie pierde 500 millones sin consecuencias", le escribía a Julien Grout, su 'broker' principal.

Dos meses después JP Morgan despidió a Iksil, Artajo, Grout y Macris al tiempo que forzó la dimisión de otros dos cargos superiores. El banco les acusó de encubrir pérdidas por valor de 2.000 millones de dólares, una cifra que finalmente ascendería a 6.000 millones tras la liquidación del porfolio de la oficina. JP Morgan amenazó con querellarse contra Artajo por falsedad documental, pero finalmente alcanzaron un acuerdo que obligó al español a devolver su sueldo de un año. Lo peor estaba por llegar.

Las puertas del infierno

Si a estas alturas no le ha venido a la cabeza la historia de Sherman McCoy, el personaje creado por Tom Wolfe para diseccionar el mundo financiero en 'La hoguera de las vanidades', ahora puede sumarle también un fiscal con ambiciones políticas. El 9 de agosto de 2013 el fiscal del distrito sur de Nueva York y el FBI lanzaron una orden de caza y captura internacional y extradición contra Martín-Artajo y Julien Grout. Les acusaban de fraude en red, falsedad documental y engaño al regulador norteamericano. La pena potencial era de 95 años de prisión. Iksil se libró porque, tras su despido, estuvo colaborando con el FBI, describiendo una por una todas las operaciones sospechosas que se realizaron en JP Morgan y señalando a los culpables que, según su versión, fueron Artajo y Grout, los trabajadores que tenía directamente por encima y por debajo.

"Fue una pesadilla para Javier. Tuvo que regresar a España corriendo y esconderse. Era un huido, le buscaba la policía, podías ver su cara en la página de buscados de Interpol", explica un financiero muy próximo a la familia, "y, si esto es un golpe en la nariz para cualquiera, imagina para una persona muy recta y preocupada por hacer bien las cosas. Demoledor". Martín-Artajo permaneció dos semanas como un fugitivo en nuestro país, escondiéndose de la Unidad y Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) de la Policía Nacional. No le llegaron a localizar, sino que fueron filtrando, a través de sus familiares, la conveniencia de entregarse voluntariamente a las autoridades y ser juzgado en España, donde sus presuntos delitos implicaban una pena de 15 años. El 27 de agosto a las 9 de la mañana, Artajo y su abogado Juan Barallat se presentaron en la comisaría de Canillas, en Madrid, y fue puesto en libertad a las pocas horas al considerar que no existía riesgo de fuga.

Foto: Matías Cortés

"Estos fueron los peores momentos. Javier estaba asustado, en 'shock' todavía, y tanto él como su abogado esperaban que la decisión sobre su extradición se tomase en el Consejo de Ministros, al ser un asunto político, y los ministros lo derivaron a la Audiencia Nacional. Ahí sí que hubo tensión, porque todos sabíamos que dependía del juez, era una moneda al aire. Tocó Pedraz, gracias a dios, que si toca otro…", relata otro miembro del círculo de Artajo. El 24 de abril de 2015 la Audiencia Nacional denegó la extradición del español arguyendo no haber encontrado pruebas de lucro personal y que de ninguna manera los presuntos delitos se habían cometido en Estados Unidos. También señala que Artajo "tiene arraigo en España" y que considera desproporcionada la pena a la que se enfrentaría, 95 años de cárcel, al ser potencialmente "perpetua o de por vida".

Desde entonces y hasta el pasado martes Martín-Artajo, el banquero internacional, ha vivido recluido en España, dedicando gran parte de su jornada a planificar su defensa legal, siempre con la sombra de la extradición cada amanecer. Dicen que se ha mantenido "ocupado" con "un par de negocios", uno de ellos, una modesta productora de cine, y refugiándose en el deporte y los amigos. También aseguran que, en confianza, Artajo cree haber sido víctima de una guerra entre departamentos de JP Morgan y del impulso medratorio de un fiscal de la ciudad de Nueva York que, como Spitzer o Giuliani, anhela más cuota de poder. "El alcalde quiere la cabeza de un blanco rico en una pica para demostrar que la justicia funciona para todos, y eso le vamos a dar", escribía Wolfe del fiscal que acusó a Sherman McCoy en 'La hoguera de las vanidades'.

El prestigio de Javier fue condenado el día que la prensa publicó su sueldo


E igual que Sherman, se salvó in extremis de la cárcel. Desde el pasado martes Artajo es un hombre feliz. La fiscalía de Nueva York ha retirado la acusación sobre él y Grout al no encontrar pruebas suficientes con las que acusarle de delitos mayores. El entorno de Artajo no piensa igual: "La fiscalía no tenía ni idea, seguramente quería llegar hasta Dimon (el CEO de JP Morgan) a través de Artajo, y así ganarse un ascenso, pero nunca han tenido acceso a tanta información del caso como, por ejemplo, el regulador británico, que estudió la situación y no vio nada irregular". Estas mismas fuentes sostienen que, durante los últimos cuatro años, Artajo se ha sentido impotente, incapaz de ofrecer su versión de los hechos mientras la sociedad, en plena crisis económica, encendía las antorchas contra el nuevo banquero sinvergüenza: "A Javier le condenaron cuando la prensa publicó su sueldo, porque muchas personas creen que ese dinero no se puede generar por una sola persona, como hacia él, sin robar o estafar a alguien en el proceso, cuando de ninguna forma Javier ganaba nada a título personal con esas operaciones", explican.

"Además, nunca se le ha acusado formalmente de nada, no ha podido acudir a un tribunal a dar explicaciones, solo ha visto cómo un rodillo le pasaba por encima y acababa en un minuto con el prestigio que había tardado cincuenta años en construir. Y este es un proceso asimétrico, como sacar la pasta del tubo de dientes; una vez fuera ya no la vuelves a meter". Martín-Artajo, discreto hasta el paroxismo, no ha pronunciado una sola palabra ante la prensa durante todos estos años. Solo en una ocasión, tentado por la revista 'Vanity Fair', estuvo a punto de publicar su versión de los hechos, si bien los abogados frenaron la operación en el último momento. Los mismos que tampoco han contestado a las llamadas de este periódico.

¿Regresará el ingeniero a las finanzas ahora que no pesan acusaiones contra él? "No, no lo creo. Ni creo que él quiera ni creo que el sector lo viera con buenos ojos. Está escarmentado y ahora vive mucho más tranquilo tocando el piano, estando con sus hijos y llevando sus negocios. Salvando las distancias, porque yo no sé si Blesa era culpable de las acusaciones que pendían sobre él, me parecen casos semejantes en cuanto al trato mediático. Los dos han sido condenados por la sociedad y los medios antes que por el juez; han sido sometidos a una presión que no solo es aguda, sino que también es lenta, tan lenta que al final te hace comprender que nada va a volver a ser como antes, que estás marcado en este país de por vida. De repente todos se vuelven locos por atizarte, y cuanto más fuerte mejor, como si toda tu vida hubieras sido un delincuente. No se esperan a ver si tienen o no razón. Blesa asumió esto y prefirió no seguir adelante. Menos mal que Javier, que ha sufrido igual castigo que Blesa, ha mantenido la cabeza fría hasta que ha vuelto a ver la luz", concluyen.

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Javier Martín-Artajo
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