El Arco de la Victoria, en franco deterioro por dentro y por fuera
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81 años después de la sublevación militar

El Arco de la Victoria, en franco deterioro por dentro y por fuera

Algunos monumentos del franquismo siguen en pie, pero su estado es de abandono por el disenso entre las administraciones sobre qué hacer con ellos. El Arco de la Victoria de Madrid es un ejemplo

Hoy, 18 de julio, se cumplen 81 años de la sublevación militar contra el Gobierno de la Segunda República. Uno de los monumentos más importantes que conmemoran el triunfo del ejército encabezado por Francisco Franco es el Arco de la Victoria, de medio punto romano y coronado por la cuadriga de Minerva, diosa romana de la sabiduría y el arte de la guerra. Este arco de 30 metros de altura que se erigió entre 1950 y 1956 está ubicado en una de las entradas del oeste de Madrid. Sigue en pie, pero su estado de decadencia por dentro, por fuera y en sus alrededores resulta llamativo.

Sala de exposiciones del Arco de la Victoria, hoy en desuso. (Carmen Castellón)
Sala de exposiciones del Arco de la Victoria, hoy en desuso. (Carmen Castellón)

Los peldaños de las escalerillas que llevan hasta la plataforma donde se erige el arco están en su mayoría rotos y dispersos por el entorno en medio de miles de pedazos de vidrio de litronas que han sido estampadas contra el suelo. Enseres desvencijados rodean el vestigio, como un sofá verde que debió servir a algún indigente para dormir en días pasados. Sus muros exteriores están recubiertos de grafitis de poco valor artístico y de huellas de meadas. Las dos inscripciones en latín adheridas a sus dos frontispicios exudan óxido hasta hacerlas casi ilegibles.

Para evitar el vandalismo, el acceso a su interior está protegido con dos puertas de hierro que deben desoldarse y soldarse cada vez que se entra. Dos operadores hacen su trabajo para permitir a este diario el acceso a las entrañas del monumento. Soplete más palanca para abrir y luego cerrar.

Un operario suelda el acceso al Arco de la Victoria. (C. Castellón)
Un operario suelda el acceso al Arco de la Victoria. (C. Castellón)

¿Cómo está su interior? Aún más decadente. En los dos pilares del arco hubo en su origen sendos ascensores que llevaban a una sala de exposiciones que albergó una maqueta de la Ciudad Universitaria. Desde hace años, los ascensores no funcionan, solo quedan las reliquias de sus motores y una estructura inutilizada. Los ochos pisos del arco se suben a pie entre grafitis de todo tipo, polvo y suciedad. Eso sí, la vista desde la azotea que culmina Minerva es espectacular: la parte oeste de la capital y la Casa de Campo a sus pies, y todo el relieve de la sierra de Madrid como horizonte.

Su declive es imparable entre la inacción de las administraciones competentes. Otro ejemplo más de la batalla secular entre las dos Españas. Su propietario es el Consorcio Urbanístico de la Ciudad Universitaria de la Complutense de Madrid (UCM), cuyo rector es Carlos Andradas, un hombre de izquierdas. Pero su conservación depende del Consorcio Regional de Transportes de la Comunidad de Madrid, gobernada por el Partido Popular, encargado de esa tarea desde 2006 tras haber firmado un acuerdo para su mantenimiento por el derecho de construir el intercambiador de Moncloa que está bajo el monolito. Y, en tercer lugar, el ayuntamiento liderado por Manuela Carmena también tiene voz y voto porque está en su municipio y es uno de los monumentos sujetos a estudio para aplicar la Ley de la Memoria Histórica.

Fuentes del consistorio madrileño señalan que “toda intervención requeriría de un consenso con la Universidad Complutense y el Consorcio Regional de Transportes”. Un portavoz de esta última institución afirma que intentan mantener decente el exterior, pero que los actos vandálicos se suceden, especialmente obra de ‘skaters’. No ha sido posible hablar con la UCM, propietaria del monumento.

Acceso al ascensor en desuso. (Carmen Castellón)
Acceso al ascensor en desuso. (Carmen Castellón)

A mayor gloria del 'caudillo de los españoles'

Cuando se entra a Madrid por Moncloa, los conductores pueden leer la siguiente inscripción en lo alto del Arco de la Victoria: ARMIS HIC VICTRICIBVS / MENS IVGITER VICTVRA / MONVMENTVM HOC / D.D.D. Lo que significa: “La mente que siempre ha de vencer da, dona y dedica este monumento a las armas aquí vencedoras”. En la inscripción del otro frontispicio se alude al 'caudillo de los españoles' (HISPANORUM DUCE).

Además, dos placas aluden a las letras primera y última del alfabeto griego —alfa y omega—, y sobre ellas están los números romanos referidos a 1936 y 1939.

La inscripción oriental alude al 'caudillo de los españoles'. (M. G. R.)
La inscripción oriental alude al 'caudillo de los españoles'. (M. G. R.)

Cuando en 1942 el arquitecto Modesto López Otero recibió el encargo de su planificación, el proyecto buscaba ensalzar el triunfo del bando nacional en la Guerra Civil.

Es una mala imitación del Arco de Triunfo de París, pero no goza del consenso político y social que goza aquel”, explica José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo. El de París fue erigido para evocar la victoria de Napoleón en Austerlitz en 1805.

El arco sufre cierre por defunción, nadie quiere hacer nada, las administraciones se pasan la patata caliente

Por su parte, Mirta Núñez Díaz-Balart, historiadora de la Universidad Complutense, afirma que “es un monumento de clara exaltación de un golpe militar y construido por presos reclutados por el Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo”.

Qué hacer con ello en una España irreconciliada

El estado de abandono del Arco de la Victoria se debe a que ninguna Administración ha asumido aún la responsabilidad de darle una solución. Las tres alternativas que se valoran son su derribo, su resignificación como un lugar de memoria de los represaliados o que se restaure y se mantenga su significado tradicional.

“El arco sufre cierre por defunción, nadie quiere hacer nada, las administraciones se pasan la patata caliente”, dice el historiador Antonio Ortiz.

Sin embargo, el Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid, creado en abril de 2016 para hacer cumplir la Ley 52/2007, sí hizo a comienzos de este año una propuesta en firme. Básicamente, consiste en resignificar el monumento dándole el nombre de ‘Arco de la Memoria’, acondicionando mejor su exterior para hacerlo fácilmente accesible y usar su interior para ubicar una exposición permanente sobre el Madrid de la Guerra Civil. Fuentes del Consistorio afirman que se le quiere “dar un nuevo significado, a ser posible antónimo del que tuvo en su origen, apostando por ensalzar la paz y los derechos humanos”.

No me gustaría que fuera un monumento dedicado a todas las víctimas, las equidistancias no forjan una democracia

Pero Antonio Ruiz, historiador y simpatizante de Izquierda Unida, critica la posición del ayuntamiento por ser equidistante con víctimas y verdugos. Se expresa con rotundidad: “Pondría un monumento a las personas que fueron fusiladas por el franquismo. usando las nuevas tecnologías y recurriendo a los grandes historiadores que hay en España. Pero también se podría tirar y no pasaría nada. No me gustaría que fuera un monumento dedicado a todas las víctimas, las equidistancias no sirven para forjar una democracia”.

Por su parte, Martín Pallín explica que está “de acuerdo con mantener los vestigios que tengan cierto valor artístico y arquitectónico como el Arco de la Victoria". Pero este magistrado emérito del Tribunal Supremo agrega: “En este caso, pondría una placa explicativa en la que se informe de forma llamativa a los visitantes que es un monumento de exaltación de un régimen genocida y exterminador”.

'Arco de la Victoria'. Acuarela de M. López Otero y P. Bravo, 1946. (UCM)
'Arco de la Victoria'. Acuarela de M. López Otero y P. Bravo, 1946. (UCM)

Este diario ha hablado con otros historiadores, políticos y activistas que apuestan por la restauración y resignificación de la obra franquista. El director de la Asociación de la Memoria Social y Democrática de España, Jaime Ruiz, relata que plantearon a la Universidad Complutense crear un equipo multidisciplinar para hacer una reinterpretación histórica, arquitectónica y urbanística del Arco de la Victoria y así explicar los acontecimientos de la guerra en Madrid, pero no fraguó. “No es posible que se mantenga como monumento de exaltación de una dictadura que ofende a cualquier ciudadano democrático, debemos hacer una labor pedagógica para que el patrimonio histórico quede reservado para mensajes que abogan por la convivencia”, dice Ruiz.

Interior del Arco de la Victoria. (Carmen Castellón)
Interior del Arco de la Victoria. (Carmen Castellón)

Pero no todas las fuentes consultadas abogan por el cambio de significado, antes al contrario. “Nos gustaría que se restaurase y que se mantuviera como está”, sostiene Gonzalo Fernández de la Mora, presidente de la Fundación Nacional Francisco Franco. “Si vemos que el ayuntamiento lo intentara resignificar, litigaríamos porque actúan por motivos políticos y no tienen capacidad para litigar de manera profesional porque en sus decisiones predomina la política sobre la ley”, añade Fernández de la Mora.

En la misma línea se expresa el historiador Pío Moa, quien tacha de “totalitaria y prochequista” la Ley de Memoria Histórica. “El Arco de la Victoria debe repararse y dejarlo como lo que es: el recuerdo de la victoria de quienes defendían la unidad nacional, la cultura cristiana, base de la europea, la propiedad privada… Sobre quienes intentaban disgregar España e imponer un totalitarismo de tipo soviético”.

Entretanto, al margen de la inacción de las administraciones y de las valoraciones de la España bipolar, caminen con cuidado si visitan el entorno hostil del Arco de la Victoria.

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