obtuvo finalmente 1.190 votos

Susana Díaz solo gana en Andalucía, encaja una dura derrota y se refugiará en la Junta

La líder andaluza cosechó menos votos que avales y las urnas revelaron todas las debilidades que señalaron sus adversarios políticos. Con ella pierden los barones y los históricos del PSOE

Foto: La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. (EFE)
La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. (EFE)

Susana Díaz no esperaba su derrota. "A mí no me gusta perder ni al parchís" o "tengo ganas, tengo fuerza, tengo ilusión", repitió miles de veces. No fue suficiente. En su equipo confiaban en que iban a ganar por la mínima. Había señales de alarma, pero no las vieron. Despreciaron la gravedad de los diagnósticos que no la daban por vencedora. Despreciaron el dolor de la militancia por la abstención al PP y pecaron de ponerse de perfil y no explicar ni dar razones.

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La venda que han tenido en su candidatura ni siquiera se cayó cuando Pedro Sánchez se confirmó como secretario general. Ella salió sin mencionar el nombre de su adversario, se puso a disposición del partido y apenas rozó levemente la mano del flamante ganador cuando la prensa pidió un saludo o un abrazo que inmortalizar. Ni olvido ni perdón, parecía decir con sus gestos.

No mostró debilidad pese al palo que encajó en las primarias. Sus colaboradores subieron a arroparla cuando tomó la palabra. Díaz sacó pecho por su triunfo en Andalucía, la única comunidad autónoma, la única, donde se impuso frente a Pedro Sánchez. En el resto de territorios, perdió. "Quiero agradecer de manera especial a los compañeros que me han apoyado y que en Andalucía lo han hecho de manera importante, en un 64%, porque son los que conocen de manera más cercana las políticas socialdemócratas de nuestro Gobierno". "Parece que no se entera y que no ha habido cura de humildad", ironizó un crítico andaluz.

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La presidenta de la Junta de Andalucía obtuvo finalmente 1.190 votos menos que avales presentó y perdió en todos los territorios, a diferencia de lo que ocurrió en esa primera ronda. Todas las debilidades que subrayaban de Díaz sus adversarios se cumplieron. Se confirmó como la candidata del aparato y del 'establishment' socialista. Pedro Sánchez le dobló el pulso con 10 puntos por encima en el escrutinio y 15.182 votos más.

Hay fractura norte-sur

El objetivo de Díaz, lo que esperaban sus colaboradores cuando arrancaron estas primarias, era conseguir en España el resultado que obtuvo en Andalucía, con un 63,16% de votos frente al 31,66% de Pedro Sánchez y el 5% de Patxi López. Esa era la proyección anhelada. Lo que esperaban celebrar esta noche en Ferraz. Nada más lejos de la realidad. Se confirma que Díaz no gusta de Despeñaperros para arriba. Que no se la entiende fuera de Andalucía y de la militancia del PSOE andaluz. Que la fractura norte-sur que sus afines se han dedicado a negar durante meses existe con su figura política. La goleada que encajó en Cataluña fue importante, pero no decisiva en su derrota. Perder en todos los territorios de España menos en Andalucía no entraba ni en sus peores pronósticos.

A la presidenta de la Junta le sobró soberbia a la hora de hacer sus pronósticos. Fue sobrada. El peor error, señalaban los suyos, estuvo en los siete meses en blanco que pidieron a la gestora para enfriar los ánimos. "Fue un error de manual", admitió un dirigente andaluz. En esas semanas, lejos de amainar, la tormenta se convirtió en perfecta para Pedro Sánchez, que se erigió como la víctima y llegó a las primarias en volandas de la militancia.

Y sí, hubo lo que los sanchistas llamaban voto oculto. La presión de los dirigentes del PSOE para que los militantes firmaran avales por Díaz no consiguió llenar las urnas con votos secretos. El voto es libre, el aval cautivo, han repetido hasta la saciedad los sanchistas. La estrategia de Díaz fue pisar el acelerador en aquellas comunidades donde los barones socialistas no habían conseguido los objetivos en avales para conseguir revertir la situación con los votos. No funcionó. Ni Guillermo Fernández Vara en Extremadura, ni Emiliano García-Page en Castilla-La Mancha, ni Javier Fernández en Asturias, ni Ximo Puig en la Comunidad Valenciana, ni siquiera Javier Lambán en Aragón, con un resultado, eso sí, menos doloroso. Queda claro que los líderes territoriales no tenían el diagnóstico acertado del partido y de los militantes en sus territorios

Susana Díaz no estuvo sola en esta derrota. Para uno de sus máximos colaboradores, Máximo Díaz Cano, que en sus filas es señalado como el cerebro de la operación, es la tercera derrota en unas primarias tras asesorar a José Bono y Carme Chacón. Pero detrás de quienes la han acompañado recorriendo miles de kilómetros por España estaban los históricos. La derrota de Díaz es también la de Alfredo Pérez Rubalcaba y José Luis Rodríguez Zapatero, la de los referentes Felipe González y Alfonso Guerra. Todos salieron en tromba, algunos más y otros menos convencidos de la idoneidad de la andaluza y de su madera de líder nacional, pero todos conjurados para evitar que Pedro Sánchez, al que describían como un líder voluble, sin convicciones ni principios, se hiciera con el puente de mando en Ferraz.

Los resultados de las primarias muestran un 31% de contestación en Andalucía, justo la misma que tenía su antecesor, José Antonio Griñán¿Y ahora qué? Seguirá como presidenta de la Junta de Andalucía, eso por descontado. Primero porque ganó las elecciones y segundo porque ha ganado entre los militantes con rotundidad. Pero lo va a tener mucho más complicado. Los resultados de las primarias muestran un 31% de contestación en Andalucía, justo la misma que tenía su antecesor, José Antonio Griñán, y que ella ha utilizado para hablar de que heredó una situación "terrorífica".

Habrá que ver cómo digiere lo ocurrido y cómo evolucionan las relaciones con Sánchez. Ahora mismo es difícil imaginarla, por ejemplo, pidiendo el voto en unas generales para su adversario. Que el PSOE andaluz, la federación más importante en militantes, no esté con Sánchez es un problema para ambos. Ella puede optar por volver al Palacio de San Telmo y dedicarse a gobernar Andalucía, alejada de la vida orgánica y de Ferraz. O puede seguir en su atalaya andaluza para volver a repetir el guion y hacer de contrapeso del líder. Ya lo pronosticó Sánchez en la campaña de las andaluzas: "Susana, tú a San Telmo y yo a La Moncloa". A ella le sentó muy mal pero, dos años más tarde, parece que su futuro no será otro.

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